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Solsticio de Invierno (I)

Solsticio de Invierno (I)
Hoy estamos justo en el Polo Norte del año. El mundo celeste penetra en el mundo terrestre como un rayo en las tinieblas. A partir de ahora, el Sol, que ha venido muriendo durante el otoño, adquirirá nueva vida, renovado. El día 25, día del Sol Invictus entre los romanos, la Natividad de Cristo, Encarnación del Verbo, entre los cristianos, el astro Rey renacerá. Buen momento polar para orientarse al Norte y esperar. Andar y esperar. Andanza y esperanza. En confianza.

Para celebrar el Solsticio, para vivir en consonancia con lo que el rito de todos los tiempos celebra en estos días, es necesario profundizar un poco en lo que este momento cósmico significa tradicionalmente. Transcribo a continuación un texto cuyo autor desconozco, que un amigo me dio hace un tiempo.


EL SOLSTICIO DE INVIERNO. ¿Sabemos qué celebramos?

Algunas leyendas y tradiciones sobre el origen de los pueblos europeos aluden a un "centro polar", situado en el Norte, "más allá de la más lejana medianoche", que era su lugar de residencia. Un día, "cuando el cielo cambió", aquellas tierras vieron cómo progresaba el frío y los lugares, antaño paradisíacos, se convertían en inhabitables. Puede comprenderse que para estos pueblos "la experiencia del Sol" (calor y vida), les marcara profundamente.

A lo largo del otoño. el sol se ha ido alejando, casi muriendo. El punto más bajo se sitúa justo en el solsticio de invierno. Pero a partir de ese instante, el sol renovado adquirirá nueva vida. Las fiestas invernales están marcadas por la tristeza inicial por la muerte del sol, pero también por la seguridad inquebrantable de su renacimiento el 25: Dies natalis solis invictus, el "día del nacimiento del Sol Invencible".


EQUINOCCIOS Y SOLSTICIOS

Tradicionalmente, los equinoccios están relacionados con el mundo terrestre y con sus variaciones; los solsticios, por el contrario, aluden al mundo sideral. De ahí que los pueblos antiguos representasen los solsticios mediante una línea vertical, que indicaría ascenso y descenso, y los equinoccios con un trazo horizontal, representación del mundo terrenal.

Esta dualidad se traduce en las concepciones religiosas de los pueblos. Los que hacen de los solsticios el eje de su identidad religiosa, adoptarán cultos de tipo solar; mientras que los otros se referirán a cultos telúricos y ginecocráticos, o si se quiere, a cultos lunares.

Con frecuencia, ambas concepciones se interfieren como producto de las migraciones de los pueblos, de sus mezclas y de los inevitables sincretismos. Así, por ejemplo, Apolo, concebido como el Sol en sí, inmóvil y soberano (traído a Grecia por Aqueos y Dorios, indo-arios), sufre la adulteración de los pueblos equinocciales de la Grecia Antigua (los pueblos pre-arios, minoicos y cretenses, adoradores de diosas femeninas), transformándose en Helios, representación del sol sometido a la ley de ascenso y descenso, que cada noche se refugia en la madre tierra donde cobra nuevos bríos para ascender al día siguiente.

Hay que incluir los cultos y temas equinocciales entre los de la Gran Madre, cultos relacionados con la floración de la tierra, con lo caótico y desordenado de los bosques, es decir, con todo lo relativo al reino vegetal. En el año corresponden a la Primavera. Los temas solsticiales marcan los grandes hitos del Sol: el punto más alejado y el más cercano a la Tierra, solsticio de Invierno y de Verano, respectivamente.




EL INVIERNO PARA EL MUNDO TRADICIONAL

Las viejas tradiciones indo-europeas aluden a una sede situada en el Norte -Hiperbórea- que era su lugar de origen y residencia durante una mítica Edad de Oro, en el principio de los tiempos. Una serie de catástrofes naturales forzaron migraciones hacia el sur, en el curso de las cuales estos pueblos conservaron la memoria de su pasado. Buscando el calor del sol y días más largos, descendieron al sur.

