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Escenas de una obra inconclusa

Escenas de una obra inconclusa

[I]

En aquel momento, vislumbré el abismo al que me había arrojado. "Ya está", me dije. "La he cagado." Encendí un cigarrillo y fruncí el ceño al notar el desagradable sabor del humo. No fumaba desde hacía meses. Mientras la combustión hacía su trabajo y nicotina y alquitrán llenaban el vacío de mis pulmones, pensé: "No hay marcha atrás". En efecto, el miedo se instaló en mis vías respiratorias y el humo ocupó el espacio de mi mente; un mundo estalló en mil pedazos y no pude reconstruirlo con los escombros.

Quizá vaya siendo hora de apagar el cigarrillo.


[II]

"La vida es maravillosa". Lo dijo el hombre de pelo cano con mirada risueña. Como respuesta guardé silencio. En realidad, sentía ganas de espetarle: "¿Ah sí? Pues tal como yo lo veo ahora, la vida es una puta mierda". No sé si el hombre de pelo cano hablaba desde cierta experiencia real de lo que decía o si estaba en una nube. Es verdad que la vida es una maravilla (me fío, lo acepto aunque mi mente ponga reparos), pero lo que yo, persona singular, experimento durante la tormenta es miedo, confusión, angustia, dolor. De poco me sirve que me digan que la vida es maravillosa cuando me están pinchando y duele. Hasta que llegue el momento en que vea la maravilla en lo que me gusta y en lo que me disgusta, el sufrimiento es una jaula que no me deja respirar.


[III]

El chico pesado que me daba dolor de cabeza adoptó un aire serio mientras sostenía un cigarro especial entre los dedos. "Hay ocasiones en que uno tiene que decir... ¡a tomar por culo!... y pensar en sí mismo".

Qué razón tenía el chico pesado que me daba dolor de cabeza, aun con cigarro especial entre los dedos.


[IV]

Es lo que había estado gritando en silencio desde hacía tiempo. "Fuego, camina conmigo". ¿Qué es lo que encontré? Fuego. Encendí el pitillo y ya me está quemando los dedos. Decidimos abandonar la seguridad de nuestros reinos para vivir la aventura de Troya; las naves están ardiendo en la playa. Coge una espada y pelea, muchacho. Poco importan las murallas de Ilión; baja de las nubes, siente el calor de la tierra. Abrirte camino entre la batalla es tu única opción. Que no te pisen mientras te lamentas por reinos perdidos y ciudades soñadas. Suelta todo el humo y respira aire fresco. Camina sobre las cenizas que dejó el fuego. Y no mires atrás.

No mires atrás.

2 comentarios

Daniel G. -

Estás en tu casa. :-)

Yo también pasé a curiosear por tu blog. Tienes un nuevo lector. ;-)

¡Besos!

M -

Pasé a curiosear...umm