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Santuario

sabOres

8 de diciembre

Hoy se celebran en todo el mundo dos grandes acontecimientos: la Iluminación del Buda y la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

Dos acontecimientos, dos símbolos vivos que transmiten un único proceso, una única actitud ante la vida que se concreta en esos hechos como ejemplos para el Hombre. Siddharta Gautama, el que había decidido no levantarse de su contemplación hasta morir o descubrir la realidad, se topa con el Misterio, algo que no puede entender con el raciocinio, pero SE FÍA, y entonces saborea lo que hay (pues la Sabiduría siempre es sabOr, más que sabEr), es Iluminado. La Virgen María, ante el anuncio de que va a concebir al Hijo de Dios, tampoco comprende semejante Misterio. "No entiendo, pero HÁGASE". Y entonces el Espíritu puede concebir en ella (ejemplo vivo para el ALMA) al NIÑO que ha de nacer (también en nosotros).

Oh, la FE, esa divina facultad del Hombre, que le permite verificar la naturaleza propia, aquello que le hace HUMANO.

Resuena en mí el poema de Rumi. Sirva de canto, desde este barco y desde este Santuario, en honor al Misterio que es y está en todas las cosas, en este día tan especial:

EL AMADO ESTÁ EN MÍ

Oh alma mía,
he buscado de un confín a otro
y no hallé en ti nada
que no fuera el Amado.

No me llamas infiel,
oh alma mía, si te digo que tú misma
eres Él.

Oh vosotros que andáis
a la búsqueda de Dios:
no es necesario desplazaros
porque Dios es vosotros.
¿Por qué vais tras algo de lo que jamás carecísteis?
Sólo vosotros sois,
pero, ¿dónde,
ah, dónde sois?

Rumi.

Empecemos

Pues los comienzos están siendo muy agradables, por lo sugerente que me parece este medio, por la ilusión que he puesto al zarpar, y por la amable acogida que una reciente amiga, Mujerárbol, me ofrece en su blog. He puesto su enlace a la derecha.

La verdad es que, ahora mismo, no se me ocurre mejor manera de empezar el viaje de esta nave que con los versos de Homero:

Musa, dime del hábil varón que en su largo extravío,
tras haber arrasado el alcázar sagrado de Troya,
conoció las ciudades y el genio de innúmeras gentes.
Muchos males pasó por las rutas marinas luchando
por sí mismo y su vida y la vuelta al hogar de sus hombres,
pero a éstos no pudo salvarlos con todo su empeño,
que en las propias locuras hallaron la muerte. ¡Insensatos!
Devoraron las vacas del Sol Hiperión e, irritada
la deidad, los privó de la luz del regreso. Principio
da a contar donde quieras, ¡oh diosa nacida de Zeus!

(Homero, Odisea, I, 1-10)

Hagamos, pues, de esta bitácora y de este viaje, algo bello. Esperando ser bañados por "la luz del regreso".