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sabOres

Para acabar, un poema

Un poema de William Wordsworth:

LAS MESAS SE VOLCARON

¡Arriba!, ¡arriba!, amigo mío, y aclara tu mirada,
¿por qué afanarse y preocuparse tanto de ese modo?
¡Arriba!, ¡arriba!, amigo mío, y deja tus libros,
porque en otro caso te habrás de volver doble.

El sol sobre la cima de la montaña,
un suave lustre fresco,
por todos los largos campos verdes ha extendido,
su primer amarillo dulce de la tarde.

¡Libros! es un pugnar aburrido y sin fin,
ven, escucha el verderón del bosque,
cuán dulce es su música; por mi vida
que hay más sabiduría en él.

¡Y escucha! ¡cuán alegre canta el tordo!
Y no es predicador mezquino;
acércate a la luz de las cosas,
Deja que la Naturaleza sea quien te enseñe.

Tiene un mundo de riquezas preparadas,
para bendecir nuestros pensamientos y nuestros corazones-
sabiduría espontánea que se respira con salud,
verdad inspirada con alegría.

Un impulso del bosque primaveral
puede enseñarte más del hombre;

de la moral del bien y el mal,
que todos los sabios reunidos.

Dulce es el conocimiento que trae la naturaleza;
nuestro intelecto asombrado
desfigura las formas hermosas de las cosas;
-asesinamos para poder ser minuciosos.

Basta de ciencia y de arte;
cierra esas hojas yermas;
ven aquí, y tráete un corazón
que contemple y que reciba.

Gota a gota

reVolución o Vendetta... ¿Vino o Veneno?

Lluvia sigue percutiendo. (Gota a gota repercute.) Ritmos de fin de ciclo acelerado. Paso a paso viene el día de luna con blanca vela. Gateando. Goteando. Nueva singladura, jarro de agua fría.

¿Sigues ahí, planetaria poesía? ¿Dormitas en gruta o respiras en cada gota?

Ecos percusivos en mi mente agarrotada. V de Vendetta, momentos estelares: Dios vive en la lluvia. Grito en cada gota que golpea en mi aturdida melopea. Y al final, lo único que queda es el amor. Si no, nada.

Gota, gota, horada la piedra, o apedrea la hora, como gustes.

Plip, plop

Pasó la Procesión del Santo Entierro y el cielo parecía romperse. El ciclo se repite y los ritmos rituales saludan a la Primavera y acompañan al misterio en su símbolo de muerte y resurrección. La semana que viene, otros ritmos (más saturnales que cristianos) se sumarán inconscientemente al rito. Al final, el hombre siempre manifiesta de formas nuevas su necesidad de participar de la Naturaleza.

La lluvia repiquetea contra mi ventana. Algo querrá decirme.

Vía Spaceman he dado con una interesante explicación audiovisual de 2001, la obra maestra de Kubrick. Otro símbolo de la muerte y la resurrección. Del hombre viejo al hombre nuevo, del hombre racional al niño de las estrellas.

Sigues ahí, gota y gota y gota. Pequeñas estrellas listas para explotar como palomitas de maíz. ¿Supernovas de consumo rápido? O rocío sobre vidas enjoyadas de belleza. Poesía, dame un beso. Baila conmigo, lluvia.

Los reyes nos han engañado

Los reyes nos han engañado

Los reyes nos han engañado. Montañas de coronas manchadas de sangre refulgen en el río de la Historia. Cegados, pisoteados, duermen los hijos de los hijos de los hijos de Adán. Y de Eva. El macho de la manada se ciñó el oro y la espada y quiso atar al Misterio con un nombre que le diera poder. El hijo de los dioses puede hacer lo que le venga en gana. Su voluntad es la voluntad del cielo. ¡Mentira! El diablo se vistió de ángel de luz. Los esclavos de la codicia encadenaron a los hijos libres del cielo y de la tierra y proclamaron la divina naturaleza de su poder. Mentiras ensangrentadas del Rey Carmesí.

Escuchad, poderosos de la Tierra: no sois mejores que los demás. Se me saltan las lágrimas de rabia y tristeza mientras lo grito al viento. La corona os otorga un solo privilegio: ser lo más bajo de entre lo más bajo. La sangre derramada durante las innumerables eras del hombre pesan sobre vuestras cabezas. ¿Cuándo os veréis libres de tamaña carga?

