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El Final de los Tiempos. El Dolor

El Final de los Tiempos. El Dolor "Imaginemos un mundo en el que la técnica ejerce su dominio sobre los hombres. Un mundo en el que la democracia ha sido suplantada por el juego caciquil de los intereses industriales y financieros. Un mundo en el que la religión ha sido sustituida por una parodia de verborrea humanitaria. Un mundo en el que el libre pensamiento ha sido proscrito y la televisión se ha convertido en única referencia cultural de las muchedumbres. Un mundo cuya máxima aspiración es crear y reproducir artificialmente seres humanos."

El Final de los Tiempos. El Dolor, de José Javier Esparza (en ed. Áltera), es una novela donde la ciencia-ficción antiutópica, la reflexión filosófica y la sabiduría tradicional se dan la mano. Es un lamento por la miseria que traen los tiempos, y un canto al Espíritu que, aunque velado, nunca se perdió, pues sigue en el fondo de cada uno de nosotros, esperando ser reavivado por el hombre desde su apuesta por la autenticidad, que implica una fuga consciente del dominio de la miserable utopía que ha engendrado una razón desgajada.

Se describe un mundo -la ciudad de Cosmópolis- sin Espíritu, rendido al imperio de la técnica deshumanizada y sustentado en intereses financieros. No hay justicia verdadera ni espiritualidad real. El poder -falso y puramente nominal- descansa en la figura del Presidente, y la pretensión de un espíritu pertenece a la Iglesia de la Solidaridad, caricatura de institución religiosa que, habiendo matado a Dios, ensalza términos ambiguos como la solidaridad, que ocultan una simple sed de poder y una podredumbre que llega a todos los rincones, desde la hipócritamente moralista mirada del influyente Arcipreste.

Los ciudadanos de Cosmópolis están embargados por el Dolor de este mundo muerto, uno de cuyos efectos es la esterilidad, y esta conciencia del Dolor y la necesidad de aceptarlo y transmutarlo es la línea central de la novela. En este lugar tenebroso, antítesis del Paraíso Terrenal, existen disidentes que buscan o dan a conocer el Espíritu, con especial hincapié en la figura de la Diosa Madre, cuyo culto, se rumorea, es capaz de curar milagrosamente la esterilidad...

La novela me ha gustado mucho, especialmente algunas partes muy logradas, como el disidente discurso y posterior juicio público del Fráter León y la fuga final de los protagonistas, Román y Ayesha, en pos del sagrado Norte, el santuario de los sildavos, que viven en consonancia con el Espíritu y la Tierra.

Creo que la trama está bien llevada, los cabos se atan con brillante precisión, y la descripción de este mundo, que tanto recuerda al actual, es sencillamente genial. Se muestra con maestría un totalitarismo sutil, vilmente fundamentado en conceptos mutilados como la libertad, la democracia y la solidaridad, que carecen de todo buen sentido que hubieran podido tener en un principio. La hipocresía y la miseria que gobierna Cosmópolis, ciudad que se considera a sí misma como la culminación de un "progreso" histórico que al final se ha revelado como decadencia patética, es descrita por el autor con gran eficacia y coherencia.

La caracterización de los personajes también me parece loable. La podredumbre vestida de luz (luciferina, diríase) del Arcipreste, la ambigüedad del Fráter León, el espíritu de búsqueda fundado en los principios del consultor Román, la anhelada feminidad integral que se desarrolla en Ayesha, el carácter refinado del doctor Galés, que parece debatirse entre la disidencia consciente y la colaboración con el sistema...

En general, la novela descansa en una sólida argumentación filosófica y un profundo conocimiento de la sabiduría tradicional, que hacen fascinante su lectura y estremece al comprobar el parecido con la deriva que lleva nuestro mundo. El tratamiento del tema de la técnica es también especialmente remarcable, y el retrato del tecnólogo Untergehen, siempre drogado en su sueño monstruoso de crear vida artificial, me parece sublime. El sueño de la razón produce monstruos. Monstruos como Baphomet y Kobaka, los grotescos prototipos que engendra la ingeniería genética. También especialmente sagaz me parece la presentación de la Iglesia de la Solidaridad, con su hipocresía suprema y su carácter satánico disfrazado de luz y moralismo, siempre apelando a una "solidaridad" cuya ambigüedad y falta de fondo verdadero ya podemos constatar hoy a nuestro alrededor.

La novela deja abierta una continuación que se hace necesaria, pues tras la fuga debe haber un retorno y una restauración. La intención del autor es que la obra sea una trilogía, así que espero con avidez el segundo tomo.

4 comentarios

Logan -

No tengo ni idea. Pero supongo que cuando salga me enteraré. Y lo anunciaré aquí.

Tristán -

Se anunció que el segundo volumen de la trilogía aparecerá este año. ¿Alguien sabe cuándo?

Logan -

Sé bienvenido a este blog, Tristán. Sí, es una estupenda novela y lo que expresa habla directamente al fondo; una gozada leer algo así por parte de un escritor español.

Tristán -

Muy bien leída esa novela. En la presentación, en Madrid, dijo Jon Juaristi que nunca se había escrito en España uan novela así, y es absolutamente cierto. Es un retrato alucinado de lo que tenemos en el fondo de nuestras vidas.