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Decadencia y fe

Cada generación parece peor que la anterior, y sin embargo en el fondo todas son perfectas. La decadencia total lleva consigo el germen de la renovación total. Las últimas generaciones, las peores, son también acaso aquellas en las que descollarán las estrellas más brillantes en medio de la noche oscura. Su luz será el anticipo del fulgurante día.

Como Tzinacán a través de la pluma de Borges, quizá sea preciso y adecuado decir: bendita tiniebla. Y claro, bendita decadencia.

Eso sólo se puede decir desde la fe. La fe, esa cosa inaprehensible que sostiene en la vida a todo ser humano, aunque paradójicamente ese ser humano concreto la niegue en su vida. La fe tiene muchos grados, desde la certeza oscura de quien ha saboreado, hasta la confianza ciega del que, sin ver el suelo, da el primer paso en el abismo. Un abismo es lo que tenemos ante nosotros. Decir "bendita tiniebla, decadencia" (sin apegarse a esa oscuridad, por supuesto), es un paso de fe.

Ahora que lo pienso, ¿qué hacen las estrellas en el cielo sino bendecir la negrura con su luminosidad?

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