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Santuario

El simbolismo del Belén



Esta fotografía la tomé hace unos días en el Belén de Monzón. El montaje, diferente cada año, es uno de los más grandes de España, con reconstrucciones impresionantes de paisajes, ciudades, castillos e iglesias de la zona, y por supuesto el tema central, que es el Nacimiento, las anunciaciones, los Reyes Magos, etc. Su belleza lo ha convertido ya en visita tradicional navideña para miles de personas.

La diversidad de los belenes y el amor que muchos artesanos y aficionados ponen en esta actividad me parecen encomiables. Es un arte y una tradición que afortunadamente están más vivos que nunca, pese a los integrismos laicistas y las mojigaterías modernas de algunos. Es increíble hasta qué extremos de estupidez se puede llegar en nombre de la modernidad, hasta qué punto se puede ser un meapilas en estos tiempos de multiculturalidad mal entendida y desprecio por la propia cultura. Se busca "no ofender" a los que vienen de fuera por sus creencias religiosas, y sin embargo se excluye a nuestra propia cultura, se ofende a la cultura mayoritaria en este país y en este continente. Pero así funciona esta falsa multiculturalidad: hay que ser "tolerante" con lo de los demás, pero no con lo nuestro. Como decía Mujerárbol en un post de hace unos días, hoy se lleva el "gilipollismo ilustrado". Y es que ahora resulta que según los laicistas, para no ofender sensibilidades, ya no hay que montar belenes, sino "paisajes de invierno", con musguito, riachuelillos, vamos lo típico, pero sin nacimiento. Y es que claaaro, eso de que aparezca un paaadre, una maaadre y un niiiño (osea, una familia), debe de ser al parecer algo muy "excluyente" para los pobres gays discriminados (y para los pobres y discriminados polígamos musulmanes, supongo). ¡Un poco de sentido común, por favor!

Muy lúcidas y necesarias en medio de toda esta locura me parecen las reflexiones sensatas desde lo religioso y también desde lo laico.

Después de esta "declaración de principios", pasemos al tema principal de este post: el simbolismo del Belén. Y es que, sí, amigos laicistas, el Belén tiene un sentido simbólico muy profundo y antiguo, aunque qué digo, ¿acaso pretendo que esta gente otorgue valor alguno a lo tradicional, cuando precisamente persiguen su abolición? Y luego se llaman progresistas y defensores de la cultura...

Bien, he elegido un texto claro y conciso que resume el simbolismo del pesebre, un tema que ha dado lugar a múltiples representaciones artísticas a lo largo y ancho del mundo y la Historia. El autor es el Padre Henri Stéphane, un sacerdote católico francés, profundamente estudioso y conocedor de la metafísica, la mística y el simbolismo cristianos. Incomprendido por todos, fue acusado de «modernista» antes del Concilio Vaticano II a causa de su interés por el simbolismo, por la metafísica y por las doctrinas orientales, y marginado por ello. Después del Concilio se le acusó de «integrista» dada su fidelidad a la liturgia latina y a la espiritualidad tradicional y también fue marginado por ello. Sus estudios y enseñanzas se encuentran contenidas en unos tratados y sermones, uno de los cuales es el que a continuación incluyo. Espero que lo disfrutéis tanto como yo.


