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Santuario

Lecturas de 2005

De entre los libros que he leído durante el año 2005, he seleccionado los que más me han gustado en esta lista. El orden dentro de cada apartado es el de mis lecturas:

NARRATIVA MODERNA:
-Arturo PÉREZ-REVERTE, El Capitán Alatriste
-Varios autores, Artifex Segunda Época vol. 12. Antología de Literatura Fantástica
-Friedrich HÖLDERLIN, Hiperión
-Terry PRATCHETT, Mort
-Andrzej SAPKOWSKI, El último deseo (Geralt de Rivia I)
-Alfred BESTER, Las estrellas mi destino

CLÁSICOS:
-Diego de SAN PEDRO, Cárcel de Amor
-Fernando de ROJAS, La Celestina
-Dante ALIGHIERI, Divina Comedia
-Anónimo, Lazarillo de Tormes
-Anónimo, La búsqueda del Santo Grial

ENSAYO Y FILOSOFÍA:
-Ernst JÜNGER, La Emboscadura
-Hugo-M. ENOMIYA-LASSALLE, Zen y mística cristiana
-Régine PERNOUD, Para acabar con la Edad Media.

Armonía universal

Armonía universal

Entonces Ilúvatar habló, y dijo: -Poderosos son los Ainur, y entre ellos el más poderoso es Melkor; pero sepan él y todos los Ainur que yo soy Ilúvatar; os mostraré las cosas que habéis cantado y así veréis qué habéis hecho. Y tú, Melkor, verás que ningún tema puede tocarse que no tenga en mí su fuente más profunda, y que nadie puede alterar la música a mi pesar. Porque aquel que lo intente probará que es sólo mi instrumento para la creación de cosas más maravillosas todavía, que él no ha imaginado.

(Del Ainulindalë, en: J.R.R. Tolkien, El Silmarillion, Minotauro, Barcelona, 1984.)

Brokeback Mountain

Brokeback Mountain

La anterior reflexión venía a cuento de un artículo de opinión sobre una película, Brokeback Mountain. Ahora que la he visto, comento algo ya relacionado con la peli en sí.

Para mí, el mérito de esta película es que muestra una historia de amor entre dos seres humanos. Por supuesto, ahí está la circunstancia de que son dos hombres, dos vaqueros, y en medio de una sociedad en la que un amor así está mal visto. Pero no es imposible, y por ahí apuntaba el artículo que leí: los protagonistas no se "integran" dentro de la incipiente cultura gay, transformando su forma de ser, sino que siguen con sus vidas, siendo quienes son y amándose sin cambiar sus identidades.

Lo cierto es que las circunstancias, pese a estar presentes y ejercer su innegable influencia, están en un segundo plano. Para mí, y ese es su mayor valor en mi opinión, no es una película gay sino, "simplemente", una historia de amor entre dos personas enamoradas a lo largo de sus vidas. Una bella historia de amor. Y, por supuesto, una bella historia de amor homosexual. Sencilla y valiosa por no centrarse en las polémicas circunstacias de los amantes sino ante todo en el amor, la pasión, los problemas de una pareja imposible.

Por cierto, me ha llamado la atención que el amor de estos dos vaqueros comience en la montaña, cuidando de las ovejas como dos personajes de la novela pastoril. Ahora que lo pienso, son como Elicio (el pastor poeta favorecido por la naturaleza y por la fortuna) y Erastro (el rústico, al que el amor convierte en poeta), de La Galatea de Cervantes. Sólo que, en esta ocasión, los pastores han visto a la hermosa Galatea el uno en el otro. Todo muy bucólico. :-)

Etiquetando humanos

Etiquetando humanos

Si ya es negativo y antinatural etiquetar una obra artística, hacerla entrar en tal o cual estilo o subgénero (que en realidad no es más que una palabreja), cuánto más lo es etiquetar a las personas. Como plantear la cuestión de si eres heterosexual u homosexual como una pregunta crucial en tu vida que definirá lo que eres. Estas palabrejas, como en el caso de los estilos o subgéneros artísticos, no aluden a nada real; son invenciones, fantasmagorías, categorías creadas por la parte racional de nuestra mente, el portero, a quien le gusta tener bien contadas y agrupaditas a las ovejas. Son identidades impuestas por la patológica necesidad humana -acentuada en nuestros tiempos- de adquirir seguridades y tocar tierra para no tener que enfrentarnos al límite de lo conocido, al abismo, es decir, a la inseguridad de la vida real, a la temida libertad.

