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Niños sin niñez

A raíz de la ¿victoria? de España en la II edición del festival musical de Eurojunior, por nuestra representante de 11 o 12 años Mª Isabel, con su horrenda canción "Antes muerta que sencilla", o "Antes muerta que no ser una guarra", como comentan [aquí], he leído un interesante artículo sobre la manía actual de convertir a los niños en adultos antes de tiempo, en privarles de la ingenuidad y la inocencia y hacerles posar como adultos; no había más que ver el festival (yo tuve la desgracia de tener que verlo durante unos minutos) para ver desfilar a unos niños maquillados y privados de su niñez ante las cámaras. ¿Es que no pueden ser niños sin más? El espectáculo de su muerte ritual ante Europa mediante esa manera de presentarlos como pequeños adultos con los labios pintados, como si no fueran ingenuos y benditos desconocedores del sexo o las poses de una mente que no se encuentra a sí misma en su sencillez (ya tendrán tiempo de conocer estas cosas y aprender a asumirlas), me pareció de lo más revelador. Vivimos en una sociedad decrépita e infantil al mismo tiempo. Los niños no son niños, y los adultos no son adultos. Hemos erigido en ídolo al Niño, un niño eterno y con síndrome de Peter-Pan que se encarna paradójicamente en el ser humano "adulto" de hoy, que vive acomplejado en sus pequeñeces, sin vivir ni dejar vivir, sin atreverse a dar el salto a la verdadera vida adulta y responsable con uno mismo y con los demás. Hoy gobierna un "adulto", venerador del niño, que copia de él su infantilidad y no su inocencia y limpidez reencontrada, como debería ser. Y al niño se le lleva a odiar lo adulto, a no querer crecer, a evitar la VIDA y conformarse con su pequeño mundo de adicciones y apegos. Es triste.

A los niños se les priva de la inocencia de la infancia, se les extirpa su capacidad de asombro ante el misterio que es la vida. En lugar de educarlos desde lo humano, de corazón a corazón, de boca a oído, se les coloca delante de la televisión actual, esa horrible sucesión de personajes sin principios y programas donde desfilan como si modelos a seguir se trataran los más esperpénticos, desgraciados y desgajados espíritus y al mismo tiempo se les sobreprotege de forma contradictoria ante un mundo violento el cual no se les ayuda a comprender realmente y desde la raíz.

Y los adultos, temerosos de hacerse responsables de sus propios actos, nunca del todo independizados como seres humanos, no se acaban de atrever a vivir en este mar sin seguridades que tan pronto se ve agitado por una tempestad como invadido por la calma más repentina. Condicionados por una sociedad que no se acaba de encontrar a sí misma, que no reconoce ni al individuo ni a la colectividad, sino que se sumerge en individualismos y colectivismos, deshumanizando al ser humano.

Niños a los que no se les deja ser niños, y adultos que no quieren ser adultos. ¿Cabe mayor desorden? ¡Hace falta Espíritu REGulador y reVITAlizador!

2 comentarios

Logan -

Si es que no pue ser. En una sociedad donde no se fomenta la ilusión por vivir sino este ilusorio malvivir, no me extraña que salgan así de descentrados los niños. Qué suerte tendrán aquellos que reciban el regalo de unos principios rectores desde su familia. Para poder centrarse teniéndolos como referencia en medio de este mundo.

Mujerarbol -

Quise escribir un post sobre ese mismo asunto, pero no pude. Se me fue el santo al cielo (o me lo capturó el gato) y no pude sublimar la lástima que me da observar que mis alumnos NO son niños, ni aún los más jóvenes. Son maquinitas de pedir, de quejarse, de mirarse como irremediablemente condenados, de tira-tira p'alante detrás de cualquier deseo pasajero, como quien mira moscas que se les pasean frente a la nariz.
Lo has dicho tu mejor que yo.
Gracias, precisamente HOY.