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Las "siete condiciones" en el mundo moderno (II)

Viene de aquí.

5) La tribu de los Vajji no coge ni confina niñas o mujeres.

Ciertamente parecería que la sociedad occidental se ha superado en este sentido, y no hay que negarle el indudable valor de los derechos humanos y la abolición de la esclavitud. Pero cabría preguntarse si de verdad ha desaparecido la esclavitud, o si se ha sustituido por una más sutil y más fatal: la del espíritu. Somos libres en teoría, pero estamos sometidos por innumerables métodos de control: el circo mediático, el circo político, el progresivo adoctrinamiento en unos nuevos "principios" diametralmente opuestos a los verdaderos valores humanos que tienen su raíz en la espiritualidad. El relativismo triunfa. La familia se desnaturaliza, y ya no se confinan niñas (aunque esto me recuerda poderosamente a la niña que quisiera morir antes que ser sencilla), pero se matan vidas humanas antes de que tengan oportunidad de nacer al mundo. Por otra parte, no se confinan mujeres, aunque habría mucho que discutir sobre si la supuesta liberación de la mujer la ha liberado o la ha enjaulado en nuevas estructuras y apegos, privándola de desarrollarse libre y sanamente en su rica feminidad.

6) La tribu de los Vajji respeta, reverencia y venera sus lugares sagrados y no olvida la costumbre de las ofrendas.

A algunos les encantaría convertir las iglesias en discotecas o centros de ocio, o ceder algunos templos cristianos a otras confesiones religiosas. Al desaparecer el vínculo con lo espiritual en una civilización, poco a poco van avanzando las fuerzas antitradicionales, como el anticlericalismo, que no ven en la Iglesia y en los templos sino vestigios atrasados de un poder despótico sobre las personas. Cuando la realidad es que los templos son lugares sagrados que conectan al hombre y a la sociedad con el fondo espiritual que renueva y vivifica. La vida ritual, la sacralidad, que daba sentido al mundo, no sólo en poética belleza sino ante todo como una profunda conexión con la Realidad, es rechazada, ya que Occidente ha abandonado a lo divino y en su ceguera se ha entregado a la ilusoria hegemonía del usurpador ego. Por otra parte, la misma forma de vida del ciudadano medio, al carecer de una visión sagrada de la realidad, se hunde en la mediocridad materialista y se cierra el acceso a la felicidad, que sin embargo nos sigue llamando con fuerza en todas las cosas del mundo, que en el fondo son una maravilla, pese a que infinidad de velos (hoy más que nunca) nos impidan darnos cuenta.

7) La tribu de los Vajji ofrece protección, defensa y ayuda a los santos, los sabios y los yoguis, esperando que aquellos que aún no se hayan establecido en su territorio vengan a hacerlo en el futuro y que los que ya residen en él continúen haciéndolo en paz y todo el tiempo que deseen.

Occidente se ríe de los santos, los sabios y los hombres de espíritu. El ciudadano medio moderno cree que vida contemplativa es sinónimo de vida ociosa, e ignora absolutamente el profundo valor de las órdenes monacales. La necesidad de la revivificación de las prácticas contemplativas es crucial en Occidente. En mi opinión, es ahí donde está la máxima esperanza de salvación de esta civilización, puesto que es en ese terreno donde vuelven a surgir los verdaderos principios que pueden vivificar y regular una sociedad humana, desde la experiencia espiritual y transformadora de cada persona. Es significativo el aumento del interés por las tradiciones orientales, aunque también es peligrosa y perniciosa su tergiversación basada en el egoísmo por parte de la modernidad. En efecto, la contemplación no es una "terapia" para satisfacerse a uno mismo, o para tener "autocontrol". Sino que es un camino para descubrir el ser humano que somos en realidad, y desde ahí actuar según la voluntad de Dios (en lenguaje cristiano), es decir, en consonancia con el Espíritu.

El Buda dijo: «Mientras observen estas siete condiciones, el pueblo de los Vajji prosperará y no habrá decadencia.» Al oírlo el rey de Magadha de boca de su ministro, desistió de su propósito y no atacó a los Vajji.

¿Sabrá Occidente reaccionar de la forma adecuada? ¿Vendrá el "rey de Magadha" a ocupar el vacío cultural, moral, espiritual de la civilización moderna? No nos engañemos: la fe en la preponderancia económica y militar de Occidente es una trampa, y no contiene la solución. El libre mercado es insuficiente; no salvará al hombre, y el vacío seguirá existiendo en la sociedad y en el alma de cada individuo. No es ahí donde hay que poner la fe. Lo que no significa, por supuesto, que haya que derrocar el sistema. Los occidentales poseemos una libertad de la que no gozaríamos en un sistema totalitario (de izquierdas o de derechas) basado en utopías racionalistas. En ese sentido, probablemente la democracia liberal es el menos malo de los sistemas sin espíritu de este período de crisis en que vivimos. Pero hace falta llenar el vacío, o en otras palabras, vaciarnos de todo lo que sobra. O la decadencia espiritual seguirá avanzando hasta el colapso, a pesar de la aparente prosperidad. ¡Recuperemos la fe en el Espíritu!

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