La naturaleza, el espíritu, el amor, no entienden de etiquetas.

Vale, entonces tanto la heterosexualidad como la homosexualidad son ideas, conceptos que no hacen sino coartar la verdadera sexualidad, libre en sí misma como infinitamente libre es el amor en sí. Entonces, ¿qué pasa? ¿Que en realidad todos somos bisexuales pero tiramos por un camino u otro? ¡Tampoco es eso! Esa es otra etiqueta. Está claro que cada uno tiene sus gustos, sus inclinaciones sexuales. Es natural, es así y ahí está. Cuáles son las causas en cada caso no me interesa. El problema viene cuando se llega a una dinámica en la que a muchos jóvenes confusos se les pone delante dos pastillas: la hetero y la gay; ha de tragar una de ellas, y su "elección" conllevará una serie de consecuencias de todo tipo que tienen que ver con su comportamiento y su "modo de vida", diseñado a imagen de la "cultura" correspondiente. El que asume que es gay y se adapta a los dictados, modas e identidad de la cultura gay, está matando en cierto modo su propia identidad, se está adaptando a un molde, negándose la libertad de ser como realmente es; es decir, como le plazca a él y sólo a él. Simplemente, ¡que viva! Algo parecido ocurre con el caso contrario, el que se dice a sí mismo: "soy heterosexual", lo que no es más que una negación de la opción contraria. La obsesión por las identidades y las diferenciaciones lleva a la deshumanización, al enfrentamiento y a la estrechez de miras.

Es lo mismo con cualquier asunto. Se trata de la alienación, que se adapta a todas las circunstancias y tiene montones de disfraces que va copiando de las propuestas que en un principio aparentan ser rompedoras de prejuicios y liberadoras. Aceptar el hecho (dictado por la sociedad) de que soy tal o cual cosa, va contra mi verdadera naturaleza, niega lo que soy en el fondo, porque lo que soy de verdad no conoce límites. Me convierte en una caricatura de ser humano. Somos infinitamente más ricos y libres que cualquier molde, identidad o ego que nos podamos imaginar. ¡El amor es infinito y es precisamente lo que nos hace libres! Que cada uno ame a quien quiera de forma sana y no se preocupe tanto de a qué bando pertenece. ¡Y ya está! (O, como dicen los japoneses, YA-TA!!). :-)

Como ha dicho una amiga mía sobre este asunto, ¿qué queremos ser? ¿Seres humanos o caricaturas? ¿Caricaturas de mujer, de hombre, de homosexual? ¿O bien mujeres, hombres, homosexuales de verdad?

De paseo

De paseo

Josephine Wall, The Forest Fairy

Últimamente ha habido algunos cambios en mi vida. La metamorfosis siempre duele, pero a la postre el cambio es a mejor. Resulta que, a raíz de ciertas experiencias, se me han caído pieles viejas, como a las serpientes. (A todo esto: creo que me están saliendo alas; ¿seré un dragón?) A día de hoy, ya no estoy del todo de acuerdo con algunos "pensamientos" de los que he venido escribiendo en este blog desde que la nave inició su singladura. Es lo que pasa cuando te haces un poquitín más libre de espíritu; que miras hacia atrás y reparas en las jaulas (ideología disfrazada de otras cosas, prejuicios inconscientes...) que arrastrabas sin darte cuenta. Me había planteado dejar de escribir aquí y, quizá, comenzar una nueva bitácora. Pero por ahora creo que no hay razón para dejar Santuario. Somos lo que somos no sólo por lo que somos, sino también por el camino que hemos dejado atrás, con sus tramos buenos y sus tramos malos. Y con sus caídas. Todo dragón ha de caer unas cuantas veces para aprender a volar en libertad, ¿no es cierto?

Después de bastante tiempo sin escribir nada, hoy me siento con energía para volver. Y lo hago con un rayito de luz que esta mañana me ha iluminado leyendo la Diana de Jorge de Montemayor. ¡Poesía!

No es cosa amor que aquel que no lo tiene
hallará feria a do pueda comprallo,
ni cosa que en llamándola se viene,
ni que le hallaréis yendo a buscallo;
que si de vos no nace, no conviene
pensar que ha de nacer de procurallo;
y pues que jamás puede amor forzarse
no tiene el desamado que quejarse.

