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Santuario

El dolor

Cierto es que la crisis, para que sea crisis de verdad, conlleva dolor. Pero hay veces en que el dolor se hace insoportable. Hay que expulsarlo, hay que expresarlo, hay que exorcizarlo como a un demonio. Es una necesidad acuciante cuando uno experimenta en sus carnes que... la vida duele. Y mucho. Claro que lo difícil es aceptarlo. Huir del dolor no es solución. No, no, no. Pero gritar ayuda a soportarlo mejor. Aunque sea un grito silencioso. O un trágico "¡Ay, pena!" exhalado del corazón angustiado, sin palabras, sin sonidos, sin explicaciones. ¿Necesita el dolor explicación? Es condición de ser humano sentir dolor, provocar dolor, huir del dolor. Dolor, dolor, dolor. Lo difícil es aceptarlo. ¡Oh, dioses! -gritaría un enmascarado en un escenario tenuemente iluminado-. ¡Llevaos mi dolor, mi pena, mi tristeza! ¡Acabad con mi vida, fulminad mi corazón! Pues tanto dolor no se hizo para corazón humano, sino para bestia o para dios.

Pero el hombre es un dios cuando sueña, canta el poeta, y también los sueños conllevan dolor. El mundo es placer y sufrimiento, enseñan los sabios. Si vivo en un valle de lágrimas, deseo hundirme en él, bañarme en sus aguas saladas, saborear el gozo y el dolor, aceptarlos, sublimarlos, elevarme al cielo y profundizar en la tierra. Sin dolor no hay vida, sin vida no hay dolor. ¿Qué mayor conocimiento hay que el saberse vivo, sensible al dolor, humano?

Oh, cielo. Oh, tierra. Oh, llama de amor que alientas la vida en lo alto y en lo profundo. Enséñame a aceptar el dolor para aceptar la vida. ¡Que mi paso por el mundo no sea en vano! ¡Que las espinas que laceran mi alma en esta dolorosa espera me fortalezcan, me hagan humilde y atrevido como un niño que abraza la vida sin miedo!

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