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Momentos de belleza

Estoy leyendo La Galatea de Cervantes. Tenía interés en la literatura pastoril por el simbolismo que encierra la figura del pastor de estas novelas, una especie de "hombre primordial" que vive en contacto y armonía con la naturaleza, entregado al amor en medio de un locus amoenus que es espejo del Paraíso. Confieso, sin embargo, que el interés que me suscita lo pastoril plasmado en esta obra concreta venía decayendo con la lectura de las prosas y poesías del autor de El Quijote. Y es que La Galatea es un libro extenso, denso y demasiado alejado del gusto moderno. Quizá debería haber acometido antes la lectura de la Diana de Montemayor, más genuinamente pastoril y menos denso.

Con todo, hoy he abierto el libro por la página 227 de la edición de Cátedra para reanudar la lectura y el poema de Artidoro ha penetrado en mi alma como una dulce flecha que da en el blanco del corazón y enciende los sentidos.

En áspera, cerrada, escura noche,
sin ver jamás el esperado día,
y en contino crecido, amargo llanto,
ajeno de placer, contento y risa,
merece estar, y en una viva muerte,
aquel que sin amor pasa la vida.

¿Qué puede ser la más alegre vida
sino una sombra de una breve noche,
o natural retrato de la muerte,
si en todas cuantas horas tiene el día,
puesto silencio al congojoso llanto,
no admite el amor la dulce risa?

Do vive el blando amor, vive la risa,
y adonde muere, muere nuestra vida,
y el sabroso placer se vuelve en llanto,
y en tenebrosa, sempiterna noche
la clara luz del sosegado día;
y es el vivir sin él, amarga muerte.

Los rigurosos trances de la muerte,
no huye el amador; antes con risa
desea la ocasión y espera el día
donde pueda ofrecer la cara vida
hasta ver la tranquila, última noche,
al amoroso fuego, al dulce llanto.

No se llama de amor el llanto, llanto,
ni su muerte llamarse debe muerte,
ni a su noche dar título de noche:
que su risa debe llamarse risa,
y su vida tener por cierta vida,
y sólo festejar su alegre día.

¡Oh venturoso para mí este día,
do pude poner freno al triste llanto,
y alegrarme de haber dado mi vida
a quien dármela puede, o darme muerte!
¿Mas qué puede esperarse, si no es risa,
de un rostro que al sol vence y vuelve en noche?

Vuelto ha mi escura noche en claro día
amor, y en risa mi crecido llanto,
y mi cercana muerte en larga vida.

El camino del amor es contradictorio. Más aún, la clave es la pura contradicción. Noche y día, risa y llanto, muerte y vida. Deliciosa poesía la de Artidoro. Tras esta lectura, he seguido con el siguiente fragmento en prosa y al parecer el regalo que el pastor me ha hecho ha atado mi atención al texto revelando el ritmo poético de la narración como una delicia tan magistral como el anterior poema.

Hay que agradecer estos momentos de belleza. Le llenan a uno de luz.

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