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El Fin de los Tiempos (V): Daniel

El Fin de los Tiempos (V): Daniel Acerquémonos ahora al complejo simbolismo de una de las visiones apocalípticas de Daniel: la visión de las cuatro bestias. Daniel es un profeta del Antiguo Testamento que siempre me ha fascinado, supongo que porque llevo su nombre, pero he llegado más lejos que a una simple simpatía, pues siento de alguna forma un vínculo. Yo no sería el mismo Daniel si no fuera por aquel primer Daniel. Siempre he considerado de una forma casi intuitiva que conocer el origen del propio nombre e intentar aprender lo que puedas del personaje al que se lo debes es casi un "deber" para con el Ser Humano como ente supraindividual, pues yo no sería nada sin los que me precedieron, y mi formación cultural, mi visión del mundo, no sería la misma sin la tradición. "Hacer mío" el nombre que llevo pasa por conocer y saborear lo que caracterizó al que llevó mi nombre. Lo veo casi como un acto de agradecimiento a nuestros antepasados.

Volviendo al tema. La palabra "profeta" deriva del griego prophétes: "hablar en nombre de", "ser portavoz". Y corresponde con el hebreo nabi, seguramente procedente del asirio nabû, "llamar". Es decir, el profeta es el "llamado", el "inspirado", el portavoz de Dios, que interpreta en un sentido sobrenatural la Historia, o más bien que posa una simbólica mirada en la Historia desde lo más profundo de su ser. Es el Espíritu el que habla a través del profeta, habitualmente mediante visiones simbólicas, para dar a conocer una visión cíclica del tiempo y el mundo. La riqueza y la profundidad de las profecías (y me refiero a las tradicionales y ricamente simbólicas, y no a las simples "predicciones" que pululan por ahí) es tal que permiten varias lecturas, aplicadas a la Historia del hombre, al desarrollo de las sociedades, al proceso iniciático, etc. Cualidad que por otra parte es característica de todas las escrituras sagradas y mitos en general, sea cual sea su tradición. No creo, como algunos, que el Espíritu sólo se manifieste en la tradición judía y luego en la cristiana, ni tampoco creo, desde luego, que no se manifieste en ninguna, como los que consideran a las religiones y mitologías simples cuentos para sostener a estructuras de poder. El poder está ahí, claro, pero volvamos con honestidad a mirar al principio, a la raíz: ¡Experiencia espiritual, Sabiduría! Y por supuesto, miremos las obras de los que beben de esa fuente que hay en el fondo: la Poesía y el Símbolo brillan, ¿no lo veis?

De nuevo: volviendo al tema, que me desvío del asunto. Daniel significa "juez es Dios". Dotado de una sabiduría extraordinaria, se reveló como intérprete prodigioso de sueños proféticos y visiones. Según el libro que lleva su nombre, parece que vivió durante el siglo VI a. de C.; era un joven deportado en Babilonia y residente en la corte de Nabucodonosor bajo el nombre de Baltasar.

La simbología de la visión de las cuatro bestias es muy compleja y, francamente, mis conocimientos de simbolismo son pequeños, tanto que me limitaré a señalar, como vengo haciendo en esta serie de textos sobre el Fin de los Tiempos, algunos aspectos concretos que me llaman la atención.

En primer lugar, quiero señalar la aparición del número cuatro relacionado con grandes etapas de la Historia. En Hesíodo eran cuatro Edades, en los Puranas son cuatro Yugas, y aquí aparecen las cuatro bestias. La última de ellas, la más terrible, se parece mucho en sus atributos a la Edad de Hierro o Kali-Yuga. "Tenía enormes dientes de hierro, comía y trituraba, y lo sobrante lo pisoteaba con sus patas; era diferente de todas las otras bestias que la habían precedido y tenía diez cuernos." (7, 7).

En segundo lugar, me llama la atención la referencia a la renovación del ciclo, como la nueva Edad de Oro, el nuevo mundo tras el Ragnarök, etc.: "Y serán entregados a los santos del Altísimo el reino, el poder y la grandeza de los reinos que bajo todo el cielo existen; su reino será un reino eterno y todos los imperios le servirán y estarán sujetos a él." (7, 27) Estar sujetos al reino del Altísimo es, según me parece, estar en armonía con nuestra naturaleza esencial, ser lo que somos en el fondo, ver la realidad sin velos. Es decir, vivir en la Edad de Oro, en el Paraíso terrenal (valgan los símbolos), en un estado similar al de "antes de la Caída".

Sin más dilaciones, paso a presentar el texto de la primera visión profética de Daniel, extraído de La Santa Biblia, Ediciones Paulinas, 1976:


Visión de las cuatro bestias.

El año primero de Baltasar, rey de Babilonia, Daniel, mientras se encontraba en el lecho, tuvo un sueño y pasaron por su espíritu unas visiones. En seguida puso por escrito su sueño.

