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Utopías, identidades y perspectivas

Decía Mario Vargas Llosa, en su artículo de opinión "Europa, ¿una bella idea?" que apareció el domingo en El País (pondría el enlace a elpais.es, pero es de pago) que "En esa Europa ideal, democrática, liberal y libertaria, los ciudadanos podrán elegir su dios o no tener dioses, practicar una religión o ser ateos o agnósticos, y decidir la lengua en que quieran expresarse, el sexo que prefieran, el país, la ciudad o la aldea donde quieran vivir y trabajar, y no tendrán más limitaciones para ejercitar sus convicciones, costumbres y creencias que las que impidan coactar el derecho de los demás a ejercer esa misma libertad. Esa Europa no tendrá una identidad colectiva porque en ella habrá cuatrocientos millones de ciudadanos libres que representarán otras tantas identidades con matices y sesgos diferentes que, conviviendo dentro de unas leyes que consagren esa filosofía de respeto y tolerancia, irá empujando al planeta hacia el designio kantiano de la paz universal."

Pues yo no veo tan claro que esa utopía sea deseable. Creo que es necesario un cierto individualismo para defenderse del colectivismo y la uniformización. Pero no creo que el individuo se construya sanamente desde sus deseos. Algo que tengo cada vez más claro es que la persona se construye realmente desde el Espíritu, y no desde sus deseos personales como presupone en parte el liberalismo en que se mueve Europa. El hombre crece en la medida en la que se abre al Espíritu. Me parece que los deseos de construirse según una identidad personal diferente de las demás y según unos gustos y unas necesidades de completarse con cosas exteriores no se complementan bien con el espíritu de renuncia y sacrificio, que sí construyen, y que son garantía, con la apertura en confianza a la vida tal cual es, de verdadero crecimiento. Creo que el mundo está en crisis, y no creo que la sociedad liberal sea el fin y la solución, sino más bien "lo menos malo" que podemos tener hoy, sin que deje de ser un problema, o más bien una fase avanzada del problema. Problema (el mundo moderno) que, al mismo tiempo, forma necesariamente parte de un proceso natural que pienso que llevará al ser humano a la verdadera Libertad, muy diferente de las "libertades individuales" y los presupuestos sobre los que se levanta ese sueño llamado Europa que ahora pide el apoyo de sus ciudadanos. Una nueva identidad basada en la pérdida de la identidad...

Vargas Llosa dice que "Una identidad colectiva es un gueto, un campo de concentración donde el individuo está secretamente clonado, para mantener la ficción de una homogeneidad que nunca existe. En las sociedades más primitivas esa condición ancilar del ser humano respecto de la colectividad es inevitable, pues de ella depende su supervivencia ante los fragores y peligros que lo rodean: la fiera, el rayo, las tribus enemigas. Pero a medida que progresa el conocimiento, el dominio de la naturaleza, el desarrollo de la vida social, un principio de diferenciación se va abriendo paso en esos rebaños humanos y el individuo va apareciendo, ganando un espacio de iniciativas y derechos, que, al cabo de los siglos, harán de él un ser libre y soberano. Ese proceso, que es el de la libertad en la historia, es la mejor hazaña de la historia europea (a la que Croce, con buena intuición, bautizó "una hazaña de la libertad") y lo que constituye el mejor fundamento para la construcción de esa Europa en ciernes, una comunidad que debe concebirse como la realización de un futuro y no como la resurrección de un pasado."

Dice Vargas Llosa, pues, que las identidades colectivas son guetos, campos de concentración. Pues no estoy de acuerdo, la cosa no está ni mucho menos tan clara como la pintan. Las cosmovisiones y sociedades tradicionales, en principio, aunque introducían a las personas en senderos un tanto cerrados, lo cierto es que les proporcionaban la posibilidad de la liberación y la realización en toda su simbólica estructura. En la sociedad medieval, por ejemplo, el artesano era Libre para "conectar con el Espíritu" por medio de su trabajo, el arte tradicional, fundado en lo indisoluble de belleza y utilidad. A través del arte, a través de la sí, cerrada estructura gremial, el artesano sin embargo crecía y podía acceder a la verdadera Libertad, la espiritual. Hoy sin embargo, la cosa es bien distinta; podemos ser "más" libres, pero libres para alimentar nuestros egos y deseos. Cierto, también somos libres para no plegarnos a la uniformización-lobotomización o incluso para "conectar con el Espíritu", pero nuestra civilización no nos ofrece un medio de verdadera Libertad, el trabajo se funda exclusivamente en los valores de la producción y el consumo, el medio induce al atontamiento, el individuo está DESAMPARADO. Veo la desaparición de las culturas tradicionales, un poco como la Caída, la salida del Paraíso, si se me permite, lo cierto es que es el simbolismo que me sugiere, y no dejo de ver una analogía muy fuerte. Con la aparición de la sociedad moderna (o, seamos malos, de la no-civilización del EGO), el hombre, expulsado del "Paraíso" en el que no tenía que construirse a sí mismo porque su medio estaba en general orientado al Norte, al Espíritu, y por tanto tenía menos libertades pero más Libertad... con la aparición de la sociedad moderna, pues, el hombre de pronto empieza a construirse a sí mismo desde sus deseos y ambiciones, desde sus identidades individuales o colectivas (nacionalismos, ideologías) y empieza a conquistar libertades, perdiendo paulatinamente al mismo tiempo el acceso a la Libertad, la conexión con el Espíritu. Y entiéndase que no considero a las sociedades tradicionales como un paraíso en el sentido en que suele entenderse, sino sólo simbólicamente en cuanto a la base metafísica que las constituía y la posibilidad de crecimiento espiritual que en ellas había pese a sus limitaciones a la libertad individual.

