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Santuario

Esperando despertar

Me duermo, envuelto en sueños aterciopelados que me llevan de un mundo a otro en un respiro. Mi conciencia está aletargada, y los dioses y demonios aprovechan para lanzarme mensajes, susurrarme historias, despertar impulsos que creía olvidados pero ahí siguen, como semillas guardadas en un silo desde hace eones. Los sueños de este mundo intermedio en el que floto arrastrado por corrientes subterráneas son como presos que pugnan por salir al exterior. Son como espejos distorsionados en los que me miro, creyendo contemplar mi rostro, cayendo en la trampa, y al mismo tiempo abriendo la posibilidad de ver más allá...

Por unos momentos, en medio de este viaje nocturno en que mi alma se deja llevar por vientos inaprehensibles, caigo a lo más profundo. El fondo del pozo absorbe mi conciencia y entro en un estado de sueño sin sueños, una muerte en vida o un retorno al útero materno, a la nada, al vacío pleno en que toda forma desaparece. Las voces callan, las imágenes se desvanecen. Dioses y demonios ya no tienen forma real. Estoy en casa, Padre. He vuelto. Al menos por un rato. Aunque no soy consciente de este retorno, la Luz que hay en el fondo me sana, reestructura mi alma, me nutre y vivifica. Por unos momentos, está ocurriendo en parte algo que deberá suceder estando despierto. En cierta forma, virtualmente quizás y por un breve tiempo en el no-tiempo, ya no hay yo.

Pero al fin vuelvo a ascender hacia la superficie. Los seres innumerables toman forma y bailan en sueños aterciopelados; yo mismo soy uno de ellos, soy todos ellos. Vuelve a haber una conciencia aletargada, ahora descansada, renovada, lista para despertar. La noche pasa y llega el momento de volver a la vida.

Despierto. Cuando era pequeño, antes de dormirme, tenía la sensación de que, por la noche, sin ser consciente, visitaría reinos lejanos donde esta vida no es más que un sueño. Ahora, sé que algo de verdad había en ello. Pero mi reino, el hogar en que nací, es sólo Uno, y sólo a él deseo llegar desde lo más profundo de mi corazón. Amanece y despierto, sí. Pero, afligido, comprendo que sigo dormido, que aún hay un yo, que los dioses y demonios me arrastran en este mundo y ponen velos ante mis ojos, que me impiden ver la realidad. Oh, Padre, ayúdame a volver, que mis deseos se desvanezcan y sólo quede el vacío. Sólo así podré ser, sólo así se podrá decir... que estoy despierto.

Dijo Hakuin Zenji, maestro Zen:

Perdidos por los caminos oscuros de la ignorancia
vamos vagando por los seis mundos,
de camino oscuro en camino oscuro.
¿Cuándo llegaremos a estar libres del nacer y morir?


Aunque claro, también dijo esto otro, y no debería olvidarse:

El País del Loto está en este lugar. Este cuerpo es vida del ser superior.

Amén.

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