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Sólo el Espíritu libera

Dicen algunos que, tras la segunda guerra mundial, "los únicos países liberados fueron aquellos ocupados por las potencias democráticas", refiriéndose a la desgracia de quienes cayeron en poder de la Unión Soviética.

Es cierto, si nos situamos en la oposición entre el "mundo libre" representado por Europa y abanderado por la potencia estadounidense, y las tiranías totalitarias y brutales de nazis y soviéticos. Los países ocupados por las potencias democráticas se liberaron de la tiranía brutal, de la tiranía visible, pero cayeron con suavidad, entre aletargadoras caricias de "bienestar", en la tiranía invisible de don Dinero.

Desde un punto de vista superior a las oposiciones, pues, el mundo ha ido librándose poco a poco de las tiranías brutales -que representaban un aspecto especialmente duro de un proceso mayor-, pero ha ido entrando poco a poco en una tiranía que no enseña los dientes, pero desgarra con crudeza en el corazón (previa anestesia para que no nos duela o ignoremos el dolor). Es una tiranía más avanzada en el proceso global de la decadencia.

"La Unión Soviética no liberó a nadie", sí, está claro. Pero, en realidad, tampoco el sistema triunfante ("liberal" o "progresista", dos caras de la misma moneda, dos funciones complementarias en el mismo proceso de degradación espiritual) libera a nadie. El consumismo no libera, sino que esclaviza, tanto a nivel colectivo como individual. Sólo el Espíritu libera.

Es muy fácil engañarse poniendo todas las esperanzas en el sistema, cualquiera que sea, por muy elaboradas que sean las teorías de la paz y la libertad que sus dirigentes mascullan mientras llevan adelante las estructuras de enriquecimiento, relativismo, consumismo. Esta sociedad está construida sobre cimientos puramente económicos y técnicos, y así no se va a ninguna parte. No creo que ningún esfuerzo humano -político, intelectual, etc.- pueda arreglar la situación; el proceso es demasiado complejo, está demasiado avanzado como para pararlo. Pero creo que sería un grave error poner la esperanza en este mundo que nos venden. La esperanza hay que ponerla en otro sitio: en el Espíritu, de donde todo surge, todo sana, todo se actualiza.

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