Hoy en día, el hombre tiene muchas libertades (la mayoría de las cuales se tornan hoy esclavitudes, pues al lobo se le cae la piel de cordero), pero un acceso muy restringido a la Libertad. Paradójicamente, gracias a esas libertades, gracias a esta sociedad liberal, gracias al triunfo de la burguesía, gracias al sucio dinero, hay una posibilidad de reflexión y de acceso a una búsqueda del Espíritu que no serían en absoluto posibles en regímenes totalitaristas como el nazismo o el comunismo. En este sentido, el liberalismo seguramente me parece la "opción menos mala" de la actualidad. Vivimos, pues, en una especie de caos primigenio. De lo que hagamos ahora, dependerá el futuro. Es ahora cuando el hombre puede despertar, abrirse al Espíritu y descubrir la verdadera Libertad, quizá incluso de un modo más grande que nunca hasta ahora. Siguiendo el simbolismo que todo esto me sugiere, sería el retorno al Paraíso. Y en ese retorno, todas las identidades habrían de disolverse. Me da la impresión de que no sirve de nada "dar marcha atrás" y anclarse en identidades que se mueren inexorablemente. Habría que encontrar la liberación aquí y ahora, en el presente, desde los individuos que se atrevan a mirar a tan abismal realidad del presente, aunque siempre teniendo como referencia los principios del pasado, siendo la Tradición un sostén y no una jaula, un trampolín hacia la liberación de toda identidad, pues la propia Tradición, el propio Catolicismo por ejemplo en el caso de Europa y Occidente, la propia idea de Dios, la ética del honor o lo que se quiera, todo eso, no son más que identidades, egos, que habrán de caer si queremos despertar de verdad. Pero es muy necesario saltar desde ellos, pues son la única base firme (bien fundada en los principios) que existe hoy, y siguen siendo caminos válidos. Desde esa experiencia de individuos abiertos al Espíritu, tengo la confianza de que el Espíritu obrará, ya está obrando, y la crisis al fin resultará lo que siempre ha sido, el natural proceso de transformación hacia la Regeneración. En este sentido, pienso que quizá Europa en su nueva identidad de no-identidades, pueda ejercer de MADRE o tierra nutricia. Pero, ah, ¿y las semillas para que crezca la vida? El SOL siempre está ahí. Pero hacen falta semillas para que este caos primigenio se vuelva madre y no acabe en simple nada.

No creo que la cosa vaya tanto por el camino de las ideas sino más bien por el de la FE y la apertura a la vida y a la Luz. Y dejar que de ella surjan las semillas-rayos para transformar e iluminar.

(Este artículo participa en DialBit).

2 comentarios

Logan -

No pongo mis esperanzas ni en Arcadia (ayer) ni en Utopía (mañana), porque en realidad no hay más que Presente, aquí y ahora.

Ahora bien, puestos a creer en algo, prefiero creer en Arcadia que en Utopía. Y no porque crea que Arcadia es mejor que Utopía, sino porque Arcadia "existe" como Sol, como origen, como luz, como Edad de Oro, en el presente, eso sí, "velada", ensombrecida. Pero Utopía no existe, no es más que una quimera, un sueño de la razón del hombre, osea, un monstruo. En cualquiera de sus manifestaciones.

Otra cosa es que yo pueda creer que Arcadia pueda iluminar el presente "en un futuro", osea, que retorne Arcadia o la Edad de Oro, si el hombre aprende a vivir en el presente, y no en utopías de un mañana que no existe sino en su imaginación.

juanjo -

Resumiendo de una manera grosera: crees que Arcadia es mejor que Utopía, ¿no?