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Santuario

De vuelta

He vuelto. Llevo un par de días pensando qué escribir o si escribir algo. Por el momento, me parece mejor recomendar las reflexiones de Hernán en Esperando Nacer, como siempre ricas en sensibilidad y lucidez:

¿No se sienten ustedes embotados?
¿No les parece que tienen los oídos tapados, los ojos miopes y legañosos?
¿No sienten que van por el mundo con la torpeza y la insensibilidad de un sonámbulo? ¿No tienen la sospecha -es más: la seguridad- de que un mílimetro más allá de esta piel de rinoceronte que nos cubre el universo es algo nítido y deslumbrante?
¿No les espanta tener tan escasa capacidad para el gozo -y aun también para la tristeza? ¿No creen que si uno pudiera limpiarse los ojos, si uno pudiera mirar con el alma desnuda un niño jugando en una plaza, el agua que sale de la caniilla, las hebras del té que estoy tomando, el portero que manguerea la vereda a la mañana, la chica que lee a Bucay en el subte... si uno pudiera verdaderamente verlos, no creen que uno quedaría abrumado de admiración, de compasión, de alegría y de gratitud?
¿Y no creen que esta incapacidad tiene algo de trágico y de culpable? (Leer más).

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