Blogia
Santuario

Enderezar la nave

Los errores cometidos en la navegación nos sirven para aprender de ellos y enderezar el barco. A veces, cuando la travesía se ve dificultada en exceso por tormentas y vaivenes, los yerros son más graves y sus consecuencias peores de lo acostumbrado. Pero no hay que desesperarse, sino levantarse tras la caída, corregir el rumbo y proseguir el viaje con confianza. Pronto, la luz del firmamento acude en ayuda del marinero y vuelve la seguridad perdida tras la tormenta que provocó los errores. Y esa seguridad, esa fuerza, se vuelve incluso más brillante, más estable, más enriquecida desde la raíz que antes de que llegara el temporal y desbaratara los intentos del capitán por dirigir su propia nave.

Las pérdidas y los daños causados por la tormenta no desaparecen de la memoria ni pierden su carácter lamentable, por supuesto. Pero retomar el rumbo con decisión y coraje contribuye a repararlos en cierto sentido. Y a no volver a caer en los fallos que lamentamos.

En el fondo, como en el relato Poltarnees, la que mira al mar, de Lord Dunsany, el mar ama a los marineros que recorren sus sendas, aunque a veces provoque naufragios.

0 comentarios