Escúchame, hermano. ¿Crees en el día venidero? Un día de campos floridos para siempre... El día de la libertad, de la hermandad. Sin ríos de sangre de utopías y horror. Sólo la verdadera paz en el eterno presente. Ha de venir; me lo dice la pena cósmica de origen desconocido. Algo vibra y es heraldo y esperanza. El Espíritu gime y gime y gime con dolores de parto. ¿Crees que últimamente anda callado? Trabaja en silencio.

Amor(¿es?)

EL TERRÓN DE BARRO Y EL GUIJARRO

«No busca el amor a sí mismo complacerse,
ni por sí mismo tiene algún cuidado,
mas es por otro por quien su alivio concede,
y un cielo construye en la desesperación de un infierno.»

Así cantó un minúsculo terrón de barro
pisoteado por los cascos de las vacas;
mas un guijarro del arroyo
murmuró cantarín estos metros adecuados:

«El amor busca tan solo a sí mismo contentarse,
a otro encadenar a su deleite,
se alegra con la pérdida del contento ajeno,
y un infierno construye al ultrajar al cielo.»


William Blake.


¿Soy un terrón que sueña que es un guijarro soñando con ser terrón? ¿O no soy ni barro ni piedra? ¿O las dos cosas y ninguna? El terrón es sabio. ¿Es sabio o simplemente es? ¿Y el guijarro cantarín? ¿Es sabio o se engaña? ¿Y cómo saber quién de los dos se engaña? ¿Y si no hay ni verdad ni mentira? ¿Acaso no están hechos el terrón y el guijarro de la misma sustancia?

Es lunes

Don Quijote ha muerto. Larga vida a don Quijote, flor y espejo de la andante caballería.

Quisiera irme a Islandia algún día, aunque no sé muy bien para qué. Bueno, algunas ideas raras tengo: visitar el Dimmuborgir, aprender la lengua de Snorri Sturluson (para qué, ¿para leer las Eddas en la lengua original?; anda que no tiene gracia la idea), asistir a un concierto de Falkenbach (curiosa idea también, ya que Vratyas Vakyas, único integrante de la banda de viking metal, vive en Alemania), buscar la entrada al centro de la tierra con el libro de Verne en el bolsillo y alguna cosa más que espero descubrir allí. Sorprendedme, dioses (y diosas) del norte. (Ahí, ahí, en el "sorprendedme", está el meollo del asunto, creo. En fin, ya encontraré alguna buena razón para justificar la nada razonable y creciente atracción que siento por los países escandinavos.)

Desde que leyera Temblor de Rosa Montero (años ha) quedó un sabor agradable y ganas de más. Cuando Góngora, Quevedo y los demás muchachos de la BBB (Baroque Blues Band) me dejen un respiro, acometeré la fazaña de leer su Historia del rey transparente en tiempo record antes de pasar al teatro de Lope o lo que toque. ¿O no? Ya veremos, pues aún tengo a la cola otras cosas, como Hamlet, que me gustaría leer antes de ir a ver la obra al teatro (nota mental: punto esencial: la compañía). Sea cuando sea, ahí te tengo, Rosa. No me olvido de ti. Y menos con esa mirada-sonrisa tan fantástica que tienes. Y menos habiendo oído que te interesaste por el Manifiesto. Y menos habiendo oído asimismo que te desvinculaste de él. Y es que eso tiene un punto interesante, que el Espíritu va y viene y se va adonde quiere y como le va en gana, como el viento, y no para en textos ni en manifiestos si no es para gastar alguna broma que luego alguien se toma en serio. Libertad, divino sueño que el viento vive como única realidad.

Por cierto. Según la entrada de Dimmu Borgir (el grupo musical) en Wikipedia, "El Dimmuborgir es una localización al este de Mývatn en Islandia. Esta zona está marcada por actividad volcánica que hace que parezca una antigua ciudadela, con columnas y humo sulfúrico. En el folklore de Islandia se dice que Dimmuborgir conecta las regiones infernales con la tierra."

