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Sobre las artes marciales

Las artes marciales pueden servir para aprender ciertas cosas que son susceptibles de ser trasladadas a otros ámbitos, a la "vida cotidiana", por ejemplo. Pero sucede como con todas las actividades humanas, más si han sido legadas por la tradición; son susceptibles, como los buenos libros y el verdadero Arte, de dar lugar a varias lecturas.

Una de esas lecturas, en el caso concreto de las artes marciales, es la moral. Es bien sabido que uno aprende en el tatami ciertos valores –actitud digna, respeto al rival, compañerismo, disciplina...– que luego evidentemente le van a servir en el campo de batalla de la vida. En cierto sentido, uno se forma en el tatami para la vida, y desde luego esas cosas se notan, además de que se goza de un mejor estado de salud tanto corporal como anímica.

Pero no es eso lo más importante, el meollo de la práctica de las artes marciales, aunque es habitual que uno se acerque a ellas en busca de una forma de mejorar su salud y "sentirse mejor". En realidad, esas cosas vienen añadidas con la práctica.

¿Qué es lo más importante, entonces, en las artes marciales? Pues eso se va descubriendo con el entrenamiento. Lo importante es ser fiel a la práctica y entregarse a lo que se está haciendo, tratando de no detenerse en esos pensamientos, ideas y deseos con que uno se suele acercar a esto; me refiero precisamente al deseo de mejorar la salud, sentirse mejor, tener un buen estado físico, saber defenderse, "competir" y no hablemos de deseos oscuros como aprender a luchar para hacer daño a otros. Todo eso es alimento del ego. Y de lo que se trata en las artes marciales, si son bien entendidas, es de practicar y practicar hasta que ya no haya un yo que practica, sino únicamente la práctica. Para eso son útiles los valores "morales" de los que hablaba al principio y la disciplina, pero no son en absoluto el fin.

Cuando hago un kata, a medida que mi entrenamiento va madurando, voy tratando de simplemente hacer el kata, y poco a poco va ocurriendo lo verdaderamente importante en el kárate y en todas las artes marciales: que, en un momento dado, deje de estar yo haciendo el kata y pase a haber simplemente el kata haciéndose. Esto no se puede entender si no se ha vivido en alguna medida, y no sirve de nada hacerse ilusiones al respecto; lo importante es practicar, con olvido de sí, con entrega total al aquí y ahora. No hay otra cosa, en este momento, más que el aquí y el ahora. En la medida en que uno va aceptando esto, va creciendo una fuerza en su interior que no es suya, y esto no es lenguaje poético; se constata con la experiencia.

Por supuesto, no hay que olvidar varias cosas. Por ejemplo, que en la actualidad las artes marciales que se practican son en mayor o menor medida adaptaciones modernas, desvinculadas de la tradición integral en la que se desarrollaron. Esto conlleva que hoy ya no se entienden como lo que son en realidad, sino que se enseñan y se promueven por lo general con motivaciones orientadas al ego. En mi opinión la clave para hacerlo con sentido, si uno quiere practicar con seriedad, es hacerlo sin ninguna motivación.

Otra cosa que nunca hay que perder de vista es que las artes marciales, además de todo esto que estoy comentando, son técnicas para cortar cabezas. Creo que ese es un punto que hay que tener en cuenta, y que no se puede eliminar de un plumazo, pues es algo que a uno le interpela. Toda visión romántica de las artes marciales cae ante ese hecho.

Por último, algo muy importante: las artes marciales no son caminos espirituales, pese a que pueda parecer que yo lo creo por lo que he dicho. Sin ninguna vinculación con una tradición integral o sin ninguna práctica consciente y subordinada a un verdadero Camino de realización (como por ejemplo el Zen), no son más que deportes, ejercicios saludables para el cuerpo y el alma y sistemas de combate. Y aun en contacto con un Camino, no son sino aplicaciones, medios y prácticas complementarias, que pueden ayudar a ese crecimiento interior, pero no por sí mismas, sino por el Camino.

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