En una segunda fase de descenso -Edad de Plata- se establecieron en una isla a la que llamaron Thule. En pos de esta sede partió Phiteas "el Masaliota"; pretendió haber llegado allí, si bien es posible que confundiera Thule con las islas Casitérites, Islandia o probablemente Groenlandia.

Nuevas catástrofres y migraciones llevaron a estos pueblos más al sur y en un ciclo siguiente de descenso se establecieron en la Atlántida, en lugares hoy ocupados por las aguas oceánicas. El relato platónico es suficientemente conocido como para que nos extendamos.

Todo esto no precisa demostración científica o huellas arqueológicas "positivas", se trata de tradiciones; "tradición" implica transmisión, oral y directa, por tanto, un cierto contenido de verdad, que aunque deformado indicaría, como mínimo, la psicología profunda de los pueblos indo-europeos sobre los que se vehiculizó esta mitología.

La dureza del clima nórdico-polar, el dramatismo de unas migraciones realizadas en condiciones precarias, imprimió un carácter particular producto de la experiencia existencial de estos pueblos marcada, sin duda, por la búsqueda y persecución del Sol, desde el Norte originario hacia el Sur. No es de extrañar que para ellos el Sol se elevara a la categoría de divinidad y que sus líderes y soberanos adquirieran connotaciones solares: inmovilidad, serenidad, altitud, distanciamiento, quietud, poder, fuerza, vigor, centralidad, irradiación, teúrgia (el sol tuvo un cierto poder terapéutico antes que la destrucción de la capa de ozono lo convirtiera en mortal), etc.

A la vista de todo esto, es lógico que las fiestas que colocan al sol en el centro de su temática, tengan gran arraigo y predicamiento en los descendientes de estos pueblos originarios, mejor que primitivos. Las festividades del invierno tienen por ello un carácter ambivalente: son, por un lado, fiestas en las que el recuerdo de los muertos tuvo gran importancia, sobre todo en sus primeras semanas; pero también son fiestas de resurrección y promesa de vida. De ahí la alegría generalizada con que se abordaban en un tiempo en el que los escaparates del consumo no existían y todo lo que se regalaba o con lo que se decoraba el hogar era fabricado por las propias manos de quien lo entregaba.




EL GRAN CICLO DE 12 DÍAS

Del 25 de diciembre al 6 de enero, tiene lugar el ciclo festivo más atractivo de todo el año. La naturaleza que ha ido muriendo a lo largo del otoño, llega a un período de inflexión. El sol, dador de vida, detiene su alejamiento de la tierra y si antes parecía como si quisiera salirse de la elíptica y desaparecer, ahora, a partir del 25 de diciembre, inicia su lenta aproximación a la tierra. Esto hace del invierno una estación rigurosa en cuanto a las inclemencias climáticas, pero llena de alegría: es la promesa de una renovación.

Este ciclo festivo puede ser considerado como la fiesta del Eterno Retorno del Sol, de su renacimiento (Navidad) y de la regeneración del tiempo (primero de año).

Fiesta familiar una (la Navidad/Solsticio), fiesta mundana otra (primero de año, fiesta de Jano), fiesta, finalmente, para los niños la última (Epifanía), cada carácter y cada edad encuentran su momento ideal en estas fechas.

El hecho de que se trate de un ciclo de doce días, indica su relación con las costumbres y los pueblos indo-europeos, para los cuales el número doce era sagrado y se repetía en distintos motivos simbólicos. Su relación con el Sol no puede ser sólo considerada como una mera muestra de "naturalismo"; es fundamentalmente la evidencia de una concepción del mundo y de una tradición nórdico-polar. El hecho de que el ciclo festivo haya sido cristianizado no resta importancia a este simbolismo, tan solo lo cubre de connotaciones propias de esta religión. Pero llámese Cristo o Mitra, la celebración del día de su nacimiento coincide con la ruta en la que el sol se encuentra en el punto más bajo de la elíptica.

