Blogia
Santuario

Vocaciones

"Cada vez hay menos vocaciones". Es algo que se dice mucho últimamente al constatar que el número de personas que deciden consagrar su vida a una orden religiosa desciende a pasos agigantados.

¿Es correcta esa sentencia? Al oírla, me sugiere algo así como si Dios alentara menos a los seres humanos a dedicarse a la vida espiritual. Realmente habría que decir, pienso, que el terreno de la vocación está cambiando. No es cierto que el anhelo de una profundización en la interioridad del ser humano esté descendiendo, sino más bien sucede todo lo contrario. Debido a la deshumanización progresiva de esta sociedad que aumenta el vacío existencial de los seres humanos, cada vez hay más personas que sienten que algo les falta, y que, interesadas en vivir una vida más plena, se acercan seriamente a vías contemplativas surgidas dentro del cristianismo (ejercicios espirituales, oración de Jesús...) o fuera de él (zen, yoga, etc.). Si entendemos, pues, vocación como la "inspiración con que Dios llama a algún estado, especialmente al de la religión" (así reza el diccionario), y lo traducimos a un lenguaje más general diciendo que es la inquietud que desde el fondo del ser humano llama a éste a buscarse a sí mismo entrando en un camino o una disciplina espiritual, lo cierto es que las vocaciones crecen a un ritmo cada vez mayor.

¿Qué ocurre entonces? ¿Por qué los conventos y monasterios corren el peligro de quedarse vacíos en un plazo de cincuenta años? ¿Por qué cada vez es menor la afluencia de futuros sacerdotes a los seminarios? Todo parece indicar que el ámbito donde el ser humano busca la profundidad está cambiando. Esto ocurre desde hace mucho tiempo, pero es ahora cuando salta a la vista al aparecer en las noticias con cada vez mayor frecuencia un nuevo convento que cierra sus puertas. Se da la circunstancia de que muchos de los conventos que van viendo disminuir el número de sus integrantes, abren sus puertas a grupos de oración y de meditación. Grupos de personas que viven sus vidas en el mundo, pero que, debido a esa inquietud profunda que les lleva a buscar el sentido de la vida, andan un camino en su vida diaria y se reúnen para hacer retiros intensivos aprovechando sus vacaciones.

¿Por dónde irá el terreno de las "vocaciones" en el futuro? ¿Se compaginará bien la vida en el mundo con la experiencia espiritual? ¿Volverán a surgir monasterios en un nuevo contexto? Supongo que todo dependerá de las circunstancias de este mundo cambiante cuyo rumbo está envuelto en la oscuridad de un futuro no desvelado; y, ante todo, dependerá de lo que tenga planeado el Espíritu, que sopla donde quiere.

De lo que no me cabe duda es de que, sea cual sea el proyecto del Espíritu, será para bien, y que en cualquier circunstancia, el compromiso "vocacional" de los hombres y mujeres que viven una vida espiritual transformándose y andando el camino de la vida en este mundo con más luz, redunda y redundará en beneficio de todos. Creo que, hoy más que nunca, "el Espíritu gime con dolores de parto". Este mundo necesita urgentemente luz, aportada desde lo más íntimo del ser humano. Es la única manera de evitar la catástrofe. Y catástrofes hay de muchos tipos. La muerte del hombre no sólo puede venir por una guerra o un cataclismo natural, sino por el simple olvido de lo que somos en el fondo. Sólo desde la conciencia iluminada de un hombre construido por el Espíritu a través de la contemplación surge la respuesta adecuada a una situación de crisis. Por eso, hoy más que nunca, es necesario volver la mirada hacia dentro y constatar la naturaleza propia. O nos olvidaremos de la vida definitivamente para caer en una muerte que ya tiende su negro manto sobre el mundo.

Merece la pena creer en el ser humano, en una vida real y en un mundo con sentido. Y luchar por ello.

0 comentarios