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Santuario

Una boda de risa... para llorar

Una pareja se dispone a unirse en matrimonio. Decide casarse por la Iglesia. Hablan con el sacerdote, él les habla sobre el compromiso que supone la boda cristiana, a ellos les parece todo muy bien. Llega el día de la boda. Antes de la ceremonia, la mujer le dice al cura: "oye, a mí no me des la comunión, que paso". El párroco, extrañado, pregunta al novio si él desea comulgar; la respuesta es: "pues mira, casi que tampoco". El sacerdote ha sido siempre abierto y, en su deseo de llevar el mensaje cristiano a la comunidad desde abajo, nunca ha tenido inconveniente en salirse en ocasiones de las reglas más tradicionales; siempre ha sido un obrero más, un hombre del pueblo y para el pueblo. Sin embargo, esto es demasiado, pues la comunión (en Cristo, con todos los hombres) es el núcleo de la eucaristía, su razón de ser; no obstante, el cura acepta la decisión de la pareja. Pero lo peor estaba por llegar: los novios pasan la misa haciendo gracias (provocando las carcajadas de los familiares asistentes) y pasando olímpicamente del sacerdote y de los ritos; cuando llega el momento de decir los votos, se equivocan constantemente (más gracias y carcajadas), y es que ni siquiera se los habían leído. El cura, profundamente cabreado (y con razón), no da la comunión a nadie. Si hubiera estado yo en su lugar, los habría echado a todos del templo.

Esto sucedió de verdad este mismo sábado en la parroquia de mi barrio. No puedo sino admirar la paciencia de nuestro sacerdote, que siempre se ha dado por completo a la comunidad, y así le pagan. ¿Pero cómo se puede ser tan gilipollas e inconsecuente como para decidir casarse por la Iglesia y comportarse como en una guardería, despreciando el sacramento, ofendiendo profundamente al sacerdote y a todos los cristianos que creemos en lo sagrado? ¿Ésos son católicos? Está claro que sólo por tradición familiar; si decidieron casarse por la Iglesia fue por la costumbre, por "lo bonito" (aunque a mi entender chafaron incluso esa belleza estética del rito). En realidad, pues, no son católicos, no tienen ni el más mínimo deseo de formar parte de la Iglesia. Quieren casarse por la Iglesia, pero sin la Iglesia. Para ellos, la misa es un espectáculo circense y no significa nada, y el sacerdote un pobre idiota que debe representar su papel delante del público. ¿Por qué no son entonces honestos consigo mismos y se van a un juzgado a que un señor les case por lo civil?

¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Debería la Iglesia atrincherarse y volver a posturas tradicionales para no fenecer diluida en una sociedad enemiga de lo sagrado? ¿O por el contrario debe aguantar el maltrato para que el mensaje cristiano siga llegando, aunque sea un poco, a la sociedad? Maltratos desde los intelectuales y políticos anticlericales hasta la gente común que usa los sacramentos como un simple entretenimiento social, para nada diferenciado del posterior banquete o del baile.

Si hubiera estado en esa boda, se me habría caído la cara de vergüenza ajena. No sé si me habría levantado para marcharme indignado o si me habría quedado, acompañando en la humillación a mi sacerdote, a nuestro sacerdote. Ése es el dilema.

Actualizado:
Interesante el debate que se ha iniciado sobre este tema [aquí].

2 comentarios

Logan -

Gracias, Toni. Gran sabiduría en tus palabras. Coincido contigo. Es una cuestión de respeto y educación.

Toni M. Jover -

Yo no profeso el catolicismo, y por el cristianismo no siento sino alguna simpatía en determinados conceptos (como los puedo sentir por otras ideologías religiosas), además por supuesto de reonocerle una herencia cultural que amo tanto como amo mi tierra o mi idioma.

Sin embargo, muy a menudo, fiel a esas costumbres heredadas, asisto a ceremonias católicas y me abrigo bajo sus templos, acogedores e invitadores a la reflexión y el sosiego del alma como todo templo. No acompaño las letanías ni me santiguo pues no soy un hipórita, pero nunca irreverencio pues sería un insulto a las libres creencias de los que allí congregados sí tienen fe en los ritos que se están llevando a cabo, y una falta de respeto a la casa que hospitalariamente me ha abierto sus puertas sin preguntarme por mi raza o mi religión.

Es decir: que estoy contigo.