Comienzo de la narración. Daniel tomó la palabra y dijo: Veía yo en visiones durante la noche que los cuatro vientos del cielo agitaban el mar grande. Y que cuatro bestias enormes, diversas una de otra, salían del mar. La primera era como un león, con alas de águila. Yo estaba mirando y vi que le arrancaron las alas, la levantaron de la tierra y la incorporaron como un hombre, y le dieron un corazón humano. Después de ésta apareció otra bestia, la segunda, semejante a un oso; iba levantada de un lado y tenía tres costillas en las fauces entre sus dientes; y se le decía: "¡Ea, devora mucha carne!" Después -yo seguía contemplando- vi otra bestia, como un leopardo con cuatro alas de ave en su dorso; tenía también cuatro cabezas, y le fue dado el poder. A continuación y siempre en mi visión nocturna, vi una cuarta bestia terrible, espantosa, extraordinariamente fuerte. Tenía enormes dientes de hierro, comía y trituraba, y lo sobrante lo pisoteaba con sus patas; era diferente de todas las otras bestias que la habían precedido y tenía diez cuernos.

Yo miraba los cuernos y observé que de en medio de ellos despuntaba otro cuerno, y que tres de los diez precedentes le eran arrancados para dar cabida a aquél. Vi también que el nuevo cuerno tenía ojos como los de un hombre, y una boca que profería palabras insolentes.


El Anciano y el juicio.


Yo seguía observando:
unos tronos se aderezaron
y un Anciano se sentó.
Sus vestiduras eran
blancas como la nieve,
como lana pura
el cabello de su cabeza;
su trono era de llamas,
con ruedas de fuego ardiente.

Un río de fuego manaba
y salía de su presencia.
Miles de millares le servían,
y miríadas de miríadas
estaban de pie en su presencia.
El tribunal se sentó
y los libros se abrieron.

Yo seguía mirando atraído por el ruido de las palabras insolentes que aquel cuerno profería, cuando he aquí que, mientras contemplaba, la bestia fue muerta y su cuerpo destrozado y arrojado a las llamas ardientes. En cuanto a las otras bestias, fueron privadas del poder, si bien se les concedió un período de vida, durante un tiempo y una fecha determinada.


El hijo del hombre.


Yo seguía contemplando en mis visiones nocturnas:
En las nubes del cielo venía
uno como un Hijo de hombre;
se dirigió hacia el Anciano
y fue conducido a su presencia.

Se le dio poder, gloria e imperio,
y todos los pueblos,
naciones y lenguas le servían.
Su poder era un poder eterno,
que nunca pasará,
y su reino no será destruido jamás.


Explicación de la visión.


Yo, Daniel, quedé profundamente turbado en mi espíritu, y las visiones que contemplé me dejaron asustado. Me acerqué a uno de los que estaban allí de pie y les rogué me informara del sentido de todo aquello. Él me respondió y me indicó la interpretación de las visiones: "Estas cuatro bestias enormes son cuatro reyes que aparecerán sobre la tierra; pero después recibirán el reino los Santos del Altísimo y lo poseerán por siempre, eternamente." Entonces quise saber la verdad sobre la cuarta bestia, que era diferente de las otras, extraordinariamente terrible, con dientes de hierro y uñas de bronce, que comía y trituraba y lo sobrante lo pisoteaba con sus patas. Pregunté también acerca de los diez cuernos que había en su cabeza y del cuerno que despuntó y ante el cual habían caído tres, de aquel cuerno que tenía ojos y una boca que profería palabras insolentes, y que aparecía mayor que los otros cuernos. Había observado además que este cuerno hacía la guerra contra los santos y los vencía, hasta que vino el Anciano y se hizo justicia a los santos del Altísimo, llegando finalmente el tiempo en que los santos tomaron posesión del reino.

Él me respondió: "La cuarta bestia significa que vendrá al mundo un cuarto reino, distinto de los otros, el cual devorará toda la tierra, la hollará y la triturará. Los diez cuernos significan que de este reino surgirán diez reyes, y que después de ellos surgirá otro, distinto de los precedentes, que derribará a tres de ellos. Proferirá palabras insolentes contra el Altísimo, perseguirá a los santos del Altísimo y tratará de cambiar festividades y leyes. El pueblo santo será entregado en su poder por un tiempo, dos tiempos y medio tiempo. Pero al fin tendrá lugar el juicio. Será éste privado del poder, que quedará exterminado y aniquilado para siempre. Y serán entregados a los santos del Altísimo el reino, el poder y la grandeza de los reinos que bajo todo el cielo existen; su reino será un reino eterno y todos los imperios le servirán y estarán sujetos a él."

Aquí termina la relación. Yo, Daniel, quedé turbado por estos pensamientos y se me demudó el color del rostro. Pero lo guardé todo en mi corazón.

2 comentarios

Logan -

Gracias, Amÿ, bienvenida.

amÿ -

me ha encantado tu blog