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La verdad sí importa

"Se haya llegado o no a alcanzar el umbral de la fe, lo que no puede aceptarse es la pretensión de querer reducir el matrimonio y la familia a un mero 'producto cultural' susceptible de ser vivido y regulado como se le antoje a cada uno o a las corrientes y poderes más influyentes de la sociedad, prescindiendo e, incluso, yendo en contra de lo que está marcado por la estructura fundamental del ser humano".

"Si es la misma autoridad pública, el Estado, el que se dispone a establecer en el ordenamiento jurídico una fórmula que niega la esencia misma del matrimonio, el daño que se causaría al bien de la verdadera familia, a los hijos y a toda la sociedad sería incalculable".

"La familia sí importa. Importa tanto que de su estabilidad y prosperidad depende decisivamente el bien y la salvación de la persona y de toda la sociedad", asegura el cardenal arzobispo. Asimismo, explicó que "nuestros padres nos han dado la vida en un sentido que va mucho más allá de lo puramente biológico." (El cardenal Rouco Varela).

Esas últimas siete palabras en negrita contienen un tesoro. ¡Ah!, si ese tesoro fuera comprendido, tan sólo vislumbrado por los que arremeten contra la familia en pos de nuevos votos para afianzar el poder... ¿Y si fuera explicado el sentido profundo, fundamental para la humanidad, espiritual más que afectivo, que hay en ese sacerdocio que es el darse él a ella y ella a él (y no solamente una "persona" a otra "persona") y engendrar al niño nacido del amor? En fin, quizá ya sea bastante que se intente defender la verdad en un plano social, como para entrar en el plano metafísico. ¿Servirá de algo manifestarse? No lo sé, pero decir la verdad nunca ha sido negativo. La verdad es una semilla que, aun sumergida en las tinieblas del relativismo, acaba triunfando en un nuevo amanecer.

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