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Silencio

Me agrada el silencio que reina en este blog desde hace una semana. Ahora lo estoy rompiendo, un poco a regañadientes. ¿Las razones del silencio? Una es la falta de tiempo. La otra, aunque no la menos importante: es una especie de ayuno. Es bueno, de vez en cuando, privarse de lo que nos atrapa aunque habitualmente no nos demos cuenta, para ir librándonos un poco de los apegos. Escribir un blog conlleva el riesgo de alimentar al ego, y además es una actividad adictiva y absorbente, mientras uno no es libre. El mucho hablar puede tornarse una actividad mecánica, un autoengaño y un engaño. Bueno es, pues, para un servidor dejarlo por un tiempo; que las ideas descansen y todo surgirá con mayor pureza más tarde.

No diré que no habría deseado verter aquí algunos balbuceos. Como la diferencia e importancia de libertad e igualdad en la Historia y en la actualidad, o las consignas supuestamente libres de unos y de otros respecto al referéndum, o el Camino de Santiago y el peregrinar...

Pero el ayuno es el ayuno. Volvamos, de momento, al silencio, pues tanta palabra sobra. En realidad, toda palabra sobra.

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