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Lecturas

Este verano no he podido leer tanto como hubiera querido, ni probablemente meditar esas lecturas convenientemente, pero intentaré comentar brevemente los últimos libros que he leído.

Esoterismo islámico y taoísmo, de René Guénon, recoge comentarios del autor sobre diversos aspectos profundos de la vía Sufí, en la primera parte, y otros del Taoísmo, en la segunda. Interesante, pero a mi parecer el volumen necesitaría algún artículo más del autor en el que se explicara mejor la semejanza que él veía entre estas dos grandes tradiciones. Por otra parte, uno se pierde bastante si no tiene un conocimiento previo más general de ellas.

Zen y mística cristiana, del padre jesuita Hugo-M. Enomiya Lassalle (uno de los primeros introductores del Zen en Occidente) es un libro estupendo, de gran interés especialmente para cristianos que quieran vivir su espiritualidad de un modo más profundo, ya que el Zen y la mística cristiana, como se ve en el libro, apuntan a la misma realidad profunda del Ser que nos transfigura y nos ilumina para una vida más plena. En él se abordan por separado las características y la historia del Zen, luego las de las enseñanzas de los místicos cristianos y, al final del libro, la relación profunda que se puede establecer entre estas dos tradiciones de sabiduría (relación en lo espiritual, se entiende, pues todo camino auténtico lleva a los mismos fines). Me resultó muy provechoso, ante todo y aparte del conocimiento que aporta sobre el Zen, como aproximación a las distintas corrientes místicas cristianas. El estilo ameno y exhaustivo del autor es otro punto a favor. También expone en algunos momentos sus propias apreciaciones sobre ciertas corrientes modernas, apreciaciones bien delimitadas dentro del conjunto. En todo caso, el Padre Lassalle es fiel a las tradiciones que da a conocer y deja entrever su gran experiencia como practicante de Zen, sus grandes conocimientos, su profunda vivencia del cristianismo y su hondura espiritual como ser humano.

Jesús, el Hijo. Textos de los Padres de la Iglesia, un librito editado por Nello Cipriani, da una visión global de la rica tradición patrística a través de textos agrupados por temas y carentes de farragosas anotaciones, que Cipriani suple con una efectiva introducción que resume el desarrollo de los temas tratados por los Padres. Resulta una lectura fresca, profunda y bien estructurada.

Para acabar con la Edad Media, de Régine Pernoud, es un libro corto, ameno y exhaustivo en el que la autora, medievalista consagrada y amante de la Historia (y de la verdad, lo cual no siempre se da en los historiadores divulgativos), pasa revista a una serie de tópicos que durante mucho tiempo, y aun hoy, han convertido a la época medieval en una era de oscuridad, ignorancia, brutalidad y barbarie. Esos tópicos, aprendidos en la escuela y aceptados por todos desde la época neoclásica, se revelan falsos desde el estudio objetivo de los datos y, muchas veces, desde el simple sentido común. El estilo de la autora es ameno y aborda todos los temas que trata con una fina ironía y una contundente seguridad basada en el estudio serio de la Historia. Un libro imprescindible para apreciar con más justicia mil años de la historia de Occidente que han sido eliminados de un plumazo por los académicos de la era de la diosa Razón y sus desvaríos.

Aún no he terminado la lectura de la Divina Comedia de Dante, una obra increíblemente rica, fruto del saber medieval y que, por sus varias lecturas posibles, resulta muy grande como para comentarla en un párrafo. Más adelante, quizá me atreva a hablar más de ella. Me pasa un poco como con el Hiperión de Hölderlin, que leí antes del verano; ambas obras me parecen de una belleza sublime y me han aportado mucho, y sin embargo no encuentro palabras para hablar de ellas como lo hago sobre otros libros. Aparte de que me cuesta volver al teclado con soltura y lucidez. Poco a poco...

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