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Monstruos y monstruosidades

Leyendo El último deseo de Andrzej Sapkowski, me topé hace poco con un diálogo muy interesante, de esos que resaltan con un brillo especial en la conciencia y te obligan a volver a leerlos despacio, con atención, pues comunican algo importante, una verdad que derriba muros de ideas preconcebidas.

Geralt de Rivia, un brujo que se dedica a cazar monstruos en un mundo fabuloso, es interpelado por su compañero de viajes sobre el extraño fenómeno que lleva a los hombres a sumar otros nuevos e imaginarios a los ya existentes. A lo que responde así:

–A la gente –Geralt volvió la cabeza– le gusta inventarse monstruos y monstruosidades. Entonces se parecen menos monstruosos a sí mismos. Cuando beben como una esponja, engañan, roban, le dan palos a su mujer, matan de hambre a su vieja abuelilla, golpean con un hacha a la raposa atrapada en el cepo o acribillan a flechazos al último unicornio del mundo, les gusta pensar que sin embargo todavía es más monstruosa que ellos la Muaré que entra en las casas a la aurora. Entonces, como que se les quita un peso de encima. Y les resulta más fácil vivir.

–Lo recordaré –dijo Jaskier al cabo de un rato de silencio–. Sacaré unas rimas y compondré un romance sobre ello.

–Componlo. Pero no cuentes con grandes aplausos.

Sin tener en cuenta el contexto literario, la alusión al unicornio resultaría paradójica: ¿la Muaré no existe pero sí el unicornio? Me parece que el autor, desde su juego con el género fantástico, hace un guiño al lector moderno expresando que no sólo es monstruosa la maldad de los hombres dirigida hacia sus semejantes, sino también –y acaso resulte tanto o más trágica por apuntar al espíritu– la que "acribilla" la fantasía, el símbolo, el Arte (representados por el unicornio), en estos tiempos de pulcra racionalidad.

Por cierto que también en el mundo real tenemos monstruos. Y monstruosidades. Como la que cuenta magistralmente el escritor Rafael Marín en Un payaso arrepentido, recomendable relato breve con que nos obsequia en su blog Crisei. Es evidente que el romance de Jaskier sí podría provocar aplausos en la posmodernidad. Pero... ¿hasta qué punto estarían los hombres de hoy más dispuestos que los de ayer a asumir que son ellos los verdaderos monstruos?

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