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Etiquetando humanos

Etiquetando humanos

Si ya es negativo y antinatural etiquetar una obra artística, hacerla entrar en tal o cual estilo o subgénero (que en realidad no es más que una palabreja), cuánto más lo es etiquetar a las personas. Como plantear la cuestión de si eres heterosexual u homosexual como una pregunta crucial en tu vida que definirá lo que eres. Estas palabrejas, como en el caso de los estilos o subgéneros artísticos, no aluden a nada real; son invenciones, fantasmagorías, categorías creadas por la parte racional de nuestra mente, el portero, a quien le gusta tener bien contadas y agrupaditas a las ovejas. Son identidades impuestas por la patológica necesidad humana -acentuada en nuestros tiempos- de adquirir seguridades y tocar tierra para no tener que enfrentarnos al límite de lo conocido, al abismo, es decir, a la inseguridad de la vida real, a la temida libertad.

La naturaleza, el espíritu, el amor, no entienden de etiquetas.

Vale, entonces tanto la heterosexualidad como la homosexualidad son ideas, conceptos que no hacen sino coartar la verdadera sexualidad, libre en sí misma como infinitamente libre es el amor en sí. Entonces, ¿qué pasa? ¿Que en realidad todos somos bisexuales pero tiramos por un camino u otro? ¡Tampoco es eso! Esa es otra etiqueta. Está claro que cada uno tiene sus gustos, sus inclinaciones sexuales. Es natural, es así y ahí está. Cuáles son las causas en cada caso no me interesa. El problema viene cuando se llega a una dinámica en la que a muchos jóvenes confusos se les pone delante dos pastillas: la hetero y la gay; ha de tragar una de ellas, y su "elección" conllevará una serie de consecuencias de todo tipo que tienen que ver con su comportamiento y su "modo de vida", diseñado a imagen de la "cultura" correspondiente. El que asume que es gay y se adapta a los dictados, modas e identidad de la cultura gay, está matando en cierto modo su propia identidad, se está adaptando a un molde, negándose la libertad de ser como realmente es; es decir, como le plazca a él y sólo a él. Simplemente, ¡que viva! Algo parecido ocurre con el caso contrario, el que se dice a sí mismo: "soy heterosexual", lo que no es más que una negación de la opción contraria. La obsesión por las identidades y las diferenciaciones lleva a la deshumanización, al enfrentamiento y a la estrechez de miras.

Es lo mismo con cualquier asunto. Se trata de la alienación, que se adapta a todas las circunstancias y tiene montones de disfraces que va copiando de las propuestas que en un principio aparentan ser rompedoras de prejuicios y liberadoras. Aceptar el hecho (dictado por la sociedad) de que soy tal o cual cosa, va contra mi verdadera naturaleza, niega lo que soy en el fondo, porque lo que soy de verdad no conoce límites. Me convierte en una caricatura de ser humano. Somos infinitamente más ricos y libres que cualquier molde, identidad o ego que nos podamos imaginar. ¡El amor es infinito y es precisamente lo que nos hace libres! Que cada uno ame a quien quiera de forma sana y no se preocupe tanto de a qué bando pertenece. ¡Y ya está! (O, como dicen los japoneses, YA-TA!!). :-)

Como ha dicho una amiga mía sobre este asunto, ¿qué queremos ser? ¿Seres humanos o caricaturas? ¿Caricaturas de mujer, de hombre, de homosexual? ¿O bien mujeres, hombres, homosexuales de verdad?

3 comentarios

Jorge -

El artículo que se expone aquí encaja, al menos, con mi modo de ver la vida. No se puede vivir detrás de una ventana mirando si la vecina sale o entra...¿no tenemos ya bastantes problemas personales como para llevar la cuenta de otros?, pues bien, el tema de la homosexualidad, heterosexualidad, etc, etc, es una miserable etiqueta, como dicen aquí, que ha puesto una sociedad que está enferma y carente de identidad propia. Hay personas que son llámeseles lesbianas, homosexuales o como sea que son maravillosas, como las hay de las otras de las \"normales\". ¿Qué mas dá la inclinación sexual?, ¿acaso todos tenemos que comer manzanas porque lo dicta un tipo que ni siquiera a él le gustan?.

La humanidad debe acceder a unas nuevas miras, a unos puntos de vista o conciencia más abiertos, dejarse de juzgar y emplear ese tiempo perdido de juicios absurdos en aumentar esa pobre estrechez de miras. Su sitio web es magnífico y le animo a que continúe con esta labor, es posible que con sitios como este, una gran masa de gente comience a ver las cosas fuera de la subjetividad cegadora a la que están encandenados.
Suerte!!

Daniel G. -

Sí, supongo que hay una inercia que nos arrastra a catalogar y a juzgar antes de conocer de verdad. Es más cómodo, pero así se es muy injusto con la realidad, con la gente y con nosotros mismos...

Besos.

La Dama Blanca -

El mundo aún tiene que crecer mucho para entender que sólo somos personas, con un gran abanico de emociones que si se reprimen sólo traen efectos negativos.

Odio que siempre tengan que catalogar y ponerle el cartelito a todas las cosas, con lo que nadie puede ser sincero, porque nadie entra dentro del cartel de la perfeccion...

Hay mucho intolerante por ahi.

Besos