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Montañas...

Montañas...

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Echo de menos las montañas. Echo de menos mi hogar norteño acunado por montes, cielo y bosques. Espacio salvaje donde los dioses juegan a los dados con los corazones de los hombres. Allí donde vive cada piedra y canta cada árbol. Allí donde a veces un dios, o una diosa, o un sol, o una luna, brillan como fuegos fatuos en nocturno ritual de amor furtivo. Estallan corazones en mi pueblo montañés; gobiernan Afrodita y Dioniso.

La sencillez, la libertad, la vida totalmente otra que es la vida en las montañas. La magia. La luz y las sombras. Y el sol y la luna y las estrellas y los ojos de las muchachas enamoradas.

Y siento vivamente que si no vivo eso, no vivo. ¿Dónde está aquella luz, aquella prosa poética que era la savia de cada día, aquella maravilla, aquel suspiro interminable, aquella energía inagotable? Aquí, en las horas oscuras de este pequeño mundo tecnificado, sólo veo soledad, ciudad, muerte, tristeza, añoranza. Apenas un reflejo marchito de lo que fue aquella supernova que destruyó murallas e iluminó el universo durante un tiempo tan hermoso, pero tan breve...

Quiero vivir contigo, cabalgando supernovas para siempre.

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4 comentarios

Daniel G. -

Hola, Dama Blanca.

En cambio, yo no conozco el sol de la bella Tartessos, y espero verla pronto.

Seguro que los dioses, gigantes, moras y demás habitantes de los vivos montes y bosques te recibirán con una sonrisa. Están allí, sólo hay que guardar silencio para escuchar su canto antiguo como la Tierra.

¡Un fuerte abrazo!

La Dama Blanca -

Te envidio por haber tenido la suerte de vivir allí, yo no conozco tus Tierras Brumas, solo el sol de Tartessos, pero espero algún día poder hablar con los Dioses de tus montañas.

un beso muy grande

Daniel G. -

Gracias a ti. ;-)

Antonio Martínez Jover -

Qué prosa poética más sublime, Daniel... Será porque también yo tengo corazón de montaña, pero me ha dejado destrozado leer esto: siento añoranza, y no sé de qué, si de los días que este urbanita ha podido disfrutar en los altos bosques, si de de alguna vida pasada, o si de la madre tierra que me llama a su vientre...

Muy grande esto tan breve que has escrito. Gracias.