Cambiando de tema. Últimamente he escuchado mucha nueva música y he leído muy pocos nuevos libros. Lo cual no está mal para variar un poco. (Es bueno desarrollar todos los sentidos, como cuando vas al gimnasio y te hacen una tabla de ejercicios variada y completita...) Ante todo he explorado los territorios del buen metal y del buen rock progresivo. Pero hoy me he reconciliado con el pop. Y ha sido a lo grande, como pegarse una ducha bajo una cascada de estrellas: Mercury Rev - The Secret Migration. Una auténtica maravilla.

Editando: Oh, sí, Mercury Rev está genial. Pero, para mi gusto, mejores que The Secret Migration son: Deserter’s Songs [1998] (ay, ¿cómo me lo pude perder en esa época tan apropiada?), una preciosidad de disco de pop psicodélico, de esos irrepetibles, redondos, absolutamente deliciosos; y See You On The Other Side [1995], éste mucho menos pop y más experimental y psicodélico, pero con esa misma magia sonora.

El silencio de los pastores

Hacía mucho que no enlazaba un artículo de José Javier Esparza. Ahí queda éste, a tono con la Navidad... y el Solsticio.

El silencio de los pastores (postal de Navidad).

Siempre que llegan estas fechas oímos en medios católicos un lamento generalizado: la Navidad se paganiza. Ojalá fuera eso.

Me explico: lo pagano, después de todo, no deja de ser una religión o, mejor dicho, muchas religiones. Y precisamente la Navidad (lo que hoy llamamos así) era una de sus fiestas más sagradas. Por el contrario, lo que tenemos ahora enfrente no es cristiano ni pagano, sino una simple apoteosis del materialismo más aplastante. Quienes pretenden desterrar la religión –así de los planes de enseñanza como de la Navidad- no son sofisticados patricios que filosofan sobre el origen mientras sacrifican bueyes, ni joviales bárbaros que fornican en las fuentes a la salud de los genios del bosque. Quienes pretenden arrancar de nuestras sociedades lo espiritual, bajo todas sus formas, son los traficantes del materialismo primario, esa idolatría donde el dinero es un fin en sí –y el consumo, su liturgia. El enemigo de la Navidad no es el paganismo (que, por otra parte, ya no hay): es el despotismo de la economía. No conviene equivocarse de enemigo. (Más.)

Momentos de belleza

Estoy leyendo La Galatea de Cervantes. Tenía interés en la literatura pastoril por el simbolismo que encierra la figura del pastor de estas novelas, una especie de "hombre primordial" que vive en contacto y armonía con la naturaleza, entregado al amor en medio de un locus amoenus que es espejo del Paraíso. Confieso, sin embargo, que el interés que me suscita lo pastoril plasmado en esta obra concreta venía decayendo con la lectura de las prosas y poesías del autor de El Quijote. Y es que La Galatea es un libro extenso, denso y demasiado alejado del gusto moderno. Quizá debería haber acometido antes la lectura de la Diana de Montemayor, más genuinamente pastoril y menos denso.

Con todo, hoy he abierto el libro por la página 227 de la edición de Cátedra para reanudar la lectura y el poema de Artidoro ha penetrado en mi alma como una dulce flecha que da en el blanco del corazón y enciende los sentidos.

En áspera, cerrada, escura noche,
sin ver jamás el esperado día,
y en contino crecido, amargo llanto,
ajeno de placer, contento y risa,
merece estar, y en una viva muerte,
aquel que sin amor pasa la vida.

¿Qué puede ser la más alegre vida
sino una sombra de una breve noche,
o natural retrato de la muerte,
si en todas cuantas horas tiene el día,
puesto silencio al congojoso llanto,
no admite el amor la dulce risa?

Do vive el blando amor, vive la risa,
y adonde muere, muere nuestra vida,
y el sabroso placer se vuelve en llanto,
y en tenebrosa, sempiterna noche
la clara luz del sosegado día;
y es el vivir sin él, amarga muerte.

Los rigurosos trances de la muerte,
no huye el amador; antes con risa
desea la ocasión y espera el día
donde pueda ofrecer la cara vida
hasta ver la tranquila, última noche,
al amoroso fuego, al dulce llanto.

No se llama de amor el llanto, llanto,
ni su muerte llamarse debe muerte,
ni a su noche dar título de noche:
que su risa debe llamarse risa,
y su vida tener por cierta vida,
y sólo festejar su alegre día.

