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Santuario

Para acabar, un poema

Un poema de William Wordsworth:

LAS MESAS SE VOLCARON

¡Arriba!, ¡arriba!, amigo mío, y aclara tu mirada,
¿por qué afanarse y preocuparse tanto de ese modo?
¡Arriba!, ¡arriba!, amigo mío, y deja tus libros,
porque en otro caso te habrás de volver doble.

El sol sobre la cima de la montaña,
un suave lustre fresco,
por todos los largos campos verdes ha extendido,
su primer amarillo dulce de la tarde.

¡Libros! es un pugnar aburrido y sin fin,
ven, escucha el verderón del bosque,
cuán dulce es su música; por mi vida
que hay más sabiduría en él.

¡Y escucha! ¡cuán alegre canta el tordo!
Y no es predicador mezquino;
acércate a la luz de las cosas,
Deja que la Naturaleza sea quien te enseñe.

Tiene un mundo de riquezas preparadas,
para bendecir nuestros pensamientos y nuestros corazones-
sabiduría espontánea que se respira con salud,
verdad inspirada con alegría.

Un impulso del bosque primaveral
puede enseñarte más del hombre;

de la moral del bien y el mal,
que todos los sabios reunidos.

Dulce es el conocimiento que trae la naturaleza;
nuestro intelecto asombrado
desfigura las formas hermosas de las cosas;
-asesinamos para poder ser minuciosos.

Basta de ciencia y de arte;
cierra esas hojas yermas;
ven aquí, y tráete un corazón
que contemple y que reciba.

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