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Ciencia, filosofía, religión

Creo que la vida siempre es Misterio. La ciencia nunca podrá desentrañar ese misterio, y lo único que es capaz de hacer es poner nuevos velos al misterio, cifrar la realidad con nuevos códigos, mirar con lupas cada vez más precisas la simple superficie de las cosas, sin profundizar al núcleo. Bueno, admito que en la ciencia también se han dado casos de acercamiento a un modo más profundo de ver las cosas, como el de Einstein, que, a su modo, tenía algo de místico, cuando se daba cuenta de que se estaba asomando a los límites de lo explicable por la ciencia y la razón humanas.

Parecido al caso de la ciencia me parece lo que hace la filosofía (el pensamiento discursivo), aunque ésta tiene una vitalidad de la que carece por completo el pensamiento científico, el cual niega por definición todo misterio, pues todo cree poder entenderlo y fijar sus mecanismos. La filosofía pone velos, pero para intentar adentrarse en el meollo de las cosas y entender de qué va todo esto, y aunque muchas veces ha acabado cayendo en prejuicios y en mutilaciones del ser humano y en ideas muy artificiales, tiene maravillosos momentos e intuiciones en los que percibe un destello de ese Misterio y se asombra, sobrecogida.

Lo bueno que creo que tienen las religiones y mitos tradicionales es que, aunque también ponen velos al misterio, no lo ahogan, sino que permiten, mediante los símbolos, que nuestra intuición perciba algo de esa realidad incomunicable y no comprensible con la razón. Aquí juega la imaginación, pero también la fe y la experiencia profunda de los grandes investigadores del alma humana que han sido el núcleo y el principio de las grandes tradiciones. Experiencia que puede ser vivida por todos, y que se permite un acceso a ella a través de iniciaciones, ritos y símbolos.

El mundo está desencantado, ha perdido el rumbo, pues hemos dado la espalda a los mitos, a los símbolos, y también a lo sagrado, a la reverencia ante el Misterio. La actual civilización es la más peculiar de todas. Ha conseguido grandes cosas, pero también ha perdido grandes cosas, y entre estas últimas está ese sentido de lo sagrado y de lo misterioso, que explica, en un sentido más profundo que el racional, el maravilloso sinsentido de la vida. Sinsentido que es un Sentido. Hermoso Sinsentido, manifestado sin embargo en Sabiduría y Amor, que el hombre moderno se niega a aceptar, y así desencanta al mundo y se desencanta a sí mismo. Se deshumaniza, en suma.

Creo que la clave para devolver el Sentido y el encanto al mundo y al hombre pasa por revisar nuestro concepto de hombre. ¿Ser racional? El hombre es mucho más que un ser racional. La razón está ahí, y es valiosísima, pero ¿de dónde viene la razón? La razón es como el portero, o el que guarda los rebaños. ¡Pero no es el rey, aunque se haya sentado en el trono! ¿Aceptaremos el Misterio que podemos encontrar en nuestro interior y en el mundo (en fin, en el Ser) o por el contrario seguiremos empecinados en construirnos con una visión mutilada de nosotros mismos, sólo desde lo racional?

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