¡Oh venturoso para mí este día,
do pude poner freno al triste llanto,
y alegrarme de haber dado mi vida
a quien dármela puede, o darme muerte!
¿Mas qué puede esperarse, si no es risa,
de un rostro que al sol vence y vuelve en noche?

Vuelto ha mi escura noche en claro día
amor, y en risa mi crecido llanto,
y mi cercana muerte en larga vida.

El camino del amor es contradictorio. Más aún, la clave es la pura contradicción. Noche y día, risa y llanto, muerte y vida. Deliciosa poesía la de Artidoro. Tras esta lectura, he seguido con el siguiente fragmento en prosa y al parecer el regalo que el pastor me ha hecho ha atado mi atención al texto revelando el ritmo poético de la narración como una delicia tan magistral como el anterior poema.

Hay que agradecer estos momentos de belleza. Le llenan a uno de luz.

Hojear

Echaba de menos la sensación de ir a la librería a pasar un rato hojeando páginas de sueños y fantasías. A veces voy con la intención de comprar un libro en concreto, o simplemente voy a mirar, curiosear, disfrutar. Hay ocasiones entonces en que el presente desbarata mis proyectos o mis reparos y doy con un libro que mágicamente capta mi atención, o con otro del que había oído hablar pero nunca me decidí a comprar; esas historias en papel brillan con una luz misteriosa y atraen como estrellas al deseo de explorar, contemplar, adentrarse en una tierra o un espacio tiempo ignotos.

Adoro esos momentos, los primeros pasos en una aventura leída en el corazón, la incertidumbre, la magia, el misterio de lo inexplorado. Contienen la esencia de uno de los pequeños y deliciosos placeres de la vida. Al menos para mí.

La biología del Amor

Muchas veces he sostenido que la mayor parte de las enfermedades que vivimos los seres humanos, si no todas, surgen desde el desamor, y se curan desde el amor en el amar. Esta afirmación mía ha sido criticada u objetada bajo el argumento de que no involucra una operacionalidad, pues no parece decir qué habría que hacer para aplicar el amar en terapia. A estas objeciones he respondido diciendo: "Es sencillo: lo que hay que hacer es amar. El amar es lo que ocurre en el vivir en las conductas relacionales a través de las cuales el otro, la otra o uno mismo surge como legítimo otro en convivencia con uno". *

[*]: Humberto Maturana Romesin.

Maturana es un biólogo chileno cuyas investigaciones, desde su campo científico, le han llevado a ver que el hombre crece como individuo y como especie en tanto que ama. La lectura de su obra resulta compleja, pero asombra ver hasta qué punto coincide en sus constataciones científicas con las mismas premisas del saber experiencial de las grandes tradiciones de sabiduría. No es de extrañar que la comunidad científica le ignore, pese a que nadie ha sido capaz de refutar sus tesis.

En otra ocasión hablaré más de Maturana y de sus investigaciones en torno al amor, lo que es tanto como decir en torno al ser humano.

Enderezar la nave

Los errores cometidos en la navegación nos sirven para aprender de ellos y enderezar el barco. A veces, cuando la travesía se ve dificultada en exceso por tormentas y vaivenes, los yerros son más graves y sus consecuencias peores de lo acostumbrado. Pero no hay que desesperarse, sino levantarse tras la caída, corregir el rumbo y proseguir el viaje con confianza. Pronto, la luz del firmamento acude en ayuda del marinero y vuelve la seguridad perdida tras la tormenta que provocó los errores. Y esa seguridad, esa fuerza, se vuelve incluso más brillante, más estable, más enriquecida desde la raíz que antes de que llegara el temporal y desbaratara los intentos del capitán por dirigir su propia nave.

Las pérdidas y los daños causados por la tormenta no desaparecen de la memoria ni pierden su carácter lamentable, por supuesto. Pero retomar el rumbo con decisión y coraje contribuye a repararlos en cierto sentido. Y a no volver a caer en los fallos que lamentamos.

En el fondo, como en el relato Poltarnees, la que mira al mar, de Lord Dunsany, el mar ama a los marineros que recorren sus sendas, aunque a veces provoque naufragios.

Aniversario y recapitulación (4)

Y, por fin, los sabOres.

SABORES...