EL SIMBOLISMO DEL BELÉN

Abbé Hénri Stéphane


El misterio de la Natividad comporta un doble aspecto: el nacimiento del Verbo en el mundo (punto de vista macrocósmico) y el nacimiento del Verbo en el alma (punto de vista microcósmico). Quizás es difícil representar estos dos puntos de vista a la vez, y algunas figuraciones se referirán más bien a un aspecto que al otro. Pero en los dos aspectos, el Niño Jesús debe ocupar una situación central; debe ser lo más pequeño posible para figurar «el Reino de los Cielos semejante a un grano de mostaza» (Mat, XIII, 3l-32). La Virgen debe ocupar igualmente una situación central, pero en un plano de fondo; ella no debe ocupar en ningún caso una posición simétrica a la de San José, que no es el verdadero padre del Niño Jesús; contrariamente a la mayoría de las figuraciones vulgares, ella no debe tener una actitud de plegaria o de adoración semejante a la de los otros personajes. Debe estar en la función de Virgo genitrix, lo que supone que está situada, como ya lo hemos dicho, detrás de Cristo, pero en la misma situación «axial», lo que significa que es a la vez «Madre de Dios» y «Esposa del Espíritu Santo». Su actitud debe ser jerárquica, perfectamente impasible, lo cual simboliza su virginidad, su inmaculada concepción, su perfecta sumisión o «pasividad» con respecto al Espíritu Santo.

Todo lo que precede se aplica igualmente al punto de vista «microcósmico», es decir, al nacimiento del Verbo en el alma. La Virgen representa entonces al alma en estado de gracia. Desde un punto de vista pasivo, el alma debe identificarse a la Virgen realizando las perfecciones mariales, para que el Verbo pueda encarnarse como en el seno virginal de María, esposa del Espíritu Santo; desde un punto de vista activo, el alma se identifica a la Virgen Madre. El primer aspecto se refiere a la Comunión del alma recibiendo al Cristo, el segundo a la Invocación del Nombre de Jesús: el alma profiere el Verbo como la Virgen da a luz a Cristo bajo la acción del Espíritu Santo, generador supremo. Es aquí donde interviene San José, así como el asno y el buey. San José simboliza la presencia invisible del Maestro espiritual en la invocación, siendo éste el Espíritu Santo; el buey representa al «guardián del santuario», es decir, el espíritu de sumisión, de fidelidad, de perseverancia y el esfuerzo de concentración; el asno, animal «profano», es el testigo «satánico» en la invocación, representando el espíritu de insumisión y de disipación.

Pero esto es también susceptible de una aplicación en el orden «macrocósmico», en el que el buey y el asno representan respectivamente el mundo celestial y el mundo infernal. Puede uno entonces preguntarse por qué este último es admitido en el nacimiento del Verbo, tanto en el mundo como en el alma; la explicación se encuentra claramente indicada en la Epístola a los Filipenses (II,10) donde San Pablo declara: «... a fin de que en el Nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra, en los infiernos...», texto que se refiere tanto al nacimiento de Cristo en el mundo como a la invocación del Nombre de Jesús.

Por todos estos motivos, San José debe figurar al lado de la Virgen, pero no en el eje indicado precedentemente, y, puesto que es el símbolo del Maestro Invisible, debe estar en una actitud puramente pasiva de manera que no obstaculice la acción del Espíritu. El buey y el asno deben colocarse a la derecha y a la izquierda (lado siniestro) del Niño Jesús.

Nos queda hablar de los Reyes magos y de los pastores. Los Tres Reyes magos representan el poder sacerdotal y real. El primer rey representa el poder real; él ofrece a Cristo oro y le saluda como «Rey»; el segundo rey representa el poder sacerdotal; le ofrece incienso y saluda a Cristo como «Sacerdote»; por último, el tercero representa la síntesis de los dos poderes en el estado indiferenciado; le ofrece mirra (el bálsamo de incorruptibilidad) y saluda a Cristo como «Profeta» o Maestro espiritual por excelencia.

La función de los Reyes magos tiene por tanto un carácter aristocrático que los distingue de la «plebe», representada por los pastores. Se deben colocar frente al Niño Jesús, mientras que los pastores pueden ser dispuestos en semicírculo alrededor de los Reyes magos.