Ya sé por dónde empezar a buscar el Centro, amigo Julio. Pero, como comentó otro amigo mío (éste aún vive y además lo veo a menudo) el otro día, viajar es interesante ante todo y quizá únicamente por la compañía. Ya lo dije. El punto esencial. Aunque tal como yo lo veo, en soledad también se da una compañía muy especial, una relación directa entre el que mira y lo mirado, el que vive y lo vivido. Sobre todo, cuando el paisaje es nuevo. Y, si Dios quiere, que desaparezca la separación, pues no hay más que acto de mirar y vida. (Ojo, que te vas por los cerros...) Pero, ah, la compañía. Sí. Punto esencial, lo mires como lo mires. (Voz al viento): ¿Quieres venir conmigo a Islandia a hacer no se sabe muy bien qué?

Me gusta viajar solo, de todas formas. Así que, oh, viento, puedes sentirte aludido. Llévame por ahí, que me pongo guapo.

Juego

Allí fuera, el mundo se tambalea. Pero no importa. Porque AQUÍ Y AHORA, cada instante nace una supernova. Nada le falta al momento presente.

Mientras unos niños se emborrachan para olvidar que la vida duele, otros niños, aún con cuerpos infantiles, juegan en el parque. Para ellos, todo es puro juego. La vida juega a nuestro alrededor. Sin reglas, sino sólo el amor. Pájaros y árboles de nombres ignotos, sonrisas, miradas, conversación, respiración.

¿Quién dijo que hoy no brilla el sol? Sigue caldeando. Aquí, ahora, bien presente en nuestros corazones.

¿Jugamos?

Montañas...

Montañas...

[melancholic mode on]

Echo de menos las montañas. Echo de menos mi hogar norteño acunado por montes, cielo y bosques. Espacio salvaje donde los dioses juegan a los dados con los corazones de los hombres. Allí donde vive cada piedra y canta cada árbol. Allí donde a veces un dios, o una diosa, o un sol, o una luna, brillan como fuegos fatuos en nocturno ritual de amor furtivo. Estallan corazones en mi pueblo montañés; gobiernan Afrodita y Dioniso.

La sencillez, la libertad, la vida totalmente otra que es la vida en las montañas. La magia. La luz y las sombras. Y el sol y la luna y las estrellas y los ojos de las muchachas enamoradas.

Y siento vivamente que si no vivo eso, no vivo. ¿Dónde está aquella luz, aquella prosa poética que era la savia de cada día, aquella maravilla, aquel suspiro interminable, aquella energía inagotable? Aquí, en las horas oscuras de este pequeño mundo tecnificado, sólo veo soledad, ciudad, muerte, tristeza, añoranza. Apenas un reflejo marchito de lo que fue aquella supernova que destruyó murallas e iluminó el universo durante un tiempo tan hermoso, pero tan breve...

Quiero vivir contigo, cabalgando supernovas para siempre.

[melancholic mode off]

Escenas de una obra inconclusa

Escenas de una obra inconclusa

[I]

En aquel momento, vislumbré el abismo al que me había arrojado. "Ya está", me dije. "La he cagado." Encendí un cigarrillo y fruncí el ceño al notar el desagradable sabor del humo. No fumaba desde hacía meses. Mientras la combustión hacía su trabajo y nicotina y alquitrán llenaban el vacío de mis pulmones, pensé: "No hay marcha atrás". En efecto, el miedo se instaló en mis vías respiratorias y el humo ocupó el espacio de mi mente; un mundo estalló en mil pedazos y no pude reconstruirlo con los escombros.

Quizá vaya siendo hora de apagar el cigarrillo.


[II]

"La vida es maravillosa". Lo dijo el hombre de pelo cano con mirada risueña. Como respuesta guardé silencio. En realidad, sentía ganas de espetarle: "¿Ah sí? Pues tal como yo lo veo ahora, la vida es una puta mierda". No sé si el hombre de pelo cano hablaba desde cierta experiencia real de lo que decía o si estaba en una nube. Es verdad que la vida es una maravilla (me fío, lo acepto aunque mi mente ponga reparos), pero lo que yo, persona singular, experimento durante la tormenta es miedo, confusión, angustia, dolor. De poco me sirve que me digan que la vida es maravillosa cuando me están pinchando y duele. Hasta que llegue el momento en que vea la maravilla en lo que me gusta y en lo que me disgusta, el sufrimiento es una jaula que no me deja respirar.