Mitología griega y niñez.
8 de diciembre.
El triunfo de Brunhilde.
Esperando despertar.
Ola de frío.
Luces del olvido.
Una boda para el Amor.
Castillo de Loarre, piedra maternal.
El hombre cuando ama es un sol.
Poesía salvadora.
Primavera vuelve.

Doy por acabada esta selección que me propuse hacer para recapitular el primer año de vida de Santuario. En otra ocasión, trataré de seleccionar los artículos más valiosos (siempre desde mi punto de vista, claro) de las bitácoras que he ido siguiendo desde que conozco el mundo blogueril.

Aniversario y recapitulación (3)

Hoy, sabEres.

SABERES...
Ciclo del Fin de los Tiempos:
00. Introducción.
01. Beg Mac Dé.
02. Hesíodo.
03. Puranas.
04. Edda de Snorri.
05. Daniel.
06. Chilam Balam de Chumayel.
07. Völuspá.
08. Ovidio.

Solsticio de invierno (1) y (2).
El simbolismo del Belén.
Sobre esta caverna, santuario.
Confusiones dialógicas (I), (II) y (III).

Aniversario y recapitulación (2)

Seguimos con la selección de artículos aparecidos en Santuario durante este primer año de vida. Hoy, pensamientos.

PENSAMIENTOS...
Niños sin niñez.
Ciencia, filosofía, religión.
De la muerte y resurgir de los dragones.
Odio.
Utopías, identidades y perspectivas.
De verdades y mentiras.
Disfraces urbanos.
Navidad y familia.
Cyberpunk.
¿A dónde vamos?.
Sobre el Zen.
Las "siete condiciones" en el mundo moderno (I) y (II).
Sólo el Espíritu libera.
Occidente.
Arte moderno, supermercado del ego y "libertad" (1) y (2).
Sobre las artes marciales.
Fantasía moderna y relatos tradicionales.
Vocaciones.

Aniversario y recapitulación (1)

¡Por Crom! Con tanto tragicómico dolor, se me pasó el aniversario del blog. Esta nave comenzó su singladura el 17 de noviembre del año pasado con un enérgico y cargado de ilusión ¡salve!, entonado al viento y recogido al menos por mi amigo Carlos, que lo glosó con unas hermosas palabras de Hölderlin, el Poeta.

Sí, señores. Esta bitácora ya lleva un año en pie, sufriendo mis posteos, mis castigos al lector, mis ocasionales desvaríos propios de un egoblog... Pero, en serio, ha sido hasta ahora una experiencia muy gratificante. Escribir en Santuario me ha permitido clarificar y contrastar ideas, volcar mi ilusión por ciertos temas en el empeño de hacer algo bello y ofrecer mis puntos de vista al mundo o al viento. Pero ante todo, me ha brindado la ocasión de hacer buenos amigos y mantener algunas charlas y relaciones entre blogs que recuerdo con mucho cariño.

A modo de recapitulación, pongo a continuación los enlaces a algunos de los artículos publicados en Santuario que me parecen más logrados o interesantes, o simplemente con los que me lo he pasado especialmente bien. Parece algo vanidoso por mi parte, y probablemente algo de vanidad esconde el acto, pero me sirve para volver una mirada hacia atrás, valorar el camino recorrido, y echar a andar hacia delante con ilusión renovada.

Vayamos por temas. Hoy, ficciones y miradas. Mañana, más.

FICCIONES...
Seres oscuros.
La Canción del Troll.
Esclavos del loto negro.

MIRADAS...
La fuga de Logan.
De desnudos y metamorfosis.
Prerrafaelismo.
Héroes y caminos. Lectura espiritual de Spider-Man.
Mi gran boda griega.
El Final de los Tiempos. El Dolor.
La escritura del tigre.
Romance del conde Arnaldos.
La boda del Monzón.
Arrepentimiento.
Starship Troopers.

El dolor

Cierto es que la crisis, para que sea crisis de verdad, conlleva dolor. Pero hay veces en que el dolor se hace insoportable. Hay que expulsarlo, hay que expresarlo, hay que exorcizarlo como a un demonio. Es una necesidad acuciante cuando uno experimenta en sus carnes que... la vida duele. Y mucho. Claro que lo difícil es aceptarlo. Huir del dolor no es solución. No, no, no. Pero gritar ayuda a soportarlo mejor. Aunque sea un grito silencioso. O un trágico "¡Ay, pena!" exhalado del corazón angustiado, sin palabras, sin sonidos, sin explicaciones. ¿Necesita el dolor explicación? Es condición de ser humano sentir dolor, provocar dolor, huir del dolor. Dolor, dolor, dolor. Lo difícil es aceptarlo. ¡Oh, dioses! -gritaría un enmascarado en un escenario tenuemente iluminado-. ¡Llevaos mi dolor, mi pena, mi tristeza! ¡Acabad con mi vida, fulminad mi corazón! Pues tanto dolor no se hizo para corazón humano, sino para bestia o para dios.

