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Las "siete condiciones" en el mundo moderno (I)

Lo que sigue es un intento de aplicación de las "siete condiciones" del relato budista a la sociedad occidental moderna. Nada más que una reflexión personal y sin duda superficial.

1) La tribu de los Vajji se reúne con frecuencia para discutir sus asuntos y participa mucha gente en estos encuentros.

El sistema democrático occidental no tiene su base en las personas y en el auténtico bien común asentado en los principios reales, sino en el poder y los intereses lucrativos de los grupos financieros. La participación en la vida pública se deja en manos de los políticos. El ciudadano medio dice: "que el Estado se preocupe de solucionar los problemas. Cuando me afecten a mí, o cuando algo vaya en contra de mis deseos, entonces lloraré para que mamá-Estado haga algo."

2) La tribu de los Vajji se reúne al unísono y actúa al unísono para llevar a cabo sus tareas tribales.


En lugar de existir una armonía, un vínculo natural entre el individuo y la colectividad, Occidente ha parido el individualismo y el colectivismo. En el sistema liberal que finalmente ha triunfado sobre los totalitarismos colectivistas, cada uno va a lo suyo y se preocupa de su propio "bienestar". En la teoría, el buen funcionamiento de este sistema contribuye al bien común, algo así como "si vas a lo tuyo correctamente haciendo funcionar el mercado, ello
redundará en el beneficio de la sociedad en general (puestos de trabajo, etc.)". Puede ser cierto en lo que atañe a la prosperidad económica, pero en la realidad, en el fondo, se establece un sistema de egoísmo que hace delegar en el Estado la responsabilidad para con el prójimo. Actuar al unísono es tener conciencia de la unidad profunda de todos los seres, y no trabajar desde el interés personal sino desde la entrega desinteresada por todos, aportando el propio grano de arena en lo que se hace.

3) La tribu de los Vajji no establece leyes sin que haya precedentes ni rompen las leyes existentes, sino que viven según las leyes tradicionales establecidas en el pasado.

Occidente ha dado la espalda al pasado y a todas las aportaciones tradicionales que aún perduran en potencia, incluida la Iglesia Católica, preservadora de los verdaderos principios que podrían restaurar esta civilización. Se diviniza el "progreso" basado en ideas mentales. Los principios tradicionales, surgidos de la experiencia espiritual de los orígenes y establecidos en la base de la sociedad durante siglos, dan paso a infinidad de teorías derivadas del abandono de lo divino y el culto a la razón, que por sí sola no es capaz de percibir la Realidad.

4) La tribu de los Vajji respeta, reverencia y venera a sus mayores y considera que es valioso su consejo.

Hoy en día se produce una paradójica situación: la población occidental es cada vez más vieja, debido al progreso de la medicina, pero al mismo tiempo los ancianos son excluidos de la vida pública, permanentemente relegados al asilo, aunque no estén físicamente en él. Se añade el problema de que los viejos de hoy crecieron ya en un mundo que abandonaba progresivamente la sabiduría tradicional, por lo que ya no son enteramente la voz de la tradición, y se sienten de alguna manera excluidos y sin la autoridad social que deberían tener naturalmente. Sin embargo, su experiencia y la sabiduría que confiere toda experiencia vital es valiosísima, pero no se le presta atención. El culto a la juventud es muy significativo. El ideal del triunfador posee las características de la juventud. Además, la niñez (o más bien el infantilismo) es idolatrada, desnaturalizando a los niños, y la vejez es vista como fealdad y precursora de la tan temida muerte. Los adultos, temerosos de la vejez, se niegan a crecer y a asumir la responsabilidad y el papel que toca en cada etapa de la vida.

(Continúa en el siguiente post).

Guerra y paz

Muy recomendable el artículo "La paz perpetua, la amenaza continua", de José Javier Esparza (autor de El Final de los Tiempos). A raíz de la declaración de Zapatero en la que dijo que la Constitución Europea significa "la paz perpetua", Esparza hace alusión al origen kantiano de esa idea de "paz perpetua", que desde la sentencia de que la paz es buena y la guerra no, y de que las guerras se deben a los Estados antagónicos y renuentes a la paz, se construye un ideal de paz que pasa por el establecimiento de un orden nuevo y pacífico sobre la base de repúblicas ilustradas. Los grandes totalitarismos (abiertos o velados), las guerras más cruentas de la Historia, han derivado de esa idea moderna, siempre con el sueño de perpetrar la guerra o revolución definitiva que pondrá fin a todas las guerras. Caminando hacia el Estado Mundial. Y como dice Esparza, la única "paz perpetua" es la paz de los cementerios.

Ahora bien, vista la ineficacia de ese ideal, tampoco hay que caer en la suposición de que las guerras son buenas, o de que la paz es algo imposible. Las guerras son muerte, y vienen del poder, que va casi siempre ligado a la corrupción. ¿Hay que resignarse a la realidad de un mundo que, por ser tal, está condenado a la violencia y al sufrimiento?

Según Guénon y otros, la concepción tradicional sobre la guerra es que ésta sólo es admisible cuando su objetivo es restaurar el orden de los principios y la justicia en el plano de lo humano. Esta idea resulta sugerente, pero, al menos para mí, no del todo convincente. ¿Hay guerras justas y guerras injustas? Suponiendo que esa idea tradicional sea aceptable, entonces habría que considerar injusta toda guerra que surja de la sed de poder, del fanatismo o del dinero. Pero ¿hasta qué punto estaría una "guerra justa" libre de intereses mundanos?

