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"Agnosticismo" e inquietud espiritual en Borges

Hace poco me enteré de que Borges, que se declaraba agnóstico, quiso ser enterrado en un cementerio católico. Hace un tiempo, un amigo me contó lo mismo acerca de otro intelectual con inquietudes espirituales pero alejado durante su vida de la religión: Jünger. (Por cierto que tengo pendiente su libro La Emboscadura; ahora que llegan las vacaciones le hincaré el diente.)

Resulta curioso que personas que se declaran agnósticas expresen su deseo de ser enterradas por el rito católico. Sin embargo, quizá no sea tan extraño si recuperamos el verdadero sentido de la palabra agnóstico: «quiere decir en un sentido escricto que las realidades últimas (Dios, el alma, el significado del mundo) no son asequibles por la razón, pero pudiera ser que sí por otros medios. Por tanto, agnóstico no es necesariamente sinónimo de increyente o indiferente (que es la acepción que ha tomado hoy esta palabra). Así pues, Borges como agnóstico podría significar que le preocuparn o interesan vitalmente estos temas, aunque no tuviera un asentimiento definitivo de su razón a esos contenidos metafísicos. Se explicaría así la recurrencia de Borges a filósofos y doctrinas filosóficas: serían perspectivas, enfoques o respuestas potenciales a las cuestiones fundamentales planteadas por la inquietud existencial de Borges.» [Artículo de J. A. Antón Pacheco en LyE n.º 6.]

Así pues, filósofos (como Jünger) o literatos (como Borges) que por su terreno y su actividad pertenecen al mundo profano y moderno, resultan derivar, por sus inquietudes y sus aptitudes fuera de lo común, hacia una especie de "retorno a los orígenes" que les reconcilia de alguna forma con la espiritualidad tradicional. En efecto, cuando uno lee a Borges teniendo alguna noción de las tradiciones de sabiduría, no puede dejar de reconocer esquemas simbólicos que aluden a procesos interiores muy elevados, y termina el lector preguntándose si Borges era una especie de místico o si tocó alguna cuerda de lo místico a través de su magistral uso de las letras como arte simbólico que acabara apuntando a la Luna de la Sabiduría como arco de buena hechura.

Esta sospecha se ve confirmada en el hecho de que Borges, no sólo quiso ser enterrado por el rito católico, sino que su voluntad (frustrada por su enfermedad) en los últimos años de su vida fue entrar en un monasterio Zen. Además de los dos acontecimientos extraordinarios de su vida que su viuda María Kodama no duda en llamar experiencias místicas.

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