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Romance del conde Arnaldos

¡Quién uviesse tal ventura / sobre las aguas del mar
como uvo el conde Arnaldos / la mañana de san Juan!
Con un falcón en la mano / la caça iva caçar;
vio venir una galera / que a tierra quiere llegar:
las velas traía de seda, / la exercia de un cendal;
marinero que la manda / diziendo viene un cantar
que la mar fazía en calma, / los vientos haze amainar,
los peces que andan n'el hondo / arriba los haze andar,
las aves que andan bolando / n'el mastel las faz posar.
Allí fabló el conde Arnaldos, / bien oiréis lo que dirá:
–Por Dios te ruego. marinero, / dígasme ora esse cantar.–
Respondióle el marinero, / tal respuesta le fue a dar:
–Yo no digo esta canción / sino a quien comigo va.–

(Texto nº 2 del Romancero, edición de Giuseppe di Stefano en Taurus, Madrid, 1993.)

El último verso ha dado pie a muchas discusiones sobre si el romance acababa así originalmente o si es un corte. En la primera postura, Menéndez-Pidal piensa que es un final abierto a propósito, de forma que constituye una suerte de hallazgo poético de la tradición del Romancero, en virtud de la cual muchos romances como éste habrían conseguido "saber callar a tiempo". En la postura opuesta, algunos opinan que en ciertos romances truncos el corte podría deberse, por ejemplo, a que fueron impresos en pliegos sueltos y los impresores, poco cuidadosos con esta clase de publicaciones populares, no habrían dudado en cortar los textos.

Sea ese final original o no, creo que es un final perfecto. ¿Qué podría esperarse tras el verso 13? ¿Acaso la misteriosa canción del marinero? La cosa queda bien clara: ese mágico cantar que calma la mar, amaina los vientos, hace salir a la superficie a los peces que nadan en las profundidades y atrae a las aves al mástil de la nave, es un misterio que sólo puede conocer quien acompaña al marinero. Luego es de entender que para nosotros, en tanto que no demos el paso crucial de andar el camino o echarnos a la mar, la canción será incomprensible. El romance es pues, en el fondo, de contenido iniciático.

En mi opinión, estamos ante un poema tradicional que bebe de la fuente de la sabiduría que vivifica las civilizaciones, las artes (no podría ser de otra forma por ser tradicional) y habla con el lenguaje del símbolo. A menudo la poesía "popular" conservaba una memoria acaso antiquísima que se iba revistiendo con las formas exteriores de cada época. Aquí, el hombre que espera en la orilla se llama Arnaldos, un héroe surgido de la imaginería popular medieval para luchar contra los invasores franceses de Roldán; simboliza al hombre que, viviendo en el mundo, recibe una llamada, percibe algo más que lo visible en este mundo; también podría decise que es una imagen del aspirante a iniciado, el hombre que va a andar un camino. ¿Quién es el marinero que viene navegando envuelto en el misterio? Es una imagen de esa luz que somos en el fondo y que nos guía en la oscuridad; es también el maestro que inicia al discípulo en el camino interior de descubrimiento de sí mismo; es, en lenguaje cristiano, el Cristo, la luz que viene a salvarnos.

El hecho se desarrolla en el día de san Juan, una jornada mágica en torno al solsticio en la que el mundo sobrenatural está muy cerca del corriente. Arnaldos, se nos dice, iba a cazar, y esto simboliza el andar el camino iniciático. En cuanto a los efectos mágicos de la canción del marinero, indican el poder de esa luz que nos llama en lo más profundo de nuestro ser; esa luz sana, vivifica, regenera, hace renacer como un hombre nuevo. En el proceso, hace emerger los "peces" que pululan en nuestras profundidades, calma el embravecido mar de nuestra alma, los vientos dejan de llevarnos de un lado para otro, las aves que surcan los cielos (símbolos de los estados superiores del ser, como los ángeles) anidan en nuestra nave. Para conocer la canción del marinero, para ser el marinero, hace falta ir con él. Andar el camino, hacerse a la mar. Todo un símbolo del camino iniciático en un romance popular. Qué maravilla.

