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Occidente

Dijo René Guénon en su conferencia pronunciada en la Sorbona (publicada en un breve librito titulado La metafísica oriental):

«Entre estas civilizaciones tradicionales y una civilización que se ha desarrollado en un sentido puramente material, ¿cómo podría encontrarse una medida común? ¿Y quién, pues, a menos de estar cegado por no sé qué prejuicio, se atreverá a pretender que la superioridad material compensa la inferioridad intelectual? Intelectual, decimos, pero entendiendo con ella la verdadera intelectualidad, la que no se limita al orden humano ni al orden natural, la que hace posible el conocimiento metafísico puro en su absoluta trascendencia. (...)

La superioridad material del Occidente moderno es indiscutible; nadie se la discute tampoco, pero nadie la envidia. Hay que ir más lejos: a causa de este desarrollo material excesivo, Occidente corre el riesgo de perecer tarde o temprano si no se repone a tiempo, y si no pasa a considerar seriamente el "retorno a los orígenes" (...) En diversos lugares, se habla mucho hoy de "defensa de Occidente"; pero, por desgracia, no parece comprenderse que es de sí mismo de quien Occidente necesita ser defendido, que es de sus tendencias actuales de donde proceden los principales y más temibles de todos los peligros que le amenazan realmente. Estaría bien meditar sobre esto con cierta profundidad y nunca se podría rogar lo suficiente a todos aquellos que son todavía capaces de reflexionar.»

Estas palabras datan de 1925, pero me parece que tienen hoy tanta vigencia como entonces, o quizá más. Por supuesto que existen hoy graves y urgentes amenazas físicas para Occidente que provienen bien de periferias exteriores o bien de "periferias" interiores, pero creo que para no engañarnos hemos de tener cuidado en no dejarnos llevar por la retórica de la "defensa de Occidente" a tales extremos que creamos que la civilización occidental moderna en todos sus aspectos es la solución a todos los males de la Humanidad. Al fin y al cabo, pienso, las reacciones violentas del integrismo se deben a la propia decadencia espiritual de Occidente, a su desarrollo antinatural sobre bases exclusivamente económicas y técnicas. Está claro que eso no exime de culpa a los terroristas.

En el fondo, uno se siente inmerso en un juego del que parece imposible escapar. La corriente liberal globarizadora cree tener la completa verdad de su lado a la hora de extender por el mundo los valores modernos, la democracia, el consumismo, la muerte del Espíritu; incluso alguno de sus líderes pronuncia a menudo la palabra mágica: "Dios", y todo bajo la ondeante y demagógica bandera de la "Libertad" (en los últimos siglos esta palabra quizá haya sido escrita con sangre más que ninguna otra). Por otra parte, los que se oponen a esta invasión (progres, antiglobalización, integrismo islámico... simplificando) también creen contar con la verdad absoluta, y por supuesto que los últimos profieren a menudo la tan mancillada palabrita mágica. En boca de unos y de otros, vilmente mancillada, pero la realidad que expresa en absoluto se ve afectada. Sigue estando perfectamente claro que Dios no está de parte de unos ni de otros; tan obsceno me parece decir que Dios (o la Verdad) está de parte de los que asesinan como decir que está de parte de los que extienden un sistema injusto basado en el egoísmo y que promueve una vida humana completamente desnaturalizada y cerrada al Espíritu.

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