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Arrepentimiento

Dice un poema de Juan Álvarez Gato (vivido entre los siglos XV y XVI):

Pídote, por tu venida,
que hagas esto por mí,
que llore lo que perdí.

Y que sea tal mi dolor
de haverte desconocido,
que iguale por lo perdido,
porque perdones, Señor;
que si lloro mi caída,
cierto só, Señor, de ti,
que me des lo que perdí.

Pues embía sin detener,
por honra del Nascimiento,
el triste arrepentimiento
que sin ti no puede ser;
y Josepe y la parida
me ganen, Señor, de ti
que llore lo que perdí.

Me gustaría poner ese arrepentimiento del que habla el poeta -valga el experimento- en relación con una estrofa del Zazen Wasan, el "Canto en alabanza del Zazen"[*] compuesto por el maestro Hakuin Zenji (1686-1769):

El zazen según lo enseña el Mahayana
no hay alabanza que agote sus méritos.
Las paramitas: dar limosna, guardar los preceptos...,
y otras obras buenas enumeradas de diferentes maneras,
invocación del nombre de Buda, arrepentimiento, etc.,
todo surge del zazen.

[*]: Zazen es la práctica del Zen, camino espiritual (o iniciático) surgido en Oriente de la confluencia del Budismo Mahayana y el Taoísmo.

Ese arrepentimiento del que se habla (al menos claramente en el canto de Hakuin) no es moral, no es derivado de un sentimiento de culpa, sino que es algo más profundo, una emoción que viene de muy adentro, que asalta a veces al ser humano dejándole la sensación de que algo le falta, de que está viviendo en un nivel superficial en el que es zarandeado por el mundo mientras que en el fondo y desde siempre lo que es en el fondo es amor puro, felicidad infinita, plenitud. Pero no se da cuenta, aunque algo intuye, y de ahí esa sensación (de origen desconocido, pero a veces muy fuerte) de "arrepentimiento" por la caída. En el poema de Juan Álvarez Gato, la voz poética implora a Dios ese arrepentimiento, desea "llorar lo que ha perdido", porque ese es el primer paso para iniciar la búsqueda de lo que nunca se ha ido. El hombre, en efecto, intuye que no es de este mundo, o dicho de otra forma, que vive en un sueño del que debe despertar. Es lo que mueve al hombre a buscar la solución. Bendito "arrepentimiento", pues.

Por cierto que también en un plano moral el arrepentimiento (sano y sin excesivas culpabilizaciones) es valioso, ya que resulta un acicate para avanzar en el camino de la vida y superar los muros que no nos dejan vivir ni ver la luz. Probablemente sin arrepentimiento (que, en lenguaje cristiano, llega precisamente debido al perdón de Dios), el hombre no tendría posibilidad de crecer, al menos en un plano moral.

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