Pero el hombre es un dios cuando sueña, canta el poeta, y también los sueños conllevan dolor. El mundo es placer y sufrimiento, enseñan los sabios. Si vivo en un valle de lágrimas, deseo hundirme en él, bañarme en sus aguas saladas, saborear el gozo y el dolor, aceptarlos, sublimarlos, elevarme al cielo y profundizar en la tierra. Sin dolor no hay vida, sin vida no hay dolor. ¿Qué mayor conocimiento hay que el saberse vivo, sensible al dolor, humano?

Oh, cielo. Oh, tierra. Oh, llama de amor que alientas la vida en lo alto y en lo profundo. Enséñame a aceptar el dolor para aceptar la vida. ¡Que mi paso por el mundo no sea en vano! ¡Que las espinas que laceran mi alma en esta dolorosa espera me fortalezcan, me hagan humilde y atrevido como un niño que abraza la vida sin miedo!

Crisis

crisis: Mutación considerable que acaece en una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya para agravarse el enfermo.

La historia de cada persona está jalonada por determinados tiempos de crisis que, de una forma u otra, han resultado decisivos en el devenir de su existencia. Aceptando la definición del diccionario como válida, consideremos la vida de un individuo como el proceso de un enfermo que, consciente o inconscientemente, lucha por sanar. En ese supuesto, si una persona media, sin especiales problemas serios que agraven su enfermedad natural, tiene, digamos, un "enfriamiento psíquico", los diferentes tiempos de crisis que le asaltan a lo largo de los años son en cierta forma provocados desde su interior para que lo que tiene que sanar sane. Sin crisis no hay sanación.

Sin crisis no hay crecimiento. Por eso, si te da la impresión de que gozas de un envidiable estado de orden y estabilidad en tu vida, échate a temblar, pues sin duda hay sombras agazapadas tras esa fachada de paz. Y saldrán. Si no salieran, no te darías cuenta de que hay algo que anda mal en tu vida. Para que una enfermedad sane, hace falta una crisis. Hay ciertas ocasiones en que la crisis que surge es demoledora, le deja a uno por lo suelos, sin esperanza. Justo esas, las más fuertes, son también las más beneficiosas. Cuanta más fuerza tienen, mayor es el acicate para moverse, para reaccionar.

Las crisis nos ayudan a crecer. La vida te pone delante un problema y, de pronto, toda esa fachada de orden y estabilidad se derrumba. ¡Pues sí que tenía problemas, pero no me había dado cuenta! Toda crisis es una oportunidad para despertar un poco más. Es como si la vida nos dijera: No te acomodes. Sal de ese caparazón. Ábrete, aprende a vivir sin miedo, con confianza.

Ante la crisis, lo mejor que puede hacer uno es aceptar. Aceptar esas sombras que había ocultado en el pasado, aceptar que tiene miedo a vivir. Y, a continuación, reaccionar. Bienvenidas sean las crisis. Porque le hacen a uno reflexionar y preguntarse: ¿cuál es mi problema con la vida? ¿Por qué tengo miedo a vivir, si vivir es justo lo que estoy haciendo desde que nací?

Esclavos del loto negro

Otro fragmento literario que me ha llamado poderosamente la atención. Pertenece al relato Xuthal del crepúsculo, de Robert E. Howard, publicado en septiembre de 1933. Aunque está ambientado en un contexto de fantasía heroica (el mundo de Conan), parece admitir ser trasladado al futuro o a nuestro presente aportándole un carácter distópico que lo acercaría a críticas próximas a la que hace Aldous Huxley en su novela Un mundo feliz o a la del clásico cinematográfico La fuga de Logan.