Durante miles de años, nuestros antepasados indo-europeos han celebrado esta fiesta y a lo largo de las culturas dominantes en cada ciclo, ha permanecido inamovible y nada ni nadie ha logrado desarraigarla de la memoria colectiva de nuestros pueblos. Como máximo se ha adaptado y en las últimas décadas adulterado.

Aquí radica la importancia de este ciclo de 12 días: pone en contacto el pasado con el rpesente y es una promesa de futuro. Lo que han hecho cientos de generaciones en el decurso de milenios, es una "tradición", un patrimonio ancestral, lo que une a los hombres del presente con su pasado más remoto; las fiestas y celebraciones de este ciclo muestran a los hombres de hoy cuáles eran los principios y la concepción del mundo de sus ancestros. Tal es uno de los sentidos, hoy perdido, que convendría recuperar.

Otro pueblo indo-europeo, los germanos, conservó para esas fechas unos contenidos análogos. Cuando se acercaban las fiestas solsticiales, los germanos enviaban mensajeros a lo alto de las montañas para que anunciaran el próximo retorno del sol. Este se producía en la noche del solsticio; entonces, grandes hogueras eran encendidas en homenaje y los clanes celebraban sus ágapes.

Para los germanos -y por extensión para los pueblos nórdicos- el "solsticio de invierno" y las fiestas que seguían eran un remedo del Ragnarök, el "crepúsculo de los dioses" [Nota de Logan: en realidad, se suele traducir "crepúsculo" desde Wagner, pero el sentido original es más cercano a "destino de los dioses"]. Liberado , el lobo Fenrir -símbolo de las fuerzas caóticas y tempestuosas- rompe sus cadenas y devora los cielos y la tierra; el sol mismo es tragado por la fiera. Pero en el final del relato del Edda, el sol es reemplazado por su hija, gracias a la gesta del dios Vidarr, llamado el "As silencioso". En el universo romano, Angerona, diosa del solsticio, representada en actitud de demandar silencio, y con la boca vendada, es el equivalente; la conclusión es simple, hubo un tiempo en el que el ciclo de Navidad se celebraba en recogimiento y silencio...

Los hindúes celebraban en esas fechas el Deva-yana, fiesta de la vía de los dioses, en oposición a la fiesta de Pitri-yana, vía de los antepasados, que tenía lugar en el solsticio de verano. En la celebración de esta última fiesta adquiría gran importancia el fuego. Era en el fuego en donde se creía que residía el espíritu de los antepasados, que una vez muertos, pasaban a ser dioses tutelares del hogar; este mismo culto se transmite a Roma en los altares domésticos destinados a los dioses lares.

En el transcurso de los siglos, con la dispersión de los pueblos indo-europeos y sus mezclas, se alteraron parte de estos significados: en la Europa del sur desaparecieron las hogueras del solsticio de invierno, que, sin embargo, se conservaron en el Norte; mientras, en el solsticio de verano, algunas poblaciones del sur siguen realizando hogueras análogas. Pero siempre, en todos ellos, es posible reconocer la importancia que el eje solsticial -es decir, solar- tuvo para ellos.


(CONTINUARÁ)


Como se ve, es un texto largo pero para mí valioso por sintetizar más o menos adecuadamente el origen de la celebración de los Solsticios. El simbolismo del eje solsticial es mucho más profundo y se puede contemplar desde un punto de vista metafísico, iniciático, esencial, de cuya realidad suprafenoménica es símbolo viviente y "soporte" el propio fenómeno, y los ritos, símbolos y mitos que lo celebran. Para profundizar en este sentido, recomiendo la lectura de los capítulos XXIX a XXXVIII del libro Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada, de René Guénon, publicado en la editorial Paidós y disponible en formato electrónico [aquí].

