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El Fin de los Tiempos (Introducción)

Voy a ir publicando una serie de textos sagrados o míticos de distintas tradiciones, cuyo tema común es el Fin de los Tiempos, un momento mítico situado en el punto final del ciclo de existencia actual. En el pensamiento tradicional, la vida, el hombre, el mundo y el tiempo son cíclicos. El tiempo lineal es una idea moderna, nacida del culto al progreso indefinido y de la creencia en la evolución tal y como la formula Darwin y la ciencia moderna posterior en general. Para las culturas tradicionales, el tiempo es cíclico y de hecho no hay progreso, sino una gradual decadencia desde una Edad de Oro situada en los tiempos primordiales hasta una Edad Oscura cuyo punto último será el Fin de los Tiempos, paso previo al restablecimiento de las cosas a su estado inicial, un renacimiento, una vuelta a la Edad de Oro. Esta decadencia no es continua, sino que se produce una serie de enderezamientos a lo largo de todo el ciclo, generándose pues nuevos subciclos en el camino.

Mi reflexión personal sobre este asunto es que este devenir cíclico es un símbolo viviente (y con "viviente" me refiero a que en mi opinión se produce realmente en uno u otro grado en la Historia, al mismo tiempo que simboliza o hace referencia análogamente a otros procesos de la vida) que expresa ante todo una realidad metafísica y espiritual. En la experiencia de realización espiritual se entiende que lo que yo soy en el fondo, que es luminoso como el oro, se ha visto oscurecido por velos y no me doy cuenta de que vivo en la Edad de Oro, así que en la práctica es como si estuviera en una Edad Oscura. Al final del camino de realización, con la muerte del ego (el Fin de los Tiempos), se produce un renacimiento, una resurrección, una regeneración. Y entonces vuelve la Edad de Oro. O, desde otro punto de vista, se abren los ojos y contemplan el mundo tal y como es, sin velos.

Cuando uno lee los textos míticos o sagrados de las distintas tradiciones, observa que hay una serie de temas que se repiten, vestidos con diferentes ropajes, según la cultura concreta en la que aparecen. Como dijo Frithjof Schuon, "Las religiones son como lámparas de vidrio coloreado; ahora bien, una lámpara ilumina un lugar oscuro porque ella es luminosa y no porque sea roja o azul o amarilla o verde. Por una parte el color transmite la luz, pero por otra parte la falsifica; si bien es cierto que sin tal lámpara coloreada no se vería nada, también es cierto que la visibilidad no se identifica con ningún color."

La riqueza y diversidad de lámparas de colores que ha dado la humanidad es sorprendente cuando se estudian las cosas desde un punto de vista de búsqueda de esa luz que todas las religiones y mitos transmiten, jugando con la imaginación, lo simbólico y lo mítico. Un ejercicio útil para entender lo que expresa Frithjof Schuon (como muchos otros) y para superar las aparentes contradicciones entre las religiones, es leer y comparar los distintos textos sagrados de las tradicones de sabiduría, textos simbólicos que hacen referencia a un mundo donde los extremos se concilian y lo contradictorio se entiende como complementario, desde un punto de vista superior a lo aparente del mundo fenoménico.

Sobre este tema, recomiendo la lectura de las obras de René Guenón La crisis del mundo moderno y El Reino de la cantidad y los signos de los tiempos (ambas publicadas en la editorial Paidós).

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