Huelga decir que esta lectura simbólica y espiritual, que aunque torpemente expresada en mis palabras está clara cuando uno lee el romance con una mirada profunda (algunos académicos se han acercado a esta visión aludiendo a la nave como Iglesia-Cristo y a Arnaldos como Hombre), es ignorada por los profesores en la Universidad, que prefieren abundar en la anecdótica polémica de si el verso 13 es el final original o un corte. Pero ahí está, brillando como una lámpara, la frase final, definitiva, el umbral del conocimiento-gnosis: "Yo no digo esta canción / sino a quien comigo va.". Quien emprende el camino para descubrir el ser humano que es en el fondo y es fiel a ello, aprende la canción de labios del maestro.

12 comentarios

Carrasclet -

Salvador Sáinz acaba de abrir un blog, con foro incluido, en donde se trata de averiguar la autenticidad o falsedad de la leyenda del conde Estruch.
http://condeestruch.blogspot.com/

La novela sobre "Estruch" por cierto es del género fantástico y no histórico, se escribió por diversión y no para hacernos creer que el susodicho personaje existiera o no. Algo que al autor le importa tres pepinos.

Arnaldo -

LA LEYENDA DE ESTRUC

A pesar de la creencia general de que el vampirismo, tal como lo entendemos habitualmente, procede de Transilvania, ya existía una leyenda en el condado de Ampurias (actual Ampurdán) en el siglo XII situado en la antiguamente llamada Catalunya Vella (es decir, aquella que durante la invasión musulmana no fue sometida a las hordas invasoras y permaneció cristiana), donde tuvo lugar la más escalofriante de las historias de nosferatus o estrugas, palabra ésta derivada de estriges.
Algunos la ubican durante el reinado de Pere el Catòlic hacia 1212 pero las fuentes más fidedignas la sitúan en 1173, año en que transcurre la novela “Estruch” de Salvador Sáinz. En aquellos tiempos se vivían continuos conflictos entre la Corona de Aragón y Cataluña contra los reyes de Francia para apoderarse de Occitania, territorio que pasó a pertenecer desde entonces a la Federación catalanoaragonesa. El rey Alfonso II el Casto, era un joven de diecisiete años y desde la muerte de su predecesor Ramón Berenguer IV la tutoría de nuestras tierras estaba en manos del rey inglés Enrique II de Plantagenet (padre de Ricardo Corazón de León, el mismo de las cruzadas y las aventuras de Robín Hood) y del Obispo de Barcelona Monseñor Guillem de Torroja.
El rey catalán tenía como enemigo principal al rey Llop (en castellano “Lobo”) de Murcia y las incursiones en la Tarraconense eran frecuentes y, al mismo tiempo, teníamos las luchas fronterizas del norte contra los francos en la disputa de Occitania. Por eso el condado de Ampurias era un hervidero de intrigas, luchas con castellanos e ingleses (aliados del rey Alfonso) por un lado y por el otro los enemigos ya mencionados, sin olvidarnos de los navarros siempre en liza con el reino de Aragón.
El conde Estruc fue un notable guerrero que siempre luchó en favor de la Corona catalanoaragonesa y, en aquellos años, ya estaba en su senectud por lo cual fue enviado a Llers, una pequeña villa cerca de Figueras, donde existía otro enemigo esta vez interno: los paganos.
Parte de los catalanes del siglo XII aún vivían apegados a los antiguos cultos iberos paganos, anteriores al Cristianismo, por lo cual éstos eran un potencial aliado de los árabes o, tal vez, de los francos. Por esa razón el viejo soldado tuvo que reprimir esos cultos ancestrales que aún creían en la magia y las ciencias ocultas, origen de la actual creencia en brujas y demás supersticiones, y obligar a los campesinos ampurdaneses a abrazar la fe en Cristo.
Esta represión motivó que el anciano conde sufriera una maldición por parte de sus víctimas y que tiempo después de su muerte natural, Estruc rejuvenecido se levantara de la tumba convertido en reviviente sembrando el terror por toda la Catalunya Vella.
Dicen las antiguas leyendas que sólo salía de noche para beber la sangre de sus víctimas, gustaba seducir y violar a las mozas casaderas dejándoles embarazadas. Al cabo de nueve meses las desafortunadas parían pequeños monstruos que morían no más nacer ya que, según las tradiciones antiguas (curiosamente idénticas tanto en Cataluña como en Transilvania) un vampiro no puede tener hijos.
El rey Alfonso II tenía no pocos disgustos en aquellos tiempos y la población estaba realmente aterrorizada. La gente tenía miedo de salir de noche, todos llevaban ajos y crucifijos para protegerse del terrible nosferatu y ya nadie podía dormir en paz hasta que una anciana religiosa encontró la tumba del conde Estruc y le clavó la estaca en el corazón, desapareciendo para siempre la maldición.
Pero el recuerdo del vampiro sobrevivió al paso del tiempo y aún queda el dicho “tenir malastruc” o “mala astrugancia” para definir a quién tiene mala fortuna. Incluso durante generaciones las madres catalanas amenazaban a sus hijos con llamar al conde Estruc si no eran buenos y no hacían lo que se les mandaba.
En el mismo Llers, un poblado donde sopla con gran fuerza la Tramontana del Canigó, un viento frío y áspero que los antiguos habitantes achacaban a unas brujas legendarias, las célebres brujas de Llers que dominaban los aires. El agudo silbido del viento, según las creencias populares, era motivado por la furia de estas mujeres. En Transilvania existía un mito semejante, las ”Ieles” (es decir “las Ellas”), cuyo paralelismo es sorprendente.
Otra leyenda catalana célebre es la de los dips, nombre que se les dio a una especie de perros vampiros (o perros estrugas) que existieron en unas praderas situadas a unos cuantos kilómetros al sur de Reus. Por esa razón se creí un pueblo llamado Pratdip, cuyo nombre es una unión de la palabra Prat (pradera) y dip que en su escudo incluye la figura de un can harto significativa.
Empero, la importancia del conde Estruc es decisiva en la evolución del mito vampírico aunque en aquel tiempo no se le conocía con tal nombre, y podemos considerarle como el primer upiro de la Historia tal como lo entendemos actualmente.
Es sabido que en aquellos años, Ricardo Corazón de León, futuro rey de Inglaterra, residía en la misma zona en que se desarrolló la leyenda del conde Estruc ya que fue enviado por su padre Enrique II de Plantagenet para participar en las Guerras del Rosellón, a favor de la corona aragonesa y catalana contra los francos estableciéndose en Perpiñán, a muy escasas leguas de Figueras y de Llers. Tal vez este dato justifique que, tras la Tercera Cruzada acontecida entre 1190 y 1192, el mito pase al Este de Europa.
Es sabido que Ricardo de Inglaterra atravesó el Danubio, camino de Tierra Santa, y que a su regreso en 1193 fue hecho prisionero por Leopoldo, duque de Austria, quien solicitó un fuerte rescate originándose en Inglaterra el conflicto que hemos visto en las películas de Robín Hood. El rey inglés estuvo encerrado en el castillo austriaco de Tierenstein, muy cercano a Transilvania, y cosa curiosa es a finales del siglo XII que estas leyendas irrumpen en los Cárpatos.
Los revivientes masculinos fueron llamados “strigoí” y los femeninos “strigoaíaca”, como vemos su fonética es muy semejante a la palabra ”estriges”, el mito griego, pero también a “estruga”, la leyenda catalana.