Respecto al texto que nos ocupa, transcribiré lo que falta después de Navidad, para no hacer demasiado pesada su lectura en un sólo post, y porque los contenidos que se tratan son más adecuados para esas fechas: "Jano: la renovación del tiempo", "La estrella de los Magos", "El Carnaval o el Ocaso del Invierno" y la reflexión final: "De la tradición al consumo".

Por último, querría señalar mi opinión respecto a lo explicado en el texto precedente sobre la adecuación de las religiones a las fiestas celebradas con anterioridad. Añado que es de lo más natural que las religiones, en su etapa de juventud y expansión, lleven a cabo una adecuación de las tradiciones y fechas de las culturas "paganas" o anteriores sobre las que se asienta la nueva tradición. Y es que lo que hace la nueva religión es aportar un lenguaje nuevo y renovar esas culturas que suelen estar inmersas en una fuerte decadencia. Véase el caso del Imperio Romano en sus últimos tiempos, muy alejado ya de las virtudes admiradas por los romanos en sus vigorosos inicios; el Cristianismo vino a renovarlo y dio lugar a una nueva civilización (la Medieval), basada sobre los cimientos de las anteriores (aprovechando muchas leyendas, templos, fiestas...) y productora de una intelectualidad superior (una espiritualidad, para entendernos) y un simbolismo que organizó la sociedad en lenguaje cristiano. Así pues, no creo, como algunos sostienen negativamente, que "la Iglesia haya hecho desaparecer toda religión distinta para que su culto sea el único". Yo más bien diría que la cristianización (por lo menos la de los primeros siglos, porque después la cosa cambia y habría que entrar en otras consideraciones), más allá de gustos y más allá del bien y del mal, en un plano simbólico, cósmico, y en el contexto de la religión de los pueblos, respondió a una necesidad de renovación que Occidente necesitaba en aquel momento de crisis. Un momento, por cierto, muy semejante al actual.

Por otra parte, también quería señalar que en mi opinión la celebración del Solsticio no se debe esencialmente al "nacimiento del Sol" más o menos derivado de la observación de los fenómenos naturales, sino que éstos sirven de soporte natural y perfectamente adecuado al proceso del despertar espiritual, camino iniciático, místico, etc. Es así como hay una estrecha correspondencia (una analogía) entre el renacimiento del Sol y la encarnación del Verbo en la figura de Cristo, símbolo que hace referencia al proceso vital del ser humano en su camino hacia el despertar, hacia el "retorno" al Paraíso, hacia la experiencia a la que apuntan las tradiciones de sabiduría. Realmente la figura del Sol es muy adecuada como símbolo de lo que el cristianismo llama Cristo, y por lo mismo, la figura del nacimiento del Sol o Solsticio de Invierno es muy adecuada a lo que el cristianismo llama Navidad o nacimiento de Cristo. Se ve, pues, la armonía que rige la estructuración del año litúrgico, que no se debe pues a un intento de captar más adeptos disfrazando antiguas fiestas paganas, sino a una verdadera ley de analogías y símbolos, sustentada en la sabiduría y en la tradición.

Volveremos con el texto del Solsticio de Invierno en unos días.

¡Luz!

9 comentarios

Logan -

Resuelves el asunto con gran sabiduría, amigo. Sí, la diferencia es lo que nos enriquece, pues la multiplicidad de puntos de vista es el trampolín necesario hacia el conocimiento, y es la rica manifestación diversa del conocimiento en múltiples puntos de vista. Lo necesario es no encerrarse en la propia visión del mundo sino abrirse y tener en cuenta la riqueza de la multiplicidad de persepectivas.

En fin, Toni, da gusto encontrarse con gente abierta con la que se puede hablar y contrastar puntos de vista sin que te miren raro.

Saludos!

