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Mi gran boda griega

Mi gran boda griega Bueno, por fin he visto Mi gran boda griega (My big fat greek wedding, Joel Zwick, USA, 2002), de la que me habían hablado muy bien. Y oye, no me ha decepcionado. Es más, me ha sorprendido gratamente. Aviso que voy a hablar del argumento. Y, como siempre, muy libremente voy a destacar lo que he visto personalmente. Y mi opinión, claro.

Veamos el escenario: una chica griega, cuya extensa familia es radicalmente (osea, desde la raíz) griega y naturalmente de religión ortodoxa, se enamora de un joven americano evidentemente no griego con familia corriente y típicamente occidental moderna. Uno esperaría, si esperara lo típico de las comedias románticas al uso, que los novios, hastiados de los obstáculos que la familia de la chica pone al inusual matrimonio, mandaran a todos a paseo y se fueran a Las Vegas a casarse en una deprimente y estatal ceremonia, animados por un "romántico" y hollywoodiense espíritu de "tú y yo contra el mundo".

Pues no. El chico, muy sensato, decide casarse con ella por la Iglesia Ortodoxa e integrarse con las costumbres de la familia, que lo recibe calurosamente en su seno, como uno más. "No vamos a casarnos a escondidas", le dice a su amada. Así que deciden luchar y seguir adelante, aceptando y no rechazando. Y al final, todos contentos. El amor reconcilia las diferencias. Ninguno de los dos es especialmente religioso, pero se casan por la Iglesia porque la familia de ella sí lo es; en una lectura superficial, esto parecería hipócrita, pero no lo es, pues es ante todo un sí al amor con todas sus consecuencias. En un principio, les chocan a ambos las costumbres arraigadas de los numerosos familiares de la chica, pero lo aceptan, porque no sólo están ellos, también está la familia. Esto sí es subversivo. Es un canto a la familia, un sí a la tradición. Lo típico habría sido el rechazo; aquí hay reconciliación.

Destaca el contraste entre la gran familia de ella, todo amor, calor y ante todo alegría, ¡vida!, y la pequeña familia de él, aburrida, sosa, vamos, una típica familia moderna americana. Al final, todos quedan perfectamente integrados. "Aquí hay manzanas y naranjas, pero en el fondo, todos somos frutos". Integrados ante todo desde el brillo de la gran familia griega enraizada en la tradición y la vida, y a través del nuevo brillo de la unión con la nueva familia. Lo más oscuro de ambas partes queda renovado por la unión. El resultado: ¡un nuevo árbol frutal bien enraizado y exultante de vida!

Una frase que el hermano de la chica le dice: "No dejes que tu pasado te dicte quién debes ser, pero deja que el pasado forme parte de quién vas a ser". Genial. Esto es subversión. No abandones la tradición, no abandones el tesoro que te han legado los tuyos, ni tampoco seas esclavo de ello; por el contrario, deja que su brillo te enriquezca, reintégrate con él y coge las riendas de tu vida bien asentado en la base.

Es una boda entre lo moderno y lo tradicional, entre lo gris y lo colorido, entre la falta de ritos y costumbres y el arraigo en ellas. ¡Una invitación a la reconciliación! Una invitación a re-aceptar el pasado y mirar hacia el futuro, para vivir en el presente, para SER y no sólo pasar en esta vida sin más, sin color, sin belleza. Porque belleza hay en el bautismo del futuro novio (que ojo, lo acepta de buen grado por amor, ¿y qué es el bautismo sino un sí al amor?) y belleza hay en la boda ortodoxa, una rica ceremonia cargada de rito con sentido, belleza, color, celebración de la nueva familia, de la nueva unión sagrada de Cielo y Tierra. ¡Música! Más adelante, cuando la pareja casada tiene hijos, en la casa en la que fundan la nueva familia (una casa regalada por el padre de ella, es decir, unos cimientos vitales puestos por la tradición), enseñan a sus hijos griego. Así, la transmisión continúa, el pasado no se ha perdido, se ha reintegrado.

Por todo ello, me parece una comedia romántica diferente. Muy recomendable y más profunda y subversiva de lo que parece a simple vista. En mi opinión, el "nosotros contra el mundo" está más vivo en esta película que en muchas otras comedias románticas al uso. Es un sí realista, amoroso y sensato a la vida, al mundo, un sí en contra de lo que esta sociedad tendente a la desunión y al olvido del pasado esperaría. Porque el amor no sólo está en la romántica unión de él y ella. Está en la unión de las familias, en el eterno canto a la unidad y al Paraíso que se refleja en los valores, en el Sentido, en la familia, en la integración en un todo, en este caso a través de la familia y la aceptación de lo que lo tradicional debe aportar. ¡No a la nada! ¡Sí a la vida!

5 comentarios

cinthia -

holaa..bueno llegue aca porq estaba buscando info para hacer un tp de la ceremonia je..estoi en el horno :S

Logan -

Interesante, la tengo que ver.

Carlo S. -

Otra película. Otra Boda: "Las bodas del Monzón". Más bella aún y más interesante que la interior. En esta nos vamos a la India. Otra boda para el amor. De como se va gestando un verdadero amor (esa GRACIA) con los simbólicos y exquisitos preparativos hindús para esta boda tan especial. Aquí una vez más la oposición entre la decadencia de Occidente y el humilde esplendor de lo que en principio sólo era un apaño entre familias de "ese" Oriente.

Logan -

Estoy de acuerdo con la esencia que extraes de la boda para el amor. Yo me he ido más por los derroteros de la tradición, pero estoy contigo: más que un amor para una boda es una boda para el amor. Un mensaje subversivo que igualmente, me parece, emparenta con lo tradicional que hay en la Unión de hombre y mujer, Cielo y Tierra para un mundo, padre y madre para un "Niño", más allá de simples sentimentalismos sin Unión.

Encantado de leerte por aquí, Carlos. Como siempre, un placer.

Carlo S. -

A mí también me gustó mucho y me llegó tan feliz como entrañablemente dentro. Es una visión a contracorriente de lo que estamos acostumbrados a ver. Algo tan simple como una pareja que decide casarse y se casa. No un amor (con sus venenos alrededor) que acaba en boda sino una compenetración de un hombre y una mujer que desde su aceptación humilde decide hacer una boda para el amor. Repito: no un amor (¡oh aventurera turbulencia!) para una BODA sino UNA boda para EL Amor. Lo demás, esa tradición de bullicio y color greco-ortodoxo que imprime gracia y ritmo argumental al tema de la película y que vale la pena jugar con ello, como un invitado más al banquete.