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Una boda para el Amor

Retomemos la pluma. Pues si bien todas las palabras sobran, no es menos cierto que también hacen falta las palabras. En lenguaje zen, el vacío es forma y la forma es vacío.

Sobre las relaciones, el maestro zen casado Aitken Roshi dice:

«La verdadera pareja es libertad dentro de un compromiso expresado públicamente y de todas las expresiones de esta índole el matrimonio ofrece el contexto más seguro. Sin matrimonio también puede haber un acuerdo de establecer una relación y trabajar en ella. Muchas personas han quedado heridas por haber sido mal aconsejadas a casarse o han conocido a otras personas que han sido dañadas por ese motivo y por eso huyen de un compromiso decisivo que tenga un fundamento religioso difícil de deshacer. Forman relaciones de pareja, a menudo con éxito, pero la falta de un compromiso último siempre de alguna manera pesa en esa relación y, en momentos de dificultad, puede inducir la decisión de separarse. Un compromiso de vivir en pareja es ponerse de acuerdo en establecer una práctica de matrimonio juntos. La pareja llega a un entendimiento mutuo: "No es tanto el acuerdo de amar y honrarnos mutuamente, aunque eso es una parte muy importante, como el acuerdo de amar y honrar nuestra práctica matrimonial. Somos dos personas embarcadas en crear una obra de arte juntos".»*

Lo cual viene a cuento de lo que hablábamos en el post (y en los comentarios a que dio lugar) sobre la película Mi gran boda griega.

(*): Robert Aitken, La mente de trébol, Árbol Editorial S.A. México 1990.

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