[III]

El chico pesado que me daba dolor de cabeza adoptó un aire serio mientras sostenía un cigarro especial entre los dedos. "Hay ocasiones en que uno tiene que decir... ¡a tomar por culo!... y pensar en sí mismo".

Qué razón tenía el chico pesado que me daba dolor de cabeza, aun con cigarro especial entre los dedos.


[IV]

Es lo que había estado gritando en silencio desde hacía tiempo. "Fuego, camina conmigo". ¿Qué es lo que encontré? Fuego. Encendí el pitillo y ya me está quemando los dedos. Decidimos abandonar la seguridad de nuestros reinos para vivir la aventura de Troya; las naves están ardiendo en la playa. Coge una espada y pelea, muchacho. Poco importan las murallas de Ilión; baja de las nubes, siente el calor de la tierra. Abrirte camino entre la batalla es tu única opción. Que no te pisen mientras te lamentas por reinos perdidos y ciudades soñadas. Suelta todo el humo y respira aire fresco. Camina sobre las cenizas que dejó el fuego. Y no mires atrás.

No mires atrás.

A las Parcas

A las Parcas

El caballero y la Muerte, en El Séptimo Sello (1957), de Ingmar Bergman.


Ven, amigo. Sube al escenario y canta en este día de oscuridad. Con todos ustedes, el maestro Friedrich Hölderlin:

A LAS PARCAS

Dadme un estío más, oh poderosas,
y un otoño, que avive mis canciones,
y así, mi corazón, del dulce juego
saciado, morirá gustosamente.

El alma, que en el mundo vuestra ley
divina no gozó, pene en el Orco;
mas si la gracia que ambiciono logra
mi corazón, si vives, poesía,

¡sé bien venido, mundo de las sombras!
Feliz estoy, así no me acompañen
los sones de mi lira, pues por fin
como los dioses vivo, y más no anhelo.


La versión es de Otto de Greiff, en A media voz.

Jazz

Jazz

Hoy ha sido un día primaveral en todos los sentidos. Las hormonas aumentando revoluciones, el sol caldeando el espíritu, la ciudad despertando poco a poco al fin de semana. Inesperadamente, he acabado la noche en un local de jazz que no conocía. A decir verdad, era la primera vez que entraba en uno. Una gran sala repleta de mesas, un escenario con cuatro músicos con cara de felicidad absoluta, público concentrado, con el gozo llameando en la mirada. Imagino la proverbial nube de humo que acompañaría a la música si hubiera más gente. Aplausos, alguna ocasional voz clamando "de puta madre" sin desentonar del todo con los sentidos "yeah" de una mujer, los músicos invitan al escenario al "maestro" (un hombre mayor, con un aire extraño que me recuerda a las películas de David Lynch). El Maestro se hace de rogar un poco pero sube directo al escenario y resulta ser un teclista genial. De nuevo, orgía de sonido en la que cada instante es un regalo para el alma, los sentidos suspendidos en el baile de la música improvisada.

Y el mejor, el trompetista. Era él quien se llevaba los aplausos y alabanzas del público y de sus compañeros. Veinticuatro años. Increíble cómo toca el tío. Amigo mío desde la infancia y me lo encuentro de casualidad, después de algunos años sin mucha relación, en una noche casi primaveral a finales del invierno, arrancando frases apasionadas a la trompeta como un auténtico virtuoso en un local de jazz rendido a su arte.

Deliciosa experiencia. Había oído algo de jazz en discos, pero no tiene absolutamente nada que ver con el directo. Se crea una atmósfera, un mundo aparte cuyo centro es el laboratorio musical del escenario. Como me ha dicho mi amigo el trompetista, "en la improvisación se trata de que, una vez controlas la técnica, eres capaz de responder con naturalidad de la mejor forma posible a lo que la música pide de ti en ese momento". Como en todo, la técnica es como el canal para que el agua del Espíritu (o de las Musas, que en el fondo es lo mismo) circule con fluidez. También me ha dicho: "Si escuchas a los grandes, terminas tocando como los grandes". Es decir, la vibración o resonancia entre los seres humanos, que actúa en todo arte y disciplina. El Misterio se manifiesta sabiamente a través de múltiples, indefinidos medios. "Hasta el canto y el baile son la voz del dharma", dijo Hakuin.

Primaveral.

El Grito (2)

El Grito (2)

¡AAAAAAAH!