Esta gente duerme durante la mayor parte del tiempo. El sueño es para ellos tan importante y tan real como su vida de vigilia. ¿Has oído hablar alguna vez del loto negro? Crece en algunos lugares de la ciudad. Lo han cultivado durante muchos años y lograron que su jugo, en lugar de producir la muerte, proporcione sueños agradables y fantásticos. La gente se pasa la mayor parte del tiempo soñando. Sus vidas son vagas, impredecibles y carecen de objeto. Sueñan, despiertan, beben, aman, comen y vuelven a soñar. Rara vez terminan lo que comienzan porque inmediatamente vuelven a sumirse en el sueño del loto negro.

¿Podría parecer que se trata de un destino envidiable? Quizás a primera vista (y según si prefieres la pastilla roja o la pastilla azul... je). Pero a menudo, tras una vida aparentemente feliz y sin preocupaciones, acechan las más terribles sombras que se puedan concebir:

Se trata de Thog, el Antiguo, el dios de Xuthal, que habita en la cúpula hundida del centro de la ciudad. Siempre ha vivido en Xuthal. Nadie sabe si llegó con los antiguos fundadores o si ya estaba aquí cuando se construyó la ciudad. Pero la gente de Xuthal lo adora. Casi siempre duerme bajo la ciudad, pero a veces, a intervalos, siente hambre, y entonces vaga por los corredores secretos y por las habitaciones mal iluminadas buscando una presa. Por lo tanto, nadie está seguro. [...] Se extinguirán dentro de unas pocas generaciones y Thog tendrá que ir por el mundo en busca de nuevas presas o regresar a las tinieblas de las que vino hace siglos. Se dan cuenta de que están condenados [...] pero su fatalismo les impide oponer resistencia o huir. Ni una sola persona de esta generación ha salido de estas murallas. [...] Se trata de una raza en vías de extinción, ahogada por sueños provocados por el loto, mientras que sus horas de vigilia son estimuladas por el vino dorado que cura heridas, prolonga la existencia y da fuerzas a los libertinos.

Así que los que aparentaban ser dioses liberados del mundo no son más que presas de las tinieblas que acaso ellos mismos, en su decadencia, han instalado en el centro de su existencia. Son esclavos de una realidad virtual donde el ocio y la autosatisfacción ahogan cualquier atisbo de amor a la vida y a la verdadera libertad. Son muertos vivientes encadenados a sus propios deseos. Deshumanizados. Pasto de los demonios.

Sólo viven para sus placeres sensuales. Soñando o despiertos, sus vidas están llenas de éxtasis exóticos, muy superiores a los del resto de los hombres.

–¡Malditos degenerados! –exclamó Conan.

–Es cuestión de opiniones –repuso Thalis con ironía.

Esas dos aserciones podrían ser interpretadas como dos actitudes de nuestro tiempo ante la profunda crisis espiritual y moral que nos afecta: por un lado, la del rechazo tradicionalista (en boca de Conan); por otro, la del relativismo de Thalis que, tras analizar la muerte del Espíritu que ha acabado con la gente de Xuthal (pues ha sido ella la narradora de los males de su pueblo), responde con cínica complacencia ante su propio destino. Pero hay una tercera frase, pronunciada por Conan tras su primera reacción, la reacción de un bárbaro ajeno a la decadencia de la civilización. Una mucho más ambigua y que admite ser vista como una apertura a un nivel distinto, como una respuesta surgida desde otro ámbito:

–Bueno –murmuró el cimmerio–, creo que estamos perdiendo el tiempo. Veo que este no es un lugar adecuado para simples mortales. Nos iremos antes de que tus degenerados despierten o Thog nos devore. Sospecho que el desierto es un lugar mucho más acogedor.

La opción del desierto es la opción de la emboscadura que propusiera Ernst Jünger. Refugiarse allí es situarse en el lugar inhóspito, salvaje y peligroso en que nos enfrentamos a nosotros mismos escapando de la deriva del mundo, de la nave o el Leviatán. Supone, al mismo tiempo, conectar con aquello que nos hace humanos y nos enriquece para salir, renovados y libres, a la tierra que espera nuestro regreso y nuestra bendición. Nuestra acción transformadora, que no es otra –si salimos vivos del desierto o el bosque, o emergemos regenerados de nuestro paso por los infiernos– que la acción del Espíritu.

En el fondo, se trata de una opción que, dejando aparte interpretaciones alusivas a nuestro momento histórico, pertenece al ser humano en su totalidad: al de ayer, al de hoy y, con un poco de esperanza, al de mañana.