Toni M. Jover -

Es un error hablar de una tradición europea de orígenes nórdicos: es selectiva, se basa en apenas unos pocos textos griegos e indios, y su influencia en posteriores medievales, y alguna que otra tradición oral. Hay tantas tradiciones de orígenes nórdicos como de orígenes occidentales u orientales, ya no es cuestión de cientifismos históricos.

Pero es cierto que no es la función realmente importante en el texto, la cual cumple muy bien.

En fin, todo es cuestión de como cada uno interpreta las cosas. Yo entiendo "religare" como "seguir un camino", el camino que otros te han preparado, y sin hacer preguntas. Sí, llevarte a la unión con una comunidad, y con un Dios... y comulgar con ambos con ruedas de molino. Yo quiero ser libre para tomar de cada escuela lo que considere más adecuado o afín a mí. Pero tú lo haces, eres libre e interpretas libremente, y no tienes un concepto negativo de la palabra "religión". Cada persona es un universo, pero esa diferencia es la que nos enriquece: si no no tendríamos nada que compartir.

Saludos!

Logan -

Por cierto, Toni, hacías referencia a la etimología de "religión". Yo entiendo RELIGARE, que vendría a expresar la reunión del Hombre con el Espíritu que es en el fondo, la realización de la unidad de sujeto y objeto, el religar el yo al Ser. Y en un segundo sentido, también religar al individuo con los demás, con la comunidad. En definitiva, religión significa religar al hombre con sus semejantes en la comunidad colectiva, y religar al hombre y a la comunidad con Dios (o Espíritu, o Ser, o Uno, como se quiera) en tanto que comunión supraindividual.

Logan -

Toni: Respecto al tema de Cristianismo y tradiciones paganas de la Antigüedad, entiendo que lo que dices es cierto, se pudieron cometer injusticias. Pero al mismo tiempo, creo que mirando las cosas desde otra perspectiva, todo aquello confluyó en un beneficio y la adaptación al cristianismo resultó armónica al fin, como una nueva ciudad construida sobre las ruinas de una ciudad anterior, respetando los cimientos (aunque no se hubiera respetado la propia ciudad). Entiendo que esta opinión es muy mía y muy discutible. Para explicarme mejor, se me ocurre una frase: todas las imperfecciones hacen la perfección, o las desarmonías en conjunto hacen la armonía general. O "Dios escribe con renglones torcidos". Mi impresión es que, en un (por supuesto discutible) más allá del bien y del mal, en una perspectiva general, el conjunto resulta beneficioso (pues el cristianismo aportó un amor al prójimo y otros elementos "de entraña", profundos y valiosos, que no existían antes en la Europa de la época), el caos contribuye al orden final. Sin negar las injusticias concretas y las muy grandes imperfecciones históricas. Y abusos y demás. Creo que hay que juzgar lo negativo, pero también complementariamente observar el sentido de orden final más allá de juicios morales. Y es que, personalmente, opino que el Cristianismo fue una bendición para una Europa que en aquel momento andaba sin Norte, y que esta religión ha hecho mucho bien (aunque lo que más se resalta hoy es lo malo y lo decadente de la Iglesia, que ciertamente hay que decirlo también). Por otra parte, creo que en las tradiciones "paganas" había muchísimo de bueno, simplemente expresado de otra forma, sabiamente también a través de sus propios símbolos, pero oscurecido en los tiempos del Imperio. Y de hecho ya sabes que me intereso mucho por las mitologías y las civilizaciones antiguas.

Cierto, me parece atinada la alusión que haces a que los monoteísmos tienen cierto matiz excluyente. Desde ese punto de vista no tengo nada que objetar. Simplemente, lo mismo de antes: que desde un punto de vista alejado de lo moral, lo simbólico de un monoteísmo me parece beneficioso. Mi opinión (muy personal, y por supuesto, sobra decirlo, respeto sumamente tu opinión), es que no es que los monoteísmos sean peores que los politeísmos, sino que pertenecen a un estadio de la manifestación religiosa digamos más cercano a lo místico que es el corazón de toda tradición, más de entraña y más transparente, menos adulterado. Aunque tienen lo malo de que, sí, efectivamente, en su proceso de "envejecimiento" acaban convirtiéndose en dogmáticos, excluyentes y conflictivos, dando lugar a cismas, herejías, etc.