Toni Martínez Jover -

Pero teniendo en cuenta que el nombre del personaje bien podría partir de "Hernaudi", también de origen germánico pero de etimología distinta (relacionado con Fredenand o Ferdinand, significaría "de osada inteligencia"), creo que es complicado establecer una relación clara: el nombre podría haberse convertido en "Arnaldo" por asimilación con un nombre conocido ya en la romancística, si es que hubo un personaje carolingio así llamado -los romances de tema carolingio tuvieron amplia difusión en lengua castellana-.

Suerte y ánimo en los estudios, Daniel, y saludos a ambos.

Toni Martínez Jover -

Pues bien pudiera ser como dices, Mujerárbol, y que las fuentes no sean eruditas: muy a menudo se infravalora la sabiduría ancestral del pueblo, y el hecho -que lo es- de que los misterios de las antiguas religiones del Occidente europeo se siguieron transmitiendo oralmente hasta casi día de hoy.

En cuanto a la etimología del nombre, Daniel, por lo que he averiguado navegando por la Red parece ser que es en efecto germánica, y que proviene de la raíz "arn", que significa "águila", y "wald", que viene a ser "gobierno", "poder", pero también "altura", "lucha" e incluso "protección"... Así, "Arnwald" significaría "águila gobernante", o "poderosa", o "luchadora", o "protectora", o "águila que vuela alto".