Monstruos y monstruosidades

Leyendo El último deseo de Andrzej Sapkowski, me topé hace poco con un diálogo muy interesante, de esos que resaltan con un brillo especial en la conciencia y te obligan a volver a leerlos despacio, con atención, pues comunican algo importante, una verdad que derriba muros de ideas preconcebidas.

Geralt de Rivia, un brujo que se dedica a cazar monstruos en un mundo fabuloso, es interpelado por su compañero de viajes sobre el extraño fenómeno que lleva a los hombres a sumar otros nuevos e imaginarios a los ya existentes. A lo que responde así:

–A la gente –Geralt volvió la cabeza– le gusta inventarse monstruos y monstruosidades. Entonces se parecen menos monstruosos a sí mismos. Cuando beben como una esponja, engañan, roban, le dan palos a su mujer, matan de hambre a su vieja abuelilla, golpean con un hacha a la raposa atrapada en el cepo o acribillan a flechazos al último unicornio del mundo, les gusta pensar que sin embargo todavía es más monstruosa que ellos la Muaré que entra en las casas a la aurora. Entonces, como que se les quita un peso de encima. Y les resulta más fácil vivir.

–Lo recordaré –dijo Jaskier al cabo de un rato de silencio–. Sacaré unas rimas y compondré un romance sobre ello.

–Componlo. Pero no cuentes con grandes aplausos.

Sin tener en cuenta el contexto literario, la alusión al unicornio resultaría paradójica: ¿la Muaré no existe pero sí el unicornio? Me parece que el autor, desde su juego con el género fantástico, hace un guiño al lector moderno expresando que no sólo es monstruosa la maldad de los hombres dirigida hacia sus semejantes, sino también –y acaso resulte tanto o más trágica por apuntar al espíritu– la que "acribilla" la fantasía, el símbolo, el Arte (representados por el unicornio), en estos tiempos de pulcra racionalidad.

Por cierto que también en el mundo real tenemos monstruos. Y monstruosidades. Como la que cuenta magistralmente el escritor Rafael Marín en Un payaso arrepentido, recomendable relato breve con que nos obsequia en su blog Crisei. Es evidente que el romance de Jaskier sí podría provocar aplausos en la posmodernidad. Pero... ¿hasta qué punto estarían los hombres de hoy más dispuestos que los de ayer a asumir que son ellos los verdaderos monstruos?

Cambios

Todo cambia. El mundo cambia, las ideas, los pueblos, los hombres. La vida cambia. (No es bueno tener miedo a los cambios de la vida; creedme.) La vida es cambio. Es el río de Heráclito. La realidad Una de fondo se manifiesta en la multiplicidad cambiante. La naturaleza, en su mutabilidad, es el camino para conocer la Vida, la Unidad, lo real.

También este blog cambia. Je. Me gusta el nuevo diseño. Más sencillo. Más bosque. Más santuario. También me gustaría renovar los contenidos. Más poesía. Más vida. Más cuidado en la redacción, más respeto por mí mismo, por las Musas y por los lectores. Más calidad y quizá (aunque no necesariamente) menos cantidad; en todo caso, más fidelidad al propósito inicial de esta bitácora: "hacer algo bello". Y también a mis pretensiones literarias.

Por cierto. ¿Alguien adivina a qué ilustración corresponde el nuevo logotipo? Un caramelo para el ganador. :-)

En otra ocasión, hablaré de los cambios en los enlaces.

Primavera vuelve

Habla Hiperión, escribe Hölderlin:

¿No envejece el hombre, no se marchita, no es como una hoja caída que no vuelve a encontrar su árbol y que es arrastrada por los vientos hasta que la arena la entierra?

¡Y, sin embargo, su primavera vuelve!

¡No lloréis cuando lo más perfecto se marchita! ¡Pronto se rejuvenecerá! ¡No os entristezcáis cuando calla la melodía de vuestro corazón! ¡Pronto vuelve a encontrar una mano que la hace brotar de nuevo!


Pero nos entristecemos... olvidando las alas que, si quisiéramos, nos permitirían volar en libertad, aquí o allá, en la calma o en la tempestad, porque siempre es primavera en lo más íntimo del corazón.

Somos...

«... como quien estando en medio del agua grita de sed,
como un niño de casa rica que anda errante entre los pobres.» *

[*]: Del Canto en alabanza del zazen, de Hakuin Zenji.