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Mitología griega y niñez

Mitología griega y niñez Cuando era pequeño, en mi más o menos rica y casi nunca aburrida soledad, tenía un juego que empezaba abriendo el volumen único de la Enciclopedia Universal Herder, edición de 1966, un libro viejo y lleno de pequeñas ilustraciones que ahora, cuando lo hojeo (pues lo conservo con cierto cariño), me resultan todas familiares, muy familiares, incluso ese mapa interior mal doblado desde siempre, como si esta enciclopedia hubiera sido realmente un juego usado una y otra vez. Y así fue.

Realmente, no sé cómo empezó, pero seguramente fue gracias a una serie de animación que veía en la tele (en aquella lejana época en la que la tele no era un pozo de inmundicia como es ahora). Esta serie era Los Caballeros del Zodíaco, una historia de luchas contra el mal, defensa de la libertad, ensalzamiento de la amistad, el sacrificio, la verdad y otros valores que probablemente hayan ayudado un poquito a que mi generación no se haya convertido aún totalmente en una generación de zombis sin voluntad gracias a la abdicación de los padres en favor de la televisión. Poco falta. En fin, el caso es que aquella serie de animación se desarrollaba en un escenario redibujado de mitología griega. Y digo redibujado porque contaba de forma algo diferente los mitos, para adecuarlos al contexto de la historia. Todas aquellas maravillosas referencias a Atenea, Poseidón, Hades y a leyendas como la de Andrómeda o la del caballo Pegaso, me hicieron seguramente un día abrir aquella enciclopedia y empezar a buscar.

Probablemente la cosa comenzó así, o más o menos así (tengo el vetusto y honorable librito delante):

Atenea Palas Diosa griega del arte, de los oficios y de la sabiduría; nació de la cabeza de Zeus; patrona de Atenas.

"Ajá, hummmm... Así que nació de la cabeza de Zeus" -me dije, probablemente-. "Pues bien, veamos quién es ese tal Zeus..."

Zeus Dios supremo de la mitología gr. Hijo de Cronos (Crónida), hermano de Posidón y Plutón, recibió en el reparto del mundo el cielo y la primacía entre los dioses. Honrado más tarde como protector del derecho y los juramentos, fue patrono de ciudades y corporaciones. En Roma, Júpiter.

¡Aquello sólo acababa de empezar! Por supuesto, seguí buscando cada uno de los nombres de aquellos antiguos, misteriosos y fascinantes dioses. Y la lista crecía y crecía, como las ramas de un árbol. Todos aquellos personajes estaban emparentados o relacionados con otros tantos, y por el camino fui descubriendo que la mitología griega no era exactamente como los guionistas de Los Caballeros del Zodíaco nos la estaban contando. Pero no importaba.

¿A cuento de qué viene todo esto? Desde luego, no ha sido un arrebato sentimentaloide, sino algo más. El caso es que estaba consultando el Diccionario de Mitología Griega y Romana de Pierre Grimal, y el recuerdo de aquel juego de la infancia, por el que un amor a la mitología se apoderó de mí desde entonces, me ha hecho cerrar el súper-diccionario filológico y abrir la quebradiza enciclopedia de mi niñez. Y me he dado cuenta de la increíble sed de conocimiento, encarado como un juego, que tenía siendo un niño. La cosa cambia, es diferente cuando creces. O quizá, más bien, lo que lo hace diferente es nuestra ceguera, o los velos que colocamos ante la realidad.

Es curioso mirar atrás y darse cuenta de la gran importancia que pequeñas cosas pueden tener en la niñez, esa especie de edad dorada en la que somos capaces de ver el Oro en las cosas que más adelante nos parecen insignificantes. De forma quizá parecida a aquella en la que los maestros budistas hacen ver a sus discípulos que la naturaleza búdica es todo, incluso lo más pequeño y miserable que te puedas imaginar. Acaso debamos recuperar esa capacidad que tiene el niño para no aburrirse jamás, para asombrarse ante el Misterio que hay en todas las cosas, y para ver el Oro en todo cuanto existe, si queremos ser felices en un sentido real: esto es, estar despiertos como un niño, en la alegría y en la tristeza, en la compañía y en la soledad; sencillamente, despiertos y comprometidos en lo que toque. Como el niño.

1 comentario

LUIS ALBERTO ZUÑIGA CORDOBA -

los caballeros son fantasticos pues es la serie mas genial que e visto y no la cembiaria por nada bueno por 1000000 si