Equivalencias célticas no parece haberlas: recojo "iolair" y "fireun" como vocablos gaélico y britónico respectivamente para designar al "águila". Sin embargo, "arn" es raíz presente en los distintos nombres célticos del "aliso", árbol de importancia en el druidismo como símbolo de fuerza, y también de sabiduría mágica. En "Ar"-turo, si es que aquéllos que defienden el origen céltico y no latino del nombre tienen razón, la raíz es "art/ard": "oso".

Daniel -

Perdonad que no me extienda más, pero ahora mismo estoy de exámenes y voy un poco mal de tiempo. Pero este tema me parece muy sugerente.

Toni, lo que cuentas acerca de la leyenda "vampírica" del Comte Arnau es muy interesante. No sabía nada de eso, como tampoco del Comte Estruch. ¿Por qué condes estos pseudo-vampiros, como el Conde por excelencia? Qué curioso.

Los datos que tengo de la Universidad respecto a Arnaldos sólo dicen que sería un personaje legendario de origen acaso muy antiguo que era utilizado en la Edad Media como héroe peninsular que se enfrentaba a las huestes de Roldán.

A juzgar por los datos que aportas, debe de ser un personaje muy antiguo, ¿quizá el descendiente etimológico de un dios o héroe germano, o prerromano? Sería interesante averiguar de dónde procede el nombre. Creo recordar que la raíz AR sería indoeuropea y ante todo germánica. La runa AR está relacionada con el honor y lleva asociados los significados de virtud, belleza, perfección, madured, majestad, autoridad, confianza, generosidad, fama y renombre (según el estudio sobre el honor de Antonio Medrano). Virtudes que, por cierto, corresponden muy bien con el rey ARturo. No tengo ni idea de si también existe en las lenguas celtas un equivalente a esta raíz.

En fin, por lo que cuentas parece que este Arnaldos podría haber sido anteriormente una especie de guía iniciático (los viajes infernales siempre han sido símbolo del viaje interior), al estilo del Hermes Psicopompos o el Virgilio de Dante. Qué interesante. O quizá más que un guía sea un héroe que hace el viaje, al estilo de Ulises o Eneas, lo que pegaría más con el romance.

Hablando de Virgilio, ese es otro tema que me parece de lo más sugerente desde que descubrí que los medievales convirtieron a Virgilio en una especie de mago sin nada que ver con el personaje histórico (antes de que Dante lo retomara para su viaje iniciático devolviéndole su personalidad original).

Mujerárbol: tus comentarios acerca del límite también me resultan muy interesantes. En estos asuntos de viajes iniciáticos "por los infiernos", siempre tiene una importancia capital "dar un paso de fe" allí donde ya no hay tierra firme. Esto es una imagen muy precisa de lo que ocurre en los caminos de realización. Llega un momento en que delante sólo hay abismo (o el agua contraria a la tierra firme, si se prefiere), y uno se tiene que fiar "si quiere escuchar la canción del marinero".

En fin, al final sí que me he extendido un poco, aunque divagando por aquí y por allá.

Saludos a ambos.

mujerarbol -

Gracias por avisar del romanzoso debate, Daniel.
Hermoso romance. Me sugiere exactamente el corte que dicen los eruditos, pero precisamente porque deja al caballero en la encrucijada, en el mejor limes del mundo: entre la tierra firme y el agua. Nos deja dudando -inconscientemente- ¿se atreverá...?
La orilla, del mar, lago o rio, es límite siempre, por eso los héroes clásicos irlandeses se matan unos a otros en un vado, el cruce de un rio.
Las aves que escuchan y los peces que acuden a mirar también me sugieren imágenes conocidas de relatos o poemas irlandeses, pero... yo me atrevería a decir que el "autor" (¿qué importaba ya su nombre cuando empezaron a cantarlo los juglares?) no estaba tanto bebiendo en fuentes eruditas, célticas o no, (como hacían la mayor parte de los narradores por escrito irlandeses) sino en algo más profundamente sabio activo y sugerente, anclado en la memoria mítica ancestral. ¿No existía un "sermón a los peces" atribuído a Cristo en un apócrifo? ¿y no predicaba San Francisco a las aves? El mensaje que hasta las aves entienden... mmm...

