Blogia
Santuario

Trabajo

Hoy es el día del trabajo. Hay un artículo de la revista Symbolos que explica más o menos bien la concepción tradicional del trabajo, que puede ser muy interesante considerar en un día como hoy. Está muy bien reivindicar un trabajo más digno para todos, pero aún sería mejor replantearnos dónde está la raíz del problema. Quizá este artículo sirva al lector para reflexionar y para conocer la concepción del trabajo que toda civilización anterior a la modernidad conoció.


EL TRABAJO
(Artículo aparecido en el número 25-26 de Symbolos, Barcelona, 2003.)

En el tercer capítulo del Génesis se narra cómo Yahvé le dijo a Eva: "Multiplicaré los trabajos de tus preñeces", y a Adán: "Por ti será maldita la tierra, con trabajo comerás de ella todo el tiempo de tu vida; te dará espinas y abrojos y comerás de las hierbas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan."

Es importante destacar que esto sucede a consecuencia de la tentación de la serpiente y la ingestión del fruto prohibido, o sea, como una pena, inmediatamente antes de ser expulsados del Paraíso. [nota de Logan: en el Paraíso, vinculado a un "estado edénico" anterior a la Caída, todo esfuerzo resultaba innecesario; esto se entiende en relación con la experiencia espiritual, iniciática o mística, que comprende precisamente una restitución del estado primordial, de manera que todo surge espontáneamente y en verdad se puede decir: "Dios provee".]

(...) Nos referiremos en primer lugar a la primacía de la contemplación sobre la acción, idea presente en el hinduismo, el budismo, el judaísmo, el islam y en general en todas las tradiciones. En el cristianismo esto resulta nítido. Cuenta Mateo (VI, 26-29) que Jesús dijo, en el célebre Sermón de la Montaña: "Mirad cómo las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? ¿Quién de vosotros con sus preocupaciones puede añadir a su estatura un solo codo? Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Aprended de los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan. Pues yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos." Es conocida también la vinculación simbólica que las dos hermanas de Lázaro, Marta y María (la acción y la contemplación), tienen al respecto, y el juicio del Maestro sobre cuál de las dos lleva la mejor parte.

De otro lado podemos observar sin esforzarnos demasiado que esta preferencia por la contemplación es totalmente ajena al medio en que vivimos, signado por una incesante acción, por una proyección de deseos que por ser tales jamás podrán cumplirse, por una angustia e insatisfacción permanentes que desembocan en la ignorancia y necesariamente en la violencia y la destrucción. Pero lo que verdaderamente es alarmante es que esta acción -cualquiera que sea el sentido que ella tenga- es considerada como un bien en sí; a tal punto que discutirla o no practicarla es ser mal visto, o condenado por ese medio, pues el tema ha pasado a ser una cuestión moral nacida de la asociación trabajo-bondad. Sin embargo queremos aclarar que nada tenemos en contra de un trabajo que sería verdaderamente sagrado, y por lo tanto auténticamente dignificante, si estuviese guiado por la voluntad y el libre albedrío. Lo que se critica es el concepto moderno del trabajo por el trabajo mismo, es decir, sin ninguna finalidad de orden metafísico, y su equiparación a un fin y no a un medio vehicular. Si bien esta última crítica podría aplicarse a otras áreas de la actividad contemporánea (el arte por el arte, la ciencia por la ciencia, lo psíquico y lo emocional, simplemente por lo psíquico y emocional, etc.), el concepto moderno del trabajo -que en términos sociales sólo hace del hombre un factor de la producción económica, individual o colectiva- tiene una carga de alta potencia destructiva, en cuanto su obligatoriedad y necesidad generan en el alma una serie de turbaciones morales o impedimentos materiales en una sociedad tan injusta como la que vivimos.

En una sociedad tradicional o primitiva los "trabajos" no son tales pues no llevan implícita la insatisfacción de lo que sólo debe ser efectuado con sufrimiento, a desagrado, o bajo la presión de un peso arbitrario y alienante al que no se le encuentra finalidad última, sino apenas la mera subsistencia en un mundo sin sentido. Por el contrario, en las sociedades arcaicas los hombres realizaban sus trabajos de manera ritual y de acuerdo a sus funciones, nacidas de sus posibilidades, que los hacía más aptos para aquellas o estas labores, las que cumplían entonces con gusto, en perfecta relación e interdependencia con las otras del organismo social. Es paradojal que en ciertos manuales escolares y aun en ciertos textos universitarios se hable aún de la "esclavitud" como una etapa históricamente superada cuando una simple mirada al entorno en que habitamos, nos hace ver que nuestros contemporáneos no sólo son esclavos del trabajo, y como tales viven, sino de las funestas consecuencias de ese trabajo sin razón, comenzando por las cadenas de la acumulación de riqueza -individual y social- por la riqueza misma, a saber: nuevamente la sustitución de un medio por un fin. Queremos recordar aquí otro fragmento del Sermón de la Montaña: "No alleguéis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín los corroen y donde los ladrones horadan y roban. Acumulad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín los corroen y donde los ladrones no horadan ni roban. Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón."

El trabajo es para el hombre, no el hombre para el trabajo. La vida es para el hombre, no el hombre es un deudor o un esclavo de la vida. "El sábado fue hecho a causa del hombre, y no el hombre por el sábado" (Marcos II, 27).

(Fin del artículo.)



A lo dicho en el artículo quiero añadir otro punto de vista que a mi juicio no hay que olvidar. El trabajo en sí mismo es una maravilla si se realiza con plena presencia en lo que se está haciendo, con suma atención ante la vida, ante lo que toca en este momento, sea fregar un plato, barrer, dar una clase o cualquier otra actividad. Esto es especialmente contemplado en el Zen, donde el trabajo es un aspecto muy importante dentro del camino espiritual, y adquiere de esta forma su lugar. Igualmente es bien sabido que entre las órdenes contemplativas cristianas, en algunas más que en otras según su naturaleza, el trabajo ha sido considerado elemento esencial de la vida monástica. Es un trabajo pleno de sentido, que en cierto modo se podría decir que se hace "como un medio para un fin metafísico", pero igualmente se puede decir que se hace por sí mismo (sin la connotación negativa que a esta expresión se le da en el artículo precedente). Y es que cuando te pones a fregar un plato sin más pensamientos y sin más fines o conceptos en la cabeza, es posible que te des cuenta de que en ese simplemente fregar se está dando algo maravilloso: lo que hay en el momento presente (lo único), manifestación del Espíritu, forma de la no-forma.

2 comentarios

Logan -

Sí, me imagino que debe ser bastante difícil. Supongo que la disciplina en los niños inculcada desde el hogareño aliento de cariño y orden ayudaría a aminorar el actual caos de la secundaria. Pero claro, ¿dónde está la disciplina? ¿Quién educa?
Ánimo y no decaigas por muy difícil que te lo pongan. O mejor dicho, arriba siempre que caigas. Supongo que es fácil decirlo y harto difícil verlo, pero incluso en el caos más terrible hay paz.

Primaveral abrazo para ti, mujer de los bosques.

mujerarbol -

Hola Logan: he vuelto de mi orfandad informática y he buscado tu blogo como una islita de (te parecerá una tonteriuca) paz. El mio está lleno de pájaros y de pólenes alergógenos ;)
Hay una cosa que me propuse el ultimo año, antes de empezar el curso: concentrarme en cada cosa a su momento. No es fácil de conseguir en un ambiente como el de las clases, en que cien mil voces te requieren a la vez para lo más diverso. ¡Ay, si muchos entendieran lo importante que es eso de "cada cosa a su momento"!