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Odio

El odio es como una enfermedad. Alguien suelta una rata y se empieza a extender la infección. Puede llegar a afectar a poblaciones enteras. Especialmente cuando una civilización se encuentra en un momento en el que carece de principios bien asentados. Puede ser el odio a los judíos, el odio a los musulmanes, el odio a los del país de al lado, el odio a los capitalistas, el odio a los comunistas, el odio a los católicos, el odio al clero, el odio a Occidente (unos -desde fuera- nos llaman perros infieles; otros -desde dentro- odian su cultura), el odio a Estados Unidos, el odio a un partido político, o el odio a un político. Siempre es odio.

Supongo que los políticos y gobernantes ya saben a lo que se exponen al exponerse ellos a las masas. Por eso la mayoría de ellos elige manipular a las masas, jugar con lo más irracional y emocional de las masas, extender el odio a las masas, complacer a las masas. Hay que mantener el poder como sea. Porque ellos son los que tienen la verdad, la única verdad. Así que hay que hacer que el pueblo odie a quien interesa que sea odiado, no juzgado con inteligencia sino odiado. Hoy muchos están influidos por ese odio a un político. Y a un país. Están contagiados de odio, pero no se dan cuenta. Creen que lo que ellos creen es la verdad absoluta y punto, y si alguien piensa distinto está equivocado y además hay que empezar a sospechar que es una mala persona. Porque no piensa como la mayoría. Porque está claro que hay que odiar a ese político, el cual es un hijo de puta y punto. No, no dan otros argumentos. Algunos sí los dan, por supuesto. Hacer juicios inteligentes, a favor y en contra, es lo sano. Sin lentes distorsionadoras de odio por medio. Pero las masas no entienden de eso. Cuando uno es visto como un hijo de puta y punto, y además un asesino, cualquier palabra que salga de su boca será vista automáticamente como basura, cualquier gesto vuelto en su contra, cualquier virtud vuelta perversión. Y, por supuesto, los partidarios de ese político y ese partido serán vistos como hijos de puta y asesinos. De ahí al linchamiento hay un paso. El odio de las masas otorga poder a los políticos que manipulan. Es un odio inconsciente, porque el ciudadano de a pie no lo percibe como odio, sino como la actitud normal que mostraría todo buen ciudadano ante ese político, o ante ese país más poderoso que el mío, o ante los que no son de mi tierra, o ante los de esa raza tan malvada. Ya ocurrió en la Alemania de Hitler. Estremecedoramente inconsciente. Pero odio, y de consecuencias terribles. Convendría no olvidar la Historia, y no creer que esas cosas pertenecen exclusivamente al pasado.

Quienes manipulen a las masas para provecho propio merecerían el exilio, como se hacía en la Atenas democrática de la Grecia Antigua con los políticos corruptos. Pero es que entonces todavía había dioses.

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