Respecto a lo último que dices, no sé si soy cristiano de mente abierta o qué bicho raro soy. Cristiano, sí, lo soy. Pero ante todo, ser humano. O eso intento. :)

Un saludo, Toni.

Logan -

Toni: sí, de acuerdo contigo en tu apreciación. Sólo un apunte. El texto hace una aclaración cuando dice: "Todo esto no precisa demostración científica o huellas arqueológicas "positivas", se trata de tradiciones; "tradición" implica transmisión, oral y directa, por tanto, un cierto contenido de verdad, que aunque deformado indicaría, como mínimo, la psicología profunda de los pueblos indo-europeos sobre los que se vehiculizó esta mitología."

Dice "un cierto contenido de verdad", así que es de alguna forma un aviso de que lo que se dice en el texto no tiene pretensiones científicas, sino que se presta atención a los datos tradicionales. Sin embargo, estoy de acuerdo contigo en que el texto simplifica quizá demasiado las cosas, pues en efecto trabaja con "teorías". Pero al fin y al cabo, la propia idea moderna de "indoeuropeo" es también una teoría. Mi profesor de Lingüística Indoeuropea solía decir que no nos creyéramos demasiado el dogma ya formado de lo indoeuropeo, porque actualmente los especialistas trabajan en una dirección diferente a lo estudiado hasta ahora.

No obstante, creo que la finalidad del texto se ve cumplida, como también comentas, pues no trata de decir la verdad de los sucesos históricos (que probablemente nunca se conocerá del todo), sino dar una visión unitaria y simbólica, y con contenido de verdad más o menos exacto o inexacto históricamente (y con cierto contenido de poesía, por qué no) para devolver el Sentido a nuestro mundo. Hace falta más sentido mítico, creo yo, así que realmente no me importa demasiado la realidad histórica de Hiperbórea y Atlántida, por ejemplo, pero me atrae en cuanto que símbolo dotado de poesía y sentido. Y aunque los indoeuropeos, por ejemplo, no provengan del polo norte sino probablemente (científicamente) de las estepas de Eurasia, como se suele decir en la "teoría" oficial, no deja de parecerme más "real" en cierto sentido la idea del Polo que apunta el autor del texto, siguiendo a autores como Guénon.

Logan -

Mujerárbol, me alegro de que te guste el artículo. En unos días colgaré el resto. Yo he disfrutado mucho transcribiéndolo-saboreándolo, a mí manera una forma de rendir homenaje al naciente Sol en el momento adecuado. :)

No sólo SFCS, sino casi todas las obras de Guénon están disponibles en formato electrónico, en dos sitios que yo sepa:
http://www.geocities.com/juancontierra/
y en
http://www.euskalnet.net/graal/index2.htm

Sí, yo también creo que Guénon clarifica muchas cosas.

Perdóname, debo de estar espeso y no sé a qué te refieres con tu frase "el profundo, significativo, VERDADERO SOL que entra por esa ventanita en S. Juan de Ortega... ¿lo conoces, no?". ¿Te importa aclararme la frase? El frío del invierno, que me congela las neuronas. :)

Totalmente de acuerdo contigo en cuanto a la manía que tienen algunos de tópicamente restar validez a la Navidad cristiana por eso que dices, y sólo demuestran la falta de conciencia que tienen sobre su ignorancia, porque está claro que el simbolismo de la Navidad y el del Solsticio de Invierno "pagano" son perfectamente equivalentes en el fondo.