Volviendo a la oposición moderna de guerra y paz, quizá el problema resida en que la proposición inicial de Kant es errónea. Quizá el camino de la paz no deba surgir de los Estados, sino de los hombres. Las grandes tradiciones de sabiduría apelan al individuo, a que descubra su naturaleza propia, que es sabiduría y amor, y desde esa conciencia de unidad profunda es imposible que surja violencia. Jesucristo señaló el camino haciendo hincapié en el amor: amar al enemigo corta la cadena del sufrimiento, es un acto más que humano, o verdaderamente humano. El Buda hizo hincapié en la sabiduría, en el despertar: desde la conciencia profunda del vacío pleno, el hombre se sitúa fuera del karma, fuera del mundo. Y así, el mundo es iluminado.

La verdadera paz debe venir de la experiencia de los hombres y mujeres que renuncien a las "cosas de este mundo". Ignoro si la guerra en sí es un problema o si es una condición inevitable de la existencia en este mundo, o si el problema es la concepción moderna de guerra y paz. Pero, si tiene que llegar un "mundo mejor", o un verdadero orden regulado por unos principios reales, el camino es el del individuo despierto y abierto al mundo. Nunca debe tratarse de una falsa paz impuesta desde lo totalitario (mediante armas o mediante ideas), ni de una "paz perpetua" basada en la muerte moral y la existencia drogada por el consumo y la divinización del apego, sino de una paz surgida del corazón; es decir, desde el espíritu, desde la raíz. Tal vez, mejor que de paz, haya que hablar de silencio interior, y desde ahí: amor, entrega, compasión.

Sobre el Zen

En ocasiones he leído cosas como que el Zen "es un fino arte de la guerra". El Zen no es eso, sino un camino de realización espiritual, que lleva al ser humano a descubrir su verdadera naturaleza misteriosa, la cual se manifiesta como sabiduría y amor. El Zen es asociado frecuentemente con los samurais (guerreros japoneses), y esa asociación es incorrecta. Es cierto que los samurais practicaron zazen para tener más fuerza y maestría en la lucha, pero eso no es Zen, sino una tergiversación y manipulación de lo más profundo del ser humano. Pasa como con algunas órdenes de caballeros de la Europa medieval cristiana: rezaban, tenían unas normas de conducta, de acuerdo; pero no eran místicos, desde luego, y su actitud ante la vida no era la de un hombre en contacto con la Realidad.

Hay otra visión moderna del Zen, que se queda en "lo bonito y lo equilibrado" de los arreglos florales y la distribución de los espacios. Es también una visión incorrecta y mutilada, producto del intento de asumirlo como "moda" en la cultura moderna del consumo. Así, por ejemplo, se habla de "estilo zen" para referirse a un objeto de decoración. Es como si dijéramos: "esta habitación tiene estilo místico cristiano, ¿no te parece?". Asombra ver hasta dónde llega la capacidad del mundo moderno para tergiversar el sentido profundo de las cosas.

Oración amerindia

Oh, Gran Espíritu
cuya voz oigo en el viento
y cuya respiración da vida al universo entero,
¡escúchame!
Soy pequeño y débil; necesito de tu fuerza y tu sabiduría.

Haz que camine en la belleza
y haz que mis ojos contemplen siempre
el rojo púrpura de la puesta del sol.
Haz que mis manos respeten las cosas que has creado
y agudiza mi oído para oír tu voz.
Hazme sabio para entender
las cosas que has enseñado a mi pueblo.
Haz que aprenda las lecciones que has escondido
en cada hoja y cada roca.

Pido fuerza, no para ser más grande que mi hermano,
sino para combatir a mi mayor enemigo -yo mismo.
Hazme estar siempre dispuesto para ir a ti
con manos limpias y mirada franca,
de modo que cuando la vida se apague,
como cuando se pone el sol,
mi espíritu llegue a ti sin tener que avergonzarme.

Manifiesto de apoyo a las Humanidades

En la web de la Sociedad Española de Estudios Clásicos:

Ante la nueva reforma del sistema educativo planteada por el Gobierno de la Nación, los abajo firmantes, convocados por la Sociedad Española de Estudios Clásicos,

MANIFIESTAN


1. Que resulta imprescindible un acuerdo entre las principales fuerzas políticas con el fin de garantizar la estabilidad de nuestro sistema educativo, pues los continuos cambios legislativos, producidos sin la suficiente negociación ni el necesario consenso, provocan una pérdida de calidad, tal como evidencian los resultados que obtienen nuestros escolares en el contexto internacional.

2. Que debe existir un grado suficiente de contenidos comunes impartidos en todo el territorio del Estado, sin perjuicio de los que cada Comunidad Autónoma desee añadir, con el fin de que se garanticen unos mínimos cualitativos y cuantitativos a todos los ciudadanos.

3. Que cualquier reforma del sistema educativo debe velar por preservar de manera muy especial el dominio de la propia lengua, así como un conocimiento amplio de contenidos humanísticos (Historia, Literatura, Filosofía, Arte, Geografía, etc.), con el fin de formar auténticos ciudadanos, dotados de criterio propio, y no simplemente trabajadores útiles para un mercado cada vez más competitivo y globalizado.

4. Que el estudio de las lenguas clásicas, el Latín y el Griego, y de la cultura que de ellas surgió y que ha contribuido a conformar en buena medida lo que hoy entendemos por civilización occidental, debe garantizarse y propiciarse, pues contribuye de manera decisiva a que los jóvenes comprendan el mundo que les ha tocado vivir, y sepan apreciar los valores que Occidente ha desarrollado y extendido por todo el mundo.