Carga negativa

Carga negativa

Algunos discos o canciones que uno escucha durante malas épocas adquieren un sabor específico a raíz de nuestras experiencias. En escuchas posteriores, traen con ellos la melancolía. "Me trae malos recuerdos."

Sólo con el corazón limpio es posible volver a escuchar aquella canción como si fuera la primera vez. Es como una reconciliación con la belleza. Cuántas cosas cargamos con nuestra oscuridad sin poder disfrutarlas de verdad en su realidad íntima, desnuda de asociaciones mentales. Pero eso también es el hombre.

Martes saboreado

Martes saboreado

Martes soleado. Saboreo y luego reflexiono. En dos partes.

[I]
La mañana es fría, pero en unas horas el sol luce como hacía muchos días que no lucía. La calle se caldea y Primavera asoma la cabeza. Poco falta para su llegada triunfal. Nosotros, mortales, despertamos un poco más en cada fugaz aparición esplendorosa del sol a medida que el invierno se retira. El eterno retorno de la Naturaleza nos inflama el corazón y alegra nuestro ánimo como el calor derrite el hielo. Y, sin embargo, el hielo también es agua, y siempre brilla el sol aunque el día sea gris y ominoso.

Del Zazen Wasan (Canto en alabanza del Zazen), compuesto por el maestro zen Hakuin Zenji (1686-1769):

Todo cuanto existe es por naturaleza vida del ser superior,
del mismo modo que hielo por naturaleza es agua.
Separado del agua no hay hielo,
separado de lo que existe no hay vida del ser superior.


[II]
Los seres humanos conocemos mediante el discernimiento. Eso lleva a distinguir entre lo que nos gusta y lo que no nos gusta, lo bueno y lo malo. Es una herramienta necesaria que sin embargo nos limita a una vida siempre vista a través de un velo. ¿Por qué ponemos tanta energía en separar, seleccionar, diferenciar, diseccionar la realidad una en lugar de saborearla en su esencia de cada lugar y cada instante presente?

Y, sin embargo, el sol brilla alto y el corazón late con más fuerza. Sed de vida. Carpe diem. Saludamos a la Primavera y aclamamos al Sol Hiperión.

De paseo

De paseo

Josephine Wall, The Forest Fairy

Últimamente ha habido algunos cambios en mi vida. La metamorfosis siempre duele, pero a la postre el cambio es a mejor. Resulta que, a raíz de ciertas experiencias, se me han caído pieles viejas, como a las serpientes. (A todo esto: creo que me están saliendo alas; ¿seré un dragón?) A día de hoy, ya no estoy del todo de acuerdo con algunos "pensamientos" de los que he venido escribiendo en este blog desde que la nave inició su singladura. Es lo que pasa cuando te haces un poquitín más libre de espíritu; que miras hacia atrás y reparas en las jaulas (ideología disfrazada de otras cosas, prejuicios inconscientes...) que arrastrabas sin darte cuenta. Me había planteado dejar de escribir aquí y, quizá, comenzar una nueva bitácora. Pero por ahora creo que no hay razón para dejar Santuario. Somos lo que somos no sólo por lo que somos, sino también por el camino que hemos dejado atrás, con sus tramos buenos y sus tramos malos. Y con sus caídas. Todo dragón ha de caer unas cuantas veces para aprender a volar en libertad, ¿no es cierto?

Después de bastante tiempo sin escribir nada, hoy me siento con energía para volver. Y lo hago con un rayito de luz que esta mañana me ha iluminado leyendo la Diana de Jorge de Montemayor. ¡Poesía!

No es cosa amor que aquel que no lo tiene
hallará feria a do pueda comprallo,
ni cosa que en llamándola se viene,
ni que le hallaréis yendo a buscallo;
que si de vos no nace, no conviene
pensar que ha de nacer de procurallo;
y pues que jamás puede amor forzarse
no tiene el desamado que quejarse.

Cambiando de tema. Últimamente he escuchado mucha nueva música y he leído muy pocos nuevos libros. Lo cual no está mal para variar un poco. (Es bueno desarrollar todos los sentidos, como cuando vas al gimnasio y te hacen una tabla de ejercicios variada y completita...) Ante todo he explorado los territorios del buen metal y del buen rock progresivo. Pero hoy me he reconciliado con el pop. Y ha sido a lo grande, como pegarse una ducha bajo una cascada de estrellas: Mercury Rev - The Secret Migration. Una auténtica maravilla.