Toni Martínez Jover -

Yo creo que el romance es un caso típico medieval de "cuento iniciático" que mezcla fuentes diversas: grecolatinas y célticas, sobre todo. Lo fascinante, como tú dices, es que esto nos haya llegado a través no de la literatura culta, sino de un romance popular.

En fin, espero haber aportado algo. Me ha gustado mucho este artículo. Lo pasé por alto en su día y celebro haberlo encontrado ahora.

Saludos, amigo Daniel.

Toni Martínez Jover -

Con todo esto sobre la mesa, comparto tu visión, Dani, en cuanto a la intención "iniciática" de este romance, cristiana o pagana. Y teniendo en cuenta el resto de elementos del romance, creo que la iniciación lo es en los misterios de la muerte. Y es que en este romance tenemos:
- Como bien dices, la mañana de San Juan. Sabida es la importancia simbólica de esta fecha para la trascendencia "más allá".
- El hecho de que, al principio del poema, Arnaldos se disponga a marchar de cacería. Nos pueden venir a la memoria los típicos cuentos británicos de la caza de ciervas blancas y jabalíes -animales con gran contenido simbólico en el paganismo como guías de ultratumba-, protagonizados por personajes que terminan teniendo una especie de visión "infernal" -en el sentido no de "satánico", sino de "más allá de la muerte"-, o las mismas andanzas del Comte Arnau, el Comte Mal, y tantos otros fantasmas de la tradición popular paneuropea que andan de cacerías fantasmales en las noches... de San Juan casi siempre, y precisamente.
- La galera y su marinero, todo un barquero Charon, que precisamente es el que pronuncia los misteriosos versos finales. Y el mar, su Styx.
- Mencionas los peces y las aves. En cuanto a ellos, es interesante, a parte de la lectura que haces, el hecho de que se presenten mediante la fórmula del "mundo al revés": es muy propio de los viajes iniciáticos, sobre todo en la tradición céltica, de la que creo que este romance bebe en un cierto grado pues no en vano elige las aguas, y no una caverna o una montaña, como vía hacia el Más Allá: acordémonos del Tir Nan Og, el Hy Brazil, o la isla de San Brandán.

Toni Martínez Jover -

Si no se conoce al comte Arnau, aclaro que es un legendario conde catalán cuya existencia real, que de serlo lo habría sido en la Alta Edad Media, es bastante polémica. Vive, aún, en el folclore catalán -y mallorquín, convertido en el "Comte Mal"-, siendo siempre estereotipo del aristócrata malvado condenado por Dios a la existencia "espectral". Un Draculilla a lo ibérico, pero que no chupa sangre -a diferencia de su paisano y casi contemporáneo el Comte Estruch, pero eso ya es otra historia-.

En cuanto a "Hernaudi" o "Arnoldi", aparece en distintos manuscritos europeos del siglo XII mencionado como un caballero también condenado a vagar después de la muerte, esta vez como guía, o al menos miembro, de una "hueste antigua", o "estantigua", o "santa compaña", o como queramos llamarla: es decir, una procesión de ánimas errantes.

Toni Martínez Jover -

Bueno, comienzo con bibliografía. La edición a la que me refería, de Paloma Díaz-Mas, es "Romancero", 1994, de Editorial Crítica (Colección Biblioteca Clásica). Las notas a este romance en dicha edición nos dicen que se conocen tres versiones del mismo -muy similares-, todas ellas recopiladas en el siglo XVI. El romance con toda seguridad es más antiguo, al menos en un siglo, y guarda estrecha relación con el del conde Olinos, lo que tampoco viene al caso pues el parentesco sería más formal que de contenido. La búsqueda por parte de los eruditos de las raíces del personaje protagonista, Arnaldos, ha resultado ardua, pero son dos las principales hipótesis -particularmente me parecen bastante convincentes ambas-: la figura del Comte Arnau catalán y la del "filii Hernaudi" o "Arnoldi", de origen culto -que en el Medievo europeo es lo mismo que decir clerical-.

D. -

De acuerdo, cuando quieras. Por mí encantado.

Toni Martínez Jover -

Saludos de nuevo, Dani. Tengo una preciosa edición anotada del Romancero castellano con interesantes apuntes acerca de Arnaldos y su leyenda. Recuerdo que en su día investigué un poco al personaje y por algún lugar tengo la información recopilada. Consultaré ambos (libro y apuntes) y te comentaré cosas.

Nos leemos.