5. Que el conocimiento de las lenguas y de la cultura clásica favorece, además, el dominio de la propia lengua y la comunicación entre los ciudadanos de la Unión Europea, al tiempo que facilita la comprensión de la terminología científica y técnica de cualquier ámbito del saber.

Por todo ello, tienen a bien firmar el presente Manifiesto con el fin de que sea atendido por las autoridades educativas interesadas.

Madrid, a 9 de diciembre de 2004.

Cyberpunk

Interesante el resumen del movimiento cyberpunk que hacen en Ciberpunk.info, titulado Curso rápido de Ciberpunk para impostores. "El ciberpunk imagina el lado oscuro de las nuevas tecnologías y es profundamente pesimista sobre sus posibilidades de control social. En el fondo de muchas de las historias, estados totalitarizantes, grandes corporaciones, las mafias internacionales o demagogos varios, configuran un panorama caótico y opresivo que utiliza las nuevas tecnologías informáticas y médicas para consolidar su poder." (...) "Y por lo mismo las conexiones entre autores y obras van mucho más allá del decorado o la temática, para estar en cosas más sutiles pero también más subversivas, como la actitud y la forma de aproximarse a los nuevos totems tecnológicos y a esa falacia decimonónica tan extendida entre los tecnólogos y think tanks que iguala progreso técnico y bienestar social."

Está claro que hay chicha detrás de la pura estética comercial que el sistema fagocita con el nombre de cyberpunk. Doy un paseo por unas cuantas webs de este género, como Ciberpunk.org, y descubro lo positivo y lo negativo que tiene para mí este movimiento. Lo bueno: su vocación de disidencia y defensa del individuo, frente a un mundo que tiende al control social y a la anulación de las libertades individuales en pos de un "progreso" que se revela falso al contemplar la maquinaria totalitaria de corporaciones y globalizaciones (y antiglobalizaciones). Lo malo: que, bajo mi punto de vista, este movimiento parece haber derivado en planteamientos "libertarios" y frecuentemente asociables a la misma progresía que el cyberpunk critica, llegando a extremismos de izquierdas que ciertamente llevan a tanto totalitarismo como el de las corporaciones. Las semejanzas de este movimiento cyberpunk con el anarquismo son evidentes, por su aspiración a abolir el Estado y a erigir al individuo y a la colectividad mínima como única unidad. Peligrosas utopías maquilladas para el siglo XXI. Leo con desconfianza el siguiente texto de la comunidad de Ciberpunk.org: "Por eso, el centro de interés político para los ciberpunks no está en los territorios, sino en las ciudades: hoy necesitamos una Venecia, una potencia red que sirva de ejemplo del mundo que se abre. Lo que es muy coherente con la experiencia de las redes virtuales. Experiencia que se traduce también en una renuncia a los mitos de la tierra y la naturaleza como esenciales, como configuradores de lo Humano. Rechazazamos el gusto romántico por lo nacional y lo sustituimos por una defensa de lo urbano incompatible con el cuento de la autenticidad rural. Lo que a su vez hace ver con placer el pragmatismo ciudadano de las redes de ciudades frente a la administración realizada en nombre de la voluntad mística de los territorios y sus esencias históricas." Pues yo creo que la naturaleza, la tierra, es esencial, pero no porque configure lo Humano, aunque también en parte. Más bien, el Hombre se reconoce a sí mismo, en la medida en la que se contempla en la naturaleza. No hay más que salir de la ciudad (esa jaula urbana en la que los cyberpunks se sienten tan cómodos) y salir a los espacios salvajes, a un monte, a un bosque, para experimentar esa "fragancia del todo", esa realidad palpable que hay allí, viva, lista para servir al Hombre de medio para llegar a su propia esencia. Un mundo completamente tecnificado, sin naturaleza viva, completamente al servicio del intelecto-razón del hombre, sería un infierno. Precisamente la vida, las plantas, los animales, las rocas, las montañas, los lagos, todo ello, habitado por seres feéricos, dioses y espíritus en todas las cosmovisiones del mundo humano anteriores a la modernidad, precisamente ese espacio vivo que es manifestación constante de la acción del Espíritu, tiene en sí los gérmenes de la salvación del hombre. Criticar la utilización de la técnica para afianzar el poder, y pasar a considerar la técnica la salvación del hombre, es caer en una nueva utopía, en un nuevo engaño. Lo que hace falta aquí no es ya Prometeo, sino que Heracles venga a liberar al pobre ladrón del fuego de su roca del Cáucaso.

Siguiendo con estos miembros del "movimiento cyberpunk", se enorgullecen de "la caída de Aznar" mediante la movilización de las redes virtuales, lo cual a mí me suena a golpismo y a totalitarismo suavemente disfrazado de "libertad". Es decir, el retorno de la izquierda totalitaria con nuevos ropajes, ropajes de seda y silicio. "Prestar herramientas, mitos y discursos al nacimiento de redes sociales de todo tipo es la precondición para poder hablar seriamente de las nuevas libertades.", siguen diciendo. Personalmente, todo esto me recuerda al "¡Pásalo!" e inevitablemente lo asocio a los gritos enfervorizados de los sin nombre, los hombres-masa que gritaron, y que siguen gritando "¡hijos de puta!" a todo el que no piensa como ellos. Bonita forma de defender la libertad.