Editando: Oh, sí, Mercury Rev está genial. Pero, para mi gusto, mejores que The Secret Migration son: Deserter’s Songs [1998] (ay, ¿cómo me lo pude perder en esa época tan apropiada?), una preciosidad de disco de pop psicodélico, de esos irrepetibles, redondos, absolutamente deliciosos; y See You On The Other Side [1995], éste mucho menos pop y más experimental y psicodélico, pero con esa misma magia sonora.

Momentos de belleza

Estoy leyendo La Galatea de Cervantes. Tenía interés en la literatura pastoril por el simbolismo que encierra la figura del pastor de estas novelas, una especie de "hombre primordial" que vive en contacto y armonía con la naturaleza, entregado al amor en medio de un locus amoenus que es espejo del Paraíso. Confieso, sin embargo, que el interés que me suscita lo pastoril plasmado en esta obra concreta venía decayendo con la lectura de las prosas y poesías del autor de El Quijote. Y es que La Galatea es un libro extenso, denso y demasiado alejado del gusto moderno. Quizá debería haber acometido antes la lectura de la Diana de Montemayor, más genuinamente pastoril y menos denso.

Con todo, hoy he abierto el libro por la página 227 de la edición de Cátedra para reanudar la lectura y el poema de Artidoro ha penetrado en mi alma como una dulce flecha que da en el blanco del corazón y enciende los sentidos.

En áspera, cerrada, escura noche,
sin ver jamás el esperado día,
y en contino crecido, amargo llanto,
ajeno de placer, contento y risa,
merece estar, y en una viva muerte,
aquel que sin amor pasa la vida.

¿Qué puede ser la más alegre vida
sino una sombra de una breve noche,
o natural retrato de la muerte,
si en todas cuantas horas tiene el día,
puesto silencio al congojoso llanto,
no admite el amor la dulce risa?

Do vive el blando amor, vive la risa,
y adonde muere, muere nuestra vida,
y el sabroso placer se vuelve en llanto,
y en tenebrosa, sempiterna noche
la clara luz del sosegado día;
y es el vivir sin él, amarga muerte.

Los rigurosos trances de la muerte,
no huye el amador; antes con risa
desea la ocasión y espera el día
donde pueda ofrecer la cara vida
hasta ver la tranquila, última noche,
al amoroso fuego, al dulce llanto.

No se llama de amor el llanto, llanto,
ni su muerte llamarse debe muerte,
ni a su noche dar título de noche:
que su risa debe llamarse risa,
y su vida tener por cierta vida,
y sólo festejar su alegre día.

¡Oh venturoso para mí este día,
do pude poner freno al triste llanto,
y alegrarme de haber dado mi vida
a quien dármela puede, o darme muerte!
¿Mas qué puede esperarse, si no es risa,
de un rostro que al sol vence y vuelve en noche?

Vuelto ha mi escura noche en claro día
amor, y en risa mi crecido llanto,
y mi cercana muerte en larga vida.

El camino del amor es contradictorio. Más aún, la clave es la pura contradicción. Noche y día, risa y llanto, muerte y vida. Deliciosa poesía la de Artidoro. Tras esta lectura, he seguido con el siguiente fragmento en prosa y al parecer el regalo que el pastor me ha hecho ha atado mi atención al texto revelando el ritmo poético de la narración como una delicia tan magistral como el anterior poema.

Hay que agradecer estos momentos de belleza. Le llenan a uno de luz.

Hojear

Echaba de menos la sensación de ir a la librería a pasar un rato hojeando páginas de sueños y fantasías. A veces voy con la intención de comprar un libro en concreto, o simplemente voy a mirar, curiosear, disfrutar. Hay ocasiones entonces en que el presente desbarata mis proyectos o mis reparos y doy con un libro que mágicamente capta mi atención, o con otro del que había oído hablar pero nunca me decidí a comprar; esas historias en papel brillan con una luz misteriosa y atraen como estrellas al deseo de explorar, contemplar, adentrarse en una tierra o un espacio tiempo ignotos.