Un placer como siempre, Mujerárbol, de ROMERía? ;)

Toni M. Jover -

Ah. Por otra parte, habéis hablado de la "falsedad" de que el Cristianismo haya actuado como exterminador de las religiones paganas.

A mí de entrada la palabra "religión" me provoca un cierto repelús, por lo que de "camino" dogmatizado implica en su propia etimología.

No comparto la idea de que el Cristianismo "reciclara" creencias y costumbres paganas: basta echar un vistazo a los textos cristianos más primitivos para ver que, como toda fe "iluminista" y monoteísta, lo que pretendía era segar toda la impiedad y superstición que a los ojos de la nueva religión era todo tipo de paganismo. Otra cosa es que no pudiera hacerlo por lo arraigado de dichas creencias, y que una vez establecido como religión oficial del Imperio Romano aceptara en su seno a "medio cristianos" cuya hibridez acabó afectando al propio Cristianismo.

Desde luego, es una generalización excesiva lo de la Iglesia Católica "mala, malísima". Pero para poner un ejemplo claro... ¿dónde encontramos una hibridación cristiano-india en América? No precisamente en la doctrina oficial de la Iglesia, si no en su libre interpretación por parte de las comunidades indígenas supervivientes.

El Cristianismo es un monoteísmo, no un henoteísmo amable. Otra cosa es que cristianos de mente libre, como creo que eres tú, Logan, sepan hacer su propia lectura y rescatar de él lo que de positivo tiene, que también es mucho, para moldear su propia religión.

Toni M. Jover -

Como dice Logan, el texto es muy interesante como síntesis, bien sea para que quien no tenga conocimiento del tema lo adquiera o para que quien sí lo tenga se lo refresque.

Una connotación negativa del mismo: hay que tener cuidado con los tópicos. La idea de una "tradición secular" de los pueblos indoeuropeos sobre una patria nórdica original es un concepto muy selectivo: una cosa es la importancia que a la misma le hayan dado algunos pensadores de los siglos XIX y XX y otra que realmente fuera una creencia común entre los antiguos europeos. Eso es ignorar muchos otros testimonios "indoeuropeos" de la Antigüedad que nos hablan de orígenes orientales, u occidentales. La mención a la Atlántida es una manera de "encajar" esas tradiciones de los ancestros del Oeste en el constructo que se pretende hacer pasar por "tradición secular". No es así. También son muy arriesgadas las identificaciones del tipo "culto de Apolo en Grecia=importación de aqueos y dorios". Las teorías son teorías, y no mencionar que lo son es dar por hecho que son un conocimiento asumido, cuando los historiadores todavía discuten sobre las mismas.

Así pues, considero el texto muy bueno en su finalidad: analizar el sentido secular de la celebración del solsticio de invierno. Pero arriesgado en demasiado de sus detalles por el abuso de generalizaciones que pueden dar pie a confusiones.

Sin embargo... Espero ansioso la segunda parte ;-)

Saludos, Logan.

mujer-romero -

Hola, Logan: soy la de los culos intrascendentes, desterrada en La Mancha durante 6 horas de su vida. Me ha encantado el laaargo artículo -quiero más.
No sabía que SFCS de Guénon estuviera en formato electrónico; es un libro clave para entender muchas cosas.
Por cierto: el asunto de que el Cristianismo haya recogido tradiciones anteriores, sirve a muchos para machacar el topicazo de la "conspiración" eclesiástica: ¡queee malos los curas que nos ocultan que el 25 de Diciembre es el dia del Sol Invictooo! 8(
Aunque tiempo ha que reniego del guenonismo (o de algún guenonismo) me parece que cuando una tradición es verdadera, se puede "leer" en todas partes, y está muy por encima de manipulaciones, o interepretaciones rastreras. Igual que un símbolo: el profundo, significativo, VERDADERO SOL que entra por esa ventanita en S. Juan de Ortega... ¿lo conoces, no?