Finalmente, el nacimiento del Verbo o el «renacimiento espiritual» del alma debe realizarse durante la «noche»; es por eso que tiene lugar en la «gruta» a medianoche y en el solsticio de invierno, fecha de la Navidad. La gruta no es de ningún modo una pobre chabola con un techo de paja. Su simbolismo se refiere al de la Caverna o al del Domo (situado, en nuestras iglesias, encima del santuario donde se cumple el misterio eucarístico). La Caverna debe tener una forma hemisférica (propiamente un cuarto de esfera); el interior debe ser sombrío, iluminado solamente por la Estrella, símbolo de la Luz divina, pudiéndose colocar ésta encima de la Caverna. Por último, el pesebre donde reposa el Niño Jesús puede tener una forma hemisférica, complementaria a la de la Caverna, simbolizando las dos mitades del «Huevo del Mundo».*


(*) Sobre los diversos símbolos evocados aquí, ver los capítulos de R. Guénon recogidos en Simbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada, en particular: capítulo XXX, El Corazón de la Caverna; capítulo XXXII, El Corazón y el Huevo del Mundo; capítulo XXXIII, La Caverna y el Huevo del Mundo; capítulo. XXXIX, El Simbolismo del domo.



Tratado 11.4 del tomo II del libro de Abbé Hénri Stéphane Introduction à l'ésotérisme chrétien, Paris, Dervy-Livres, 1983.

4 comentarios

Logan -

No sé si puedo dar una respuesta correcta a eso, quizá Mujerárbol sepa aclarar el asunto.
Por lo que sé, creo que seguramente el Belén, al igual que las representaciones teatrales medievales, tiene origen litúrgico. Todo comenzó en los templos, por obra de los clérigos. La liturgia escenificaba el nacimiento de Cristo, con las anunciaciones y la "subhistoria" de los Reyes Magos. Así que es de suponer que toda esa representación artística estuviera cargada de simbolismo y medida al milímetro para ser símbolo de las realidades que se pretendía mostrar.
Aunque hoy no hay conciencia del simbolismo entre la mayoría de las personas que se ponen a montar un belén, se ha conservado la tradición de que cada personaje tenga su lugar adecuado. Si no es así, "ya no es" un belén.

Toni M. Jover -

Hum... Bueno, está claro que cuando los laicistas se meten en asuntos teológicos hacen el mismo ridículo que cuando los obispos se meten en asuntos políticos.

Interesante la exposición de este señor, pero yo en cuanto a los orígenes de la representación del Belén no tengo ni idea: ¿todo esto significa que la tradición nació "profesionalmente", quiero decir, de un ritual eclesiástico o algo parecido? Se me antoja un simbolismo demasiado elaborado como para ser popular y secular, en especial por la necesidad de sumisión a un segundo plano de la Madre y el carácter esotérico de ésta, en el sentido de introspectivo, orientado más a su función en el microcosmos que en el macrocosmos (utilizando el mismo lenguaje que el caballero). No sé si me he explicado o me liado yo sólo, o si es que me ha tocado la sensibilidad mariana, que la tengo a veces a flor de piel. De todas maneras, sólo pregunto, pues en el tema ya digo que no ando lego.

Saludos!

Logan -

¡Bienhallada, mujer del bosque! Por cierto que en Oriente los místicos se van al bosque, y en Occidente al desierto. ¿Hoy a dónde van los místicos? Quizá no haga falta ir a ninguna parte, porque tenemos bosque y desierto de sobra en la city. Hoy la dificultad está en casa, y salir a los espacios salvajes es salir de vacaciones. ¡Qué cosas!

De 15.500 años a aquí (si no me equivoco con la fecha de Lascaux) el buey sigue guardando el santuario. La caverna que el sol iluminará.

Yo, Logan, empiezo a sentirme un poco buey, pues al fin y al cabo soy guardián de Santuario. :D Y también soy testigo, así que supongo que también soy un poco... asno (ver texto de este post). ;)

mujerarbol -

¡Ja! ya he vuelto a mi feudo boscoso, y me encuentro esta encantadora evocación de los FUNDAMENTAL del belén. ¡Qué bonito!
Por cierto: el buey como «guardián del santuario» puede llevarnos muuuy lejos: ¿a un viejo toro pardo que guarda una cueva, decorada en el paleolítico, en Lascaux?
No, yo no creo en las coincidencias al nivel del Arte.
Y era pardo, oye.