Adoro esos momentos, los primeros pasos en una aventura leída en el corazón, la incertidumbre, la magia, el misterio de lo inexplorado. Contienen la esencia de uno de los pequeños y deliciosos placeres de la vida. Al menos para mí.

Enderezar la nave

Los errores cometidos en la navegación nos sirven para aprender de ellos y enderezar el barco. A veces, cuando la travesía se ve dificultada en exceso por tormentas y vaivenes, los yerros son más graves y sus consecuencias peores de lo acostumbrado. Pero no hay que desesperarse, sino levantarse tras la caída, corregir el rumbo y proseguir el viaje con confianza. Pronto, la luz del firmamento acude en ayuda del marinero y vuelve la seguridad perdida tras la tormenta que provocó los errores. Y esa seguridad, esa fuerza, se vuelve incluso más brillante, más estable, más enriquecida desde la raíz que antes de que llegara el temporal y desbaratara los intentos del capitán por dirigir su propia nave.

Las pérdidas y los daños causados por la tormenta no desaparecen de la memoria ni pierden su carácter lamentable, por supuesto. Pero retomar el rumbo con decisión y coraje contribuye a repararlos en cierto sentido. Y a no volver a caer en los fallos que lamentamos.

En el fondo, como en el relato Poltarnees, la que mira al mar, de Lord Dunsany, el mar ama a los marineros que recorren sus sendas, aunque a veces provoque naufragios.

El dolor

Cierto es que la crisis, para que sea crisis de verdad, conlleva dolor. Pero hay veces en que el dolor se hace insoportable. Hay que expulsarlo, hay que expresarlo, hay que exorcizarlo como a un demonio. Es una necesidad acuciante cuando uno experimenta en sus carnes que... la vida duele. Y mucho. Claro que lo difícil es aceptarlo. Huir del dolor no es solución. No, no, no. Pero gritar ayuda a soportarlo mejor. Aunque sea un grito silencioso. O un trágico "¡Ay, pena!" exhalado del corazón angustiado, sin palabras, sin sonidos, sin explicaciones. ¿Necesita el dolor explicación? Es condición de ser humano sentir dolor, provocar dolor, huir del dolor. Dolor, dolor, dolor. Lo difícil es aceptarlo. ¡Oh, dioses! -gritaría un enmascarado en un escenario tenuemente iluminado-. ¡Llevaos mi dolor, mi pena, mi tristeza! ¡Acabad con mi vida, fulminad mi corazón! Pues tanto dolor no se hizo para corazón humano, sino para bestia o para dios.

Pero el hombre es un dios cuando sueña, canta el poeta, y también los sueños conllevan dolor. El mundo es placer y sufrimiento, enseñan los sabios. Si vivo en un valle de lágrimas, deseo hundirme en él, bañarme en sus aguas saladas, saborear el gozo y el dolor, aceptarlos, sublimarlos, elevarme al cielo y profundizar en la tierra. Sin dolor no hay vida, sin vida no hay dolor. ¿Qué mayor conocimiento hay que el saberse vivo, sensible al dolor, humano?

Oh, cielo. Oh, tierra. Oh, llama de amor que alientas la vida en lo alto y en lo profundo. Enséñame a aceptar el dolor para aceptar la vida. ¡Que mi paso por el mundo no sea en vano! ¡Que las espinas que laceran mi alma en esta dolorosa espera me fortalezcan, me hagan humilde y atrevido como un niño que abraza la vida sin miedo!

Primavera vuelve

Habla Hiperión, escribe Hölderlin:

¿No envejece el hombre, no se marchita, no es como una hoja caída que no vuelve a encontrar su árbol y que es arrastrada por los vientos hasta que la arena la entierra?

¡Y, sin embargo, su primavera vuelve!

¡No lloréis cuando lo más perfecto se marchita! ¡Pronto se rejuvenecerá! ¡No os entristezcáis cuando calla la melodía de vuestro corazón! ¡Pronto vuelve a encontrar una mano que la hace brotar de nuevo!


Pero nos entristecemos... olvidando las alas que, si quisiéramos, nos permitirían volar en libertad, aquí o allá, en la calma o en la tempestad, porque siempre es primavera en lo más íntimo del corazón.

Somos...

«... como quien estando en medio del agua grita de sed,
como un niño de casa rica que anda errante entre los pobres.» *

[*]: Del Canto en alabanza del zazen, de Hakuin Zenji.