Totalitarismos no, gracias. Me da la sensación de que el cyberpunk es un activo importante en la transformación actual del mundo. Pero soy pesimista, aún mucho más que ellos, y las esperanzas que ponen en la revolución tecnológica me parecen polvo, sin más. Dicen que creen en la libertad, pero su discurso me suena más a imposición de la igualdad. Es decir, el estalinismo/fascismo de siempre, reciclado. Prefiero seguir creyendo en la libertad, pues aunque éste no sea el mejor de los mundos, es un campo abierto donde existe la posibilidad de trascender y transformar verdaderamente el mundo desde la regeneración interior, algún día, a su debido tiempo, cuando la Tierra esté preparada para recibir el abrazo del Cielo (pues también soy optimista). Defensa del individuo, sí. Sin caer en el individualismo, claro. Pero también defensa de la colectividad. Sin caer en el colectivismo.

Mucho más interesante que el desarrollo a posteriori de las ideas cyberpunk por parte de estos grupos, me parece el origen, la literatura cyberpunk de los 80, teñida de una profunda desconfianza ante el utopismo de algunos escritores de ciencia-ficción, tecnólogos e ideólogos del progreso técnico. Después del origen, la cosa degenera. Suele pasar. Me quedo, pues, con la crítica inicial, liberadora y rompedora de esquemas peligrosos. Pero el desarrollo posterior de esa crítica, no me convence. Lo cual ocurre, por otra parte, con casi todas las revoluciones progresistas.

Seguiremos en la disidencia, pues, siempre ojo avizor ante movimientos supuestamente liberadores. El mundo moderno tiene esa capacidad camaleónica de reciclarse continuamente mediante pretendidas revoluciones, para volverse aún más opaco y gris (pero aparentemente más colorido y atractivo, cualidad típica -hablando en cristiano- de Lucifer), para seguir avanzando en el camino de la disolución. El verdadero disidente es como un solitario ermitaño, pues suele descubrir, con algo de amargura, que todo movimiento atractivo pierde su verdadera fuerza en cuanto se constituye en movimiento liberador de masas. Al final, queda el trabajo y el crecimiento personal.

Fe y honor, sólo para lo Divino, en lo Humano, y lo Humano en lo Divino. Con la memoria bien asentada en el pasado y una inevitable desconfianza en los futuros imaginados. Y esperanza en el presente, para que el futuro que haya de ser, nazca de buena madre y de buen padre.

Navidad y familia

Van pasando las Navidades. Estos días he escrito varias cosas en este blog sobre el sentido sagrado y simbólico de la Navidad, y ahora quiero tocar un aspecto mucho más cotidiano: la familia. Se viven estos días en familia, es tradición. A pesar de a veces tener que aguantar lo que no te gusta de éste o de aquél con los que no convives habitualmente. Pero es reunirse en familia, que es algo muy valioso, con todas sus alegrías y con lo que haya que aguantar también. Es algo sólido y firme, mucho mejor que la nada del simple consumismo navideño.

Familias hay de todos los colores, y muchos hay que no tienen la suerte de poder estar con la familia. Lo malo es que esta sociedad tiende a desmembrarla, a convertirla en nada. Porque en el altar familiar, ya no están los lares, sino la televisión, y muchos padres ya no saben lo que es educar a los hijos en la renuncia, hacer de ellos hombres y mujeres de pro, sino que les conceden todos sus caprichos. "Bastante hemos pasado nosotros", dicen. ¡No se dan cuenta que precisamente por la necesidad de renunciar a ciertas cosas, han crecido con fuerza, como las plantas que crecen vigorosas en medio de las penalidades de un medio hostil! Es ésta una época de anuncios de juguetes y de "papá, mamá, quiero esto porque todos los demás niños lo tienen". Cuando yo era pequeño, las circunstancias hacían que uno tuviera que aprender a renunciar a muchos caprichos y conformarse con lo que se pudiera. Pero hoy los niños exigen tener lo que todos han de tener según la Omnipantalla. De la consola de videojuegos depende su felicidad. ¡Ja! Mal son entrenados así para la vida. Si los padres consienten en conceder todos los deseos a sus niños, me parece que ahí empieza a dejar de haber familia, y eso se convierte en una franquicia del Estado. La renuncia y el aprendizaje en el sacrificio ha sido siempre parte indisoluble de lo familiar. Si no es así, la familia deja de ser tal y se convierte en un supermercado, en un aprendizaje de los valores del consumismo...

En los tiempos difíciles es cuando los hombres se hacen hombres. Los tiempos de bienestar tienden a hacerle a uno de carácter débil, fácilmente manipulable por los impulsos de dentro y de fuera. Vivimos en tiempos contradictorios, de libertades y de esclavitud, tiempos trágicos en los que nos jugamos mucho. Y en la familia es donde el hombre se forja a golpe de martillo y con el fuego del cariño. Amor y dureza, concesiones y sacrificios, todo forma parte de la necesaria fragua donde se templan las espadas, los ánimos, los hombres y las mujeres que podrán un día salir al mundo por sí mismos y contar con unos valores, una fuerza, una capacidad de renuncia, de confianza y de entrega. Un tesoro. Hay quien no cree en la familia. Pues yo digo: sin familia, estaríamos acabados. La familia es algo peligroso para la uniformización que vacía todo de sentido. Creer en la familia es, pues, una forma de lucha en estos tiempos.

Por eso, más allá del sentido religioso, místico y simbólico que también tiene la Navidad, digo: sí, creo en la Navidad, en la celebración de la Sagrada Familia, porque es la familia arquetípica, porque el pesebre es el escenario de un amor que resiste a las penalidades y hostilidades del mundo y que es condición necesaria para que nazca y crezca sano el niño. Es una parcela sagrada donde el poder del mundo no tiene acceso. La familia es, pues, un refugio, un santuario, una caverna que se vuelve cielo. Un Paraíso. ¿Conseguirán quitárnoslo y darnos a cambio esos vacíos paraísos artificiales? ¿Videojuegos, zonas de marcha para adolescentes arrastrados por la moda, drogas, escapes hacia las cloacas de lo anímico? No. Es preferible enfrentarse a la vida con todas sus luces y sus sombras, sin paraísos artificiales. Es preferible vivir y sufrir a golpe de martillazos que morir en espíritu a manos de blanduras virtuales.

Disfraces urbanos

Hay algo de religioso y de antirreligioso en algunas tribus urbanas, por ejemplo los góticos o siniestros u oscuros o como les guste llamarse a sí mismos (este llamarse a sí mismo es un diferenciarse que puede acercar al cielo o al infierno, pero que ya en un principio es un rechazo de la comida que nos da Mamá-sociedad). Hay una visión ritual, unos símbolos. ¿Podrían ser trampolines a algo más profundo, a una búsqueda de lo sagrado? Normalmente, para la mayoría, no son sino vías de escape hacia las cloacas de lo anímico. Y sus símbolos suelen resultar en realidad disfraces. No se trata tanto de movimientos sacralizadores de algo, sino más bien de algo que mueve al sacrilegio. Se ensalzan símbolos desconociendo su auténtico significado. Por ejemplo, a los góticos les encantan los crucifijos y la iconografía cristiana, pero en lugar de extraer de ellos el significado profundo del símbolo, reflejan en ellos sus propios gustos y fijaciones, las manías de sus egos. Se invierte el sentido del símbolo, se mata el símbolo... Al diablo le encanta disfrazarse de ángel de luz. Al ego le encanta disfrazarse y engañarse. Pero hay una belleza en ese disfrazarse y rechazar la esclavitud ideológica a que nos somete la Omnipantalla, la política, lo oficial. Se intuye que aquí falta algo, que aquí no hay belleza, y por tanto se busca algo sagrado en el disfraz, en la transgresión contra lo establecido, en los símbolos que la sociedad rechaza. Aunque sea una belleza oscura, es una belleza, y vivirla le llena a uno de emoción vital (por lo menos durante la adolescencia; después el juego ya no engaña). Pero en esa belleza oscura está el peligro, porque si se sacraliza el ego, todo resulta una trampa mortal. Si ese disfrazarse no da paso a un deshacerse del disfraz, a una intuición de que hace falta deshacerse de todo disfraz, entonces la operación se queda en nada. En un puro disfrazarse, una pura huida de la realidad, en lugar de transmutarse en una Fuga de Logan, en un buscar o un emboscarse. Los disfraces son útiles para escapar de la igualación, pero si uno no suelta el disfraz, acaba encerrado en una nueva jaula. Soltar, soltar. Me parece que en la vida sólo se avanza soltando. Quien se agarra y no suelta es como quien en sueños no quiere despertar.

De verdades y mentiras

Es curiosa la forma en que la verdad y la mentira juegan entre sí a lo largo de la Historia. Aparentemente parecen cosas irreconciliables. Y lo son, pero al mismo tiempo son como las dos caras de la misma moneda. Las civilizaciones son fruto de ambas. Me explico:

Desde un punto de vista diacrónico (a lo largo del tiempo), al estudiar la Historia resulta que muchas verdades parecen estar compuestas de mentiras que vienen a ser ordenadas de tal forma que dan lugar a una imagen de la verdad. Desde un punto de vista sincrónico (en un punto concreto de la corriente temporal), las verdades son verdades y las mentiras son mentiras, y no es relevante que la imagen de una verdad se haya constituido en su substancia, digamos, con mentiras, porque la esencia es la misma verdad.

Un ejemplo:

La palabra latina nobilis significa, según el diccionario: "conocido, manifiesto, célebre, famoso; noble, de familia noble; excelente, de buena calidad". La etimología "correcta" (correcta desde el punto de vista científico de la Filología) es la siguiente: NO-BILI-S: "El que tiene la posibilidad de ser conocido", donde NO es una raíz para "conocer" y BILI indica posibilidad. Esta es la explicación "correcta" de la etimología desde un punto de vista diacrónico, atendiendo a las evoluciones que sufren las palabras a lo largo del tiempo.

Ahora bien, el concepto de Filología científica es puramente moderno. Es bien conocido que los Gramáticos antiguos eran más filósofos que filólogos. La lengua era para ellos una imagen de la realidad, y está claro que la realidad del presente es mucho más "real" y probable que la imaginaria realidad de un proceso de evolución por distintas etapas. No digo que esa evolución no exista en los hechos, pero su consideración como algo relevante corresponde exactamente a una visión dependiente del pensamiento discursivo espacio-temporal. Así que, desde un punto de vista sincrónico y siguiendo el concepto tradicional de gramática, podemos encontrar otra etimología bien diferente para la palabra nobilis:

Así, San Isidoro deduce, en parte "ayudado" por un error típico y arrastrado desde época Imperial, consistente en confundir la B con la V, que la etimología es NON-VILIS > NOBILIS. Es decir, "el que no es vil". Esta explicación, desde el punto de vista diacrónico que maneja la Filología, es claramente erróneo. Pero desde el punto de vista sincrónico, resulta perfectamente sensato. La poesía se entremezcla con la ciencia, y es así que lo noble, que debe su nobleza a no ser algo vil, encuentra en su nombre una imagen análoga a esa realidad, o a esa "idea" o imagen de la realidad.

Por esto dije al principio que verdad y mentira juegan entre sí. Esto plantea cuestiones importantes: ¿era San Isidoro un ignorante? Ciertamente, no. ¿Se tomaron en la Edad Media los errores por verdad? Sí y no. Desde un punto de vista superior, superando las oposiciones, en un digamos "más allá del 'bien' y del 'mal'", las mentiras contribuyen a formar una nueva imagen que refleja la verdad, de la misma forma que los errores cometidos por los hablantes de una lengua acaban confluyendo en una nueva lengua: ¿son las lenguas romances "erróneas" por haber aparecido como consecuencia del deterioro y la "contaminación" del latín? Lo cierto es que son lenguas en el presente. ¿Y qué es lo que existe, sino el presente? El pasado y el futuro no son más que ideas que el hombre se forma para evadirse de lo único que hay: lo que está pasando aquí y ahora.

Así que, siguiendo este razonamiento, las conclusiones parecen salir solas. El dominio propio de la Filología moderna (y de la ciencia en general) es descubrir los entresijos de los cambios. Así, puede parecer que no hay ninguna verdad, puesto que siempre se encuentran mentiras superpuestas a otras mentiras, errores que dan lugar a certezas, pero en cada momento presente, en cada etapa concreta sin salir de lo sincrónico, lo que hay son verdades. O más bien imágenes de verdades. Aún más: verdades parciales que, creciendo junto con las mentiras, dan lugar finalmente a nuevas verdades parciales. Teniendo en cuenta todas estas verdades y mentiras, sólo desde un punto de vista imparcial y "superior", puede accederse a lo Verdadero.

Así que la Edad Media pudo beber de errores de interpretación desde el Imperio Romano, pero con esos errores se dio lugar a nuevos ropajes para vestir la verdad. Así es como nacen y se forman las civilizaciones, las leyendas. Es más poderoso el mythos que el logos. A San Isidoro poco le importaba que nobilis procediera de donde procede. Lo que le importaba era el arquetipo, la esencia a que esa palabra, estructura, substancia, hacía referencia. Y ciertamente, y poéticamente, no erró. Pues el noble en verdad es el no vil.

Como se dice en cristiano, Dios escribe con renglones torcidos.

Prerrafaelismo

Prerrafaelismo Últimamente estoy alucinando con el Prerrafaelismo, una corriente artística fundada en 1848 por un grupo de pintores ingleses. La Hermandad Prerrafaelita reaccionó contra el materialismo victoriano y la Royal Academy de Londres, inspirándose en los pintores medievales y renacentistas hasta Rafael. Estos artistas, también relacionados con la literatura, desarrollaron un arte muy preciso y realista, al tiempo que mágico y simbólico, rompiendo cánones establecidos de luz y estructuras, y reflejando bastante temas mitológicos e imágenes en la naturaleza. Además, propugnaron una visión de la actividad artística basada en la hermandad artesanal.

En la web de Almendrón hay una página muy útil donde se recogen enlaces interesantes sobre la Hermandad Prerrafaelita.

Especialmente estoy fascinado por las pinturas de John William Waterhouse (1849-1917). Suya es la imagen que ves arriba: Hylas and the nymphs. La pintura representa a Hilas, un joven que acompañó a Heracles en la expedición de los Argonautas, pero desapareció al ir a buscar agua a una fuente en el bosque, pues las ninfas que habitaban en sus aguas, al verlo tan hermoso, lo atrajeron hacia sí para conferirle la inmortalidad.

El Prerrafaelismo, y Waterhouse en particular, están siendo todo un descubrimiento para mí. Y lo curioso es que ya conocía un poco de oídas este movimiento, pero sólo a través de la influencia que tuvo en uno de mis dibujantes de cómic e ilustradores favoritos: Barry Windsor-Smith, que dibujó a Conan durante la primera parte de la mítica serie de comic-books Conan the Barbarian. Y este cuadro de Waterhouse me hace pensar en la película Sirenas (Sirens, John Duigan, UK-Australia, 1995), ¿te acuerdas de esa escena?

Merece la pena, para apreciarlo en todo su esplendor, que mires el cuadro de Hilas y las ninfas a un mayor tamaño en este enlace. Contemplad ese estanque, y esas ninfas y su mirada, esa emocionante delicadeza, esa belleza del paisaje, donde cada detalle brilla inmortal y eterno en el presente... Una delicia. Sí, es inevitable pensarlo: ¿quién fuera Hilas en ese momento eterno?

Odio

El odio es como una enfermedad. Alguien suelta una rata y se empieza a extender la infección. Puede llegar a afectar a poblaciones enteras. Especialmente cuando una civilización se encuentra en un momento en el que carece de principios bien asentados. Puede ser el odio a los judíos, el odio a los musulmanes, el odio a los del país de al lado, el odio a los capitalistas, el odio a los comunistas, el odio a los católicos, el odio al clero, el odio a Occidente (unos -desde fuera- nos llaman perros infieles; otros -desde dentro- odian su cultura), el odio a Estados Unidos, el odio a un partido político, o el odio a un político. Siempre es odio.

Supongo que los políticos y gobernantes ya saben a lo que se exponen al exponerse ellos a las masas. Por eso la mayoría de ellos elige manipular a las masas, jugar con lo más irracional y emocional de las masas, extender el odio a las masas, complacer a las masas. Hay que mantener el poder como sea. Porque ellos son los que tienen la verdad, la única verdad. Así que hay que hacer que el pueblo odie a quien interesa que sea odiado, no juzgado con inteligencia sino odiado. Hoy muchos están influidos por ese odio a un político. Y a un país. Están contagiados de odio, pero no se dan cuenta. Creen que lo que ellos creen es la verdad absoluta y punto, y si alguien piensa distinto está equivocado y además hay que empezar a sospechar que es una mala persona. Porque no piensa como la mayoría. Porque está claro que hay que odiar a ese político, el cual es un hijo de puta y punto. No, no dan otros argumentos. Algunos sí los dan, por supuesto. Hacer juicios inteligentes, a favor y en contra, es lo sano. Sin lentes distorsionadoras de odio por medio. Pero las masas no entienden de eso. Cuando uno es visto como un hijo de puta y punto, y además un asesino, cualquier palabra que salga de su boca será vista automáticamente como basura, cualquier gesto vuelto en su contra, cualquier virtud vuelta perversión. Y, por supuesto, los partidarios de ese político y ese partido serán vistos como hijos de puta y asesinos. De ahí al linchamiento hay un paso. El odio de las masas otorga poder a los políticos que manipulan. Es un odio inconsciente, porque el ciudadano de a pie no lo percibe como odio, sino como la actitud normal que mostraría todo buen ciudadano ante ese político, o ante ese país más poderoso que el mío, o ante los que no son de mi tierra, o ante los de esa raza tan malvada. Ya ocurrió en la Alemania de Hitler. Estremecedoramente inconsciente. Pero odio, y de consecuencias terribles. Convendría no olvidar la Historia, y no creer que esas cosas pertenecen exclusivamente al pasado.

Quienes manipulen a las masas para provecho propio merecerían el exilio, como se hacía en la Atenas democrática de la Grecia Antigua con los políticos corruptos. Pero es que entonces todavía había dioses.

El Fin de los Tiempos (II): Hesíodo

El Fin de los Tiempos (II): Hesíodo Vamos con el segundo texto que he seleccionado para posar la mirada sobre el tema del fin del mundo, tan importante, simbólico y sugerente en todas las tradiciones.

Para entender los textos apocalípticos hay que tener en cuenta el llamado "mito de las Edades" o doctrina de los ciclos cósmicos, de la que hablamos brevemente en la introducción. Una de las tradiciones que más claramente muestran este esquema del tiempo cíclico es la clásica, y el autor que mejor lo expresa dentro de esta tradición es sin duda Hesíodo, que en sus Trabajos y días cuenta el devenir de la humanidad desde la Edad de Oro, el tiempo primordial en el que los hombres "vivían como dioses, con el corazón libre de preocupaciones, sin fatiga ni miseria", para ellos la muerte no era una trágica ruptura, y el campo producía espontáneamente sus frutos. Adam, el Hombre Primordial, en el Paraíso. Tras la Edad de Oro, se van sucediendo la Edad de Plata y la Edad de Bronce, que se caracterizan por una decadencia progresiva, y tras una Edad Heroica (en el caso de la Hélade representada por los héroes homéricos) que debería en mi opinión considerarse como intermedia y no propiamente una Edad, se llega a la Edad de Hierro, contemporánea de Hesíodo y, se entiende, nuestra.

Hay que leer el mito completo para entenderlo en su conjunto, pero aquí voy a reproducir sólo la última parte, la correspondiente a la última edad, para ceñirme al tema del que nos ocupamos. Asimismo, el análisis del mito tiene riquísimas posibilidades, sobre todo en el ámbito de la comparación con otras tradiciones, especialmente la india, pero me voy a limitar a presentar el texto para que hable por sí solo, pues una característica esencial que tienen los textos míticos y sagrados es que parecen hablar más a la intuición que a la razón. Sí quisiera señalar un dato importante: que Hesíodo apunta a un nuevo ciclo que comenzará tras el fin del presente, pues dice que preferiría "haber nacido después". Así, aunque aparentemente Hesíodo deja inconclusa la historia de la humanidad, hay que tener en cuenta que según la visión cíclica del mundo y la Historia, cuando la humanidad ha llegado a una decadencia espiritual y moral máxima, sobreviene un cataclismo (como los Diluvios de muchas tradiciones) y una posterior regeneración. Tras el Fin de los Tiempos que relata Hesíodo, última parte de la Edad de Hierro, se entiende que la destrucción y posterior renacimiento han de entenderse ya no como "enderezamientos" dentro del ciclo, sino como una renovación total y un nuevo ciclo, luego, se entiende, una nueva Edad de Oro. En el Ragnarök germánico, como se verá, también se habla de una nueva tierra y un nuevo sol, y en la tradición cristiana, tras la Parousía o Seguna Venida de Cristo, nacerá un nuevo cielo y una nueva tierra, e igualmente con la llegada del Mahdi en el Islam, y en todas las demás tradiciones. Ahí va el texto hesiódico:


"Y luego, ya no hubiera querido estar yo entre los hombres de la quinta generación sino haber muerto antes o haber nacido después; pues ahora existe una estirpe de hierro. Nunca durante el día se verán libres de fatigas y miserias ni dejarán de consumirse durante la noche, y los dioses les procurarán ásperas inquietudes; pero no obstante, también se mezclarán alegrías con sus males.

Zeus destruirá igualmente esta estirpe de hombres de voz articulada, cuando al nacer sean de blancas sienes. El padre no se parecerá a los hijos ni los hijos al padre; el anfitrión no apreciará a su huésped ni el amigo a su amigo y no se querrá al hermano como antes. Despreciarán a sus padres apenas se hagan viejos y les insultarán con duras palabras, cruelmente, sin advertir la vigilancia de los dioses -no podrían dar el sustento debido a sus padres ancianos aquellos cuya justicia es la violencia-, y unos saquearán las ciudades de los otros. Ningún reconocimiento habrá para el que cumpla su palabra ni para el justo ni el honrado, sino que tendrán en más consideración al malhechor y al hombre violento. La justicia estará en la fuerza de las manos y no existirá pudor; el malvado tratará de perjudicar al varón más virtuoso con retorcidos discursos y además se valdrá del juramento. La envidia murmuradora, gustosa del mal y repugnante, acompañará a todos los hombres miserables.

Es entonces cuando Aidos y Némesis, cubierto su bello cuerpo con blancos mantos, irán desde la tierra de anchos caminos hasta el Olimpo para vivir entre la tribu de los Inmortales, abandonando a los hombres; a los hombres mortales sólo les quedarán amargos sufrimientos y ya no existirá remedio para el mal."


Hesíodo, Trabajos y días, vv. 174-202, Madrid, Gredos, 2000.

Niños sin niñez

A raíz de la ¿victoria? de España en la II edición del festival musical de Eurojunior, por nuestra representante de 11 o 12 años Mª Isabel, con su horrenda canción "Antes muerta que sencilla", o "Antes muerta que no ser una guarra", como comentan [aquí], he leído un interesante artículo sobre la manía actual de convertir a los niños en adultos antes de tiempo, en privarles de la ingenuidad y la inocencia y hacerles posar como adultos; no había más que ver el festival (yo tuve la desgracia de tener que verlo durante unos minutos) para ver desfilar a unos niños maquillados y privados de su niñez ante las cámaras. ¿Es que no pueden ser niños sin más? El espectáculo de su muerte ritual ante Europa mediante esa manera de presentarlos como pequeños adultos con los labios pintados, como si no fueran ingenuos y benditos desconocedores del sexo o las poses de una mente que no se encuentra a sí misma en su sencillez (ya tendrán tiempo de conocer estas cosas y aprender a asumirlas), me pareció de lo más revelador. Vivimos en una sociedad decrépita e infantil al mismo tiempo. Los niños no son niños, y los adultos no son adultos. Hemos erigido en ídolo al Niño, un niño eterno y con síndrome de Peter-Pan que se encarna paradójicamente en el ser humano "adulto" de hoy, que vive acomplejado en sus pequeñeces, sin vivir ni dejar vivir, sin atreverse a dar el salto a la verdadera vida adulta y responsable con uno mismo y con los demás. Hoy gobierna un "adulto", venerador del niño, que copia de él su infantilidad y no su inocencia y limpidez reencontrada, como debería ser. Y al niño se le lleva a odiar lo adulto, a no querer crecer, a evitar la VIDA y conformarse con su pequeño mundo de adicciones y apegos. Es triste.

A los niños se les priva de la inocencia de la infancia, se les extirpa su capacidad de asombro ante el misterio que es la vida. En lugar de educarlos desde lo humano, de corazón a corazón, de boca a oído, se les coloca delante de la televisión actual, esa horrible sucesión de personajes sin principios y programas donde desfilan como si modelos a seguir se trataran los más esperpénticos, desgraciados y desgajados espíritus y al mismo tiempo se les sobreprotege de forma contradictoria ante un mundo violento el cual no se les ayuda a comprender realmente y desde la raíz.

Y los adultos, temerosos de hacerse responsables de sus propios actos, nunca del todo independizados como seres humanos, no se acaban de atrever a vivir en este mar sin seguridades que tan pronto se ve agitado por una tempestad como invadido por la calma más repentina. Condicionados por una sociedad que no se acaba de encontrar a sí misma, que no reconoce ni al individuo ni a la colectividad, sino que se sumerge en individualismos y colectivismos, deshumanizando al ser humano.

Niños a los que no se les deja ser niños, y adultos que no quieren ser adultos. ¿Cabe mayor desorden? ¡Hace falta Espíritu REGulador y reVITAlizador!

Sobre "best-sellers"

Tengo una curiosa tendencia a huir, a darme a la fuga (como Logan) ante títulos de novelas superventas de ficción, de esas que la gente lee en el autobús y que todo el mundo comenta como si fueran la última revelación divina al mundo, todo el mundo les atribuye una calidad que no tienen y, lo peor de todo, una verosimilitud que evidentemente está a años luz de sus planteamientos argumentales y sus delirios novelescos-peliculeros.

Me estoy refiriendo concretamente al famosísimo y seguro que inminentemente perecedero El Código Da Vinci, de Dan Brown. Me parece genial que la gente lo lea y disfrute, cada uno se mete lo suyo. Prefiero no criticarlo mucho, más que nada porque ¡no lo he leído! Sin embargo, como he dicho antes, algo me repele al oír su nombre, más que nada porque me recuerda a la cara que ponen algunos cuando me hablan de sus maravillas; una cara repentinamente seria como diciendo (y de hecho lo dicen, aunque con otras palabras): "desvela la verdad y los secretos que ha ocultado la malvada Iglesia Católica durante siglos", como si realmente esa persona supiera de lo que está hablando.

Una crítica interesante sobre la novela es [ésta]. Como señala el autor de la crítica, se trata de "un best seller entretenido". Nada más, por favor.