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Confusiones dialógicas (I)

Hay un tipo de cuento que se repite a menudo en el folclore y en la literatura. Se trata de una discusión, por medio de señales gestuales, entre dos personas, un "instruido" y un "bruto", en la que uno de los contertulios entiende una cosa y el otro, otra completamente distinta. El debate suele tratar sobre temas complejos que requieren un sesudo uso del pensamiento racional y analítico. Eso es exactamente lo que hace el primero, pero el segundo entiende las señales en un sentido muy alejado del objeto del debate, en plan bruto, resultando que al final gana él y pierde el que en teoría seguía correctamente el juego, pues este "instruido" le concede la victoria al tomar las señales del contrincante por lo que él entiende desde su juego de conceptos. Esto provoca un efecto cómico, y la comedia siempre sirve para "agitar el árbol" y tomar las cosas en perspectiva: la vida es algo ajeno a los laberintos conceptuales de la mente racional. Mientras ésta cree comprender las cosas con sus complicadas explicaciones intelectuales, en realidad no está entendiendo nada, y puede malinterpretar las cosas que la vida le pone delante, pues confía ciegamente en su intelecto racional. En consecuencia, al final del cuento, siempre se ve que el "instruido" no es sabio sino que está perdido en una ilusión. Es decir, confiar en el intelecto-razón no lleva a conocer verdaderamente el objeto de comprensión. Para ello, el instrumento adecuado es el intelecto-corazón o intuición intelectual, pues hay que salir del juego conceptual para que sujeto y objeto sean uno, para que el conocimiento sea real.

Como muestra de este tipo de cuento del que hablaba, voy a incluir, en los dos posts siguientes, un par de ejemplos procedentes de dos contextos muy alejados entre sí, pero idénticos en el fondo, lo que sin duda revela la naturaleza única de las diferentes manifestaciones de la sabiduría tradicional, de la que siempre emana el tema central de toda Tradición: el retorno al Paraíso, el conocimiento verdadero, la realización del hombre. El primero, en verso, es la disputa entre los griegos y los romanos que es narrada en el Libro de Buen Amor, de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita. El segundo, en prosa, es una pequeña historia Zen que tiene por protagonistas a los monjes de un monasterio budista y